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Ya es noche cerrada en Huelva capital. Sobre el techo de tejas de una casa en la plaza Violeta, en mitad del barrio de El Torrejón, siete hombres protegen una plantación indoor de marihuana que se cultiva bajo sus pies con estufas y ventiladores enganchados al tendido eléctrico de la calle.
Si alguien viene a robar las plantas de maría, los custodios responderán a balazos. No lo dudarán. Les va el sueldo en la tarea. Y no será con armas cualesquiera. Uno de los guardianes de la plantación tiene a su lado un kalashnikov (AK-47), un fusil de asalto de la época soviética. En 2007, fue el arma de fuego de mayor producción de la historia al alcanzarse los 80 millones de unidades fabricadas. Una de ellas, sabe Dios cómo, ha llegado hasta aquí esta noche, a un paso de donde usted, su vecino, su compañero de trabajo o su cuñado veranean cada verano y comen marisco fresco.
«Esto no es Medellín, es Huelva, aunque nos creamos que nada de esto pasa aquí», le cuenta al reportero un agente antinarcóticos que guía a Crónica por El Torrejón y la provincia. Por las calles de este barrio sumamente empobrecido, el olor a marihuana es constante. Las miradas a extraños, incisivas. En los últimos tiempos, los tiroteos, salpicados por algunas muertes, son cada vez más frecuentes aquí. Esta semana ha vuelto el silbido atronador de las balas.
Las casas de algunos de estos edificios están conectadas unas con otras a través de portones abiertos en las paredes. Así, si vienen la poli o los guardias, a los delincuentes les es más fácil escabullirse. Los traficantes de El Torrejón imitan el modelo de los barrios de la droga de Marsella... O la red de túneles que Hamas diseñó bajo tierra en Gaza.
«El Torrejón se ha convertido en un huerto de marihuana. Los robos están a la orden del día, por eso ahora van armados hasta los dientes. Ellos saben quiénes les roban, a quién le están robando y entre ellos incluso llegan a hacer las paces», dice este uniformado policial.
«Pero el problema de Huelva no es sólo la marihuana», añade. «De este barrio y de otros como el de la Navidad sale mucha mano de obra de los clanes de narcos que trafican en lanchas con hachís y cocaína. Alijadores, tripulaciones, conductores de todoterrenos para mover la mercancía, gente de seguridad para sus guarderías... Repito: esto no es Medellín, es Huelva, aunque lo parezca cada día más».
La presión policial y judicial ejercida contra el narcotráfico en la comarca gaditana del Campo de Gibraltar en la última década ha derivado parte del negocio de la droga hacia la provincia de Huelva, que nunca había sido ajena a él, pero que desde hace tres años a esta parte ha tomado un protagonismo mayúsculo. «Desde 2021 esto es una locura. El incremento ha sido brutal».
EL SECUESTRO DE CARMELO 'EL DE LA PELA'
Por las costas onubenses entran mensualmente cientos de kilos de cocaína y de hachís a bordo de embarcaciones de 12, 14, 16 metros de eslora. La mercancía llega desde mar abierto, donde se hacen trasvases a las narcolanchas de coca desde veleros, buques y narcosubmarinos procedentes de Sudamérica, o desde la costa marroquí, desde donde parte el chocolate. Las gomas retornan hacia el extremo suroeste de la península llenas de fardos y encuentran un sinfín de playas y ríos por los que colarla.
«Por un lado, el más cercano a Cádiz, la provincia de Huelva tiene al río Guadalquivir. Por el otro, haciendo frontera con Portugal, el Guadiana. Pero los narcos disponen de tres vías más de acceso para su droga: el río Piedras (cerca de Islantilla), el Carreras (junto a Isla Cristina), y la propia ría de Huelva, todos ellos navegables. A ellos hay que sumarles las playas», comenta el agente antinarcóticos que hace de cicerone para el periodista.
La última gran operación contra el narcotráfico en España evidencia este «boom» de la droga que vive Huelva. Una intervención de la Guardia Civil demuestra esa simbiosis que genera la provincia: por un lado, la proliferación de plantaciones de marihuana bajo techo en barrios custodiados con armas de guerra; por otro, el tráfico internacional de drogas a gran escala, que a su vez sirve de vehículo de acceso para armamento que procede de otra parte del planeta.
El pasado 2 de octubre, la Benemérita culminó la operación Truck, con la que le ha arrebatado a la banda de Carmelo el de la Pela, un empresario onubense de la noche metido a narco —o viceversa— 8.946 kilos de hachís, 123 kilos de cogollos de marihuana, 736 plantas de cannabis, 11 coches, un camión, cuatro armas de fuego...
Se detuvo a 29 personas, pero no a Carmelo, que logró fugarse en el momento en que iban a apresarlo. El pasado 31 de enero de este año ya se llevó otro susto cuando lo secuestraron. Estuvo retenido dos días por sus captores. Este narco, cuyo apodo viene por el alto nivel adquisitivo que siempre han mostrado él y su familia, procede de Ayamonte, el pueblo de Huelva que hace frontera con el sur de Portugal y está bañado por el río Guadiana, una de esas autopistas marítimas de la que disfrutan los traficantes onubenses.
LA FISCALÍA: "PROVINCIA CLAVE PARA EL NARCOTRÁFICO"
En su última memoria, la Fiscalía General del Estado ya advierte la tendencia: «La delegada de Huelva [fiscal jefa antidroga, Ana Laso] confirma el desplazamiento a esta provincia de las embarcaciones que introducen hachís desde Marruecos y refleja una cifra de incautación de 66.893 kilos, muy similar a la del año pasado (2022), 66.969, que sitúa a Huelva como la segunda provincia, tras Cádiz, en número de hachís incautado. Esta provincia se ha convertido en clave para el narcotráfico».
Precisamente, esas embarcaciones usadas por los narcos se están convirtiendo en uno de los métodos para traficar con armamento de guerra, el cual acaba en manos de clanes que también se dedican al cultivo intensivo indoorde marihuana, como sucede en El Torrejón. Pero no sólo allí. El sábado pasado, en el barrio sevillano de Las Tres Mil Viviendas, en la barriada del Polígono Sur, un encontronazo entre clanes locales dedicados al tráfico de drogas derivó en un cruce de disparos durante 10 minutos. Se sospecha que el conflicto se originó por un robo de droga. Una de las dos organizaciones enfrentadas lanzó varias ráfagas al aire, probablemente, con AK-47, para atemorizar a su rival. Varios vecinos grabaron la refriega desde sus balcones y ventanales.
«Yo primero oigo una pistola, varios balazos. Luego, una primera ráfaga con kalashnikov. Más tarde, un subfusil, quizás un naranjero español, es lo más probable. Se fabricaron en Valencia durante la República, de ahí su nombre», explica a Crónica José Planelles, criminólogo forense experto en armas y explosivos.
Sobre el origen de este tipo de armamento de guerra, Planelles, perito judicial que participa en numerosas causas determinando el origen de armas intervenidas en operativos policiales o utilizadas en casos de muertes violentas, señala hacia el continente africano como punto de partida.
«Es falso que los AK-47 proceden de Ucrania, cuyas fronteras ahora mismo están sumamente controladas. No digo que no lleguen a futuro, pero ahora no. Principalmente, proceden de la región del Sahel, de países como Mauritania, Malí, Níger, Chad... Los narcotraficantes del sur de la Península las traen en sus lanchas, entre fardos de hachís y de cocaína».
Este criminólogo afirma que la Mocromafia, nombre con el que se conoce a los grupos criminales asentados en lugares como Bélgica y Países Bajos cuyos miembros tienen ascendencia magrebí y se dedican al crimen organizado, son quienes también los importan a Europa a través de contenedores de mercancías en los que introducen sus portes de droga. Más tarde, el mercado negro europeo las distribuye de mano en mano. Quienes las empuñan no necesitan ningún tipo de instrucción previa en su utilización.
«El manejo de un AK es sencillísimo. Su proyectil puede alcanzar un objetivo a ocho kilómetros. Un tiro perdido al aire con un arma de ese estilo, a 45 grados de inclinación, como se vio en las imágenes grabadas por vecinos de las Tres Mil, puede alcanzar esa distancia. El otro día pudo morir cualquier persona en la otra punta de Sevilla».
Durante esta semana, las Tres Mil Viviendas han acaparado los focos, aunque en El Torrejón, a 92 kilómetros por carretera, se viva una situación muy similar. Tras la indignación social generada en la capital andaluza por la constatación de que los clanes de la droga ya empuñan armas de guerra, la Policía Nacional llevó a cabo, en menos de 72 horas, dos macrorredadas contra las organizaciones criminales asentadas en el barrio, que a su vez tienen lazos comerciales con distribuidores de estupefacientes locales, regionales y nacionales. Su oferta es amplia: cocaína, hachís, heroína, MDMA, maría...
Este pasado miércoles, 300 agentes se desplegaron en las Tres Mil Viviendas. Fue una muestra de músculo policial ante los delincuentes: caballería, guías caninos, helicópteros, drones, antidisturbios con escudos y armas largas, policías antidroga, agentes especializados en el asalto a viviendas... Se detuvo a diez personas. Dos días más tarde, este pasado viernes, la Policía Nacional volvió a la carga. Se desmantelaron nueve plantaciones de marihuana.
100.000 EUROS POR "ESTA RATA"
Desde hace cinco semanas circulaba por redes sociales y a través de WhatsApp la imagen de un vecino de Huelva con barba oscura, de 39 años, corpulento, tatuado. En ella se pedía información sobre el paradero de el Baba. Y se ofrecía una recompensa, 50.000 euros, a quien aportara datos veraces acerca de su escondite. Hace dos semanas, la oferta se duplicó, hasta los 100.000 euros. El Baba, vinculado con el narcotráfico, presuntamente había matado a un vecino de El Torrejón, el pasado 10 de septiembre. «Se busca a esta rata», se leía en aquella foto.
Pero a el Baba le salvó la Policía Nacional, aunque todavía tendrá que guardarse bien las espaldas en chirona. Se había marchado a la otra punta del país, huyendo de Huelva. La madrugada del pasado sábado 12 de octubre, agentes policiales lo detuvieron en Gijón, donde vive parte de su familia. Allí le habían dado cobijo. El juez decidió enviarlo a prisión.
Mientras tanto, por El Torrejón siguen circulando las armas de guerra. Y hay quien no se esconde a la hora de mostrarse en vídeos, como el hombre con la cabeza rasurada y barba que empuña un kalashnikov en la imagen principal de este reportaje: «Mirad, gente, el AK que me han traído mis colegas para resguardarlo. ¡Hieeerro!».
*Fe de errores: en la edición impresa de este reportaje, señalamos como fiscal antidroga de Huelva a Rosa Ana Morán, cuando debimos señalar a Ana Laso. Doña Rosa Ana Morán es fiscal antidroga jefe a nivel nacional.