CRÓNICA
Transformación (sin precedentes)

Lampedusa... antes y después: "No somos racistas, somos un pueblo acogedor, pero esto se había descontrolado..."

Crónica de un cambio radical en la isla que era símbolo de la desesperación. El centro de inmigrantes antes atiborrado ahora tiene sólo 20 personas dentro a la espera de su traslado. Queda mucho por hacer, aseguran sus habitantes, pero el efecto llamada se ha reducido y mudado a Canarias

Lampedusa... antes y después: "No somos racistas, somos un pueblo acogedor, pero esto se había descontrolado..."
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  • «La ventaja de pronunciar un discurso moral es que ese tipo de frases han estado sometidas, desde hace tantos años, a una censura tan fuerte, que provocan un efecto de incongruencia...» [Michel Houellebecq, La posibilidad de una isla]

El después de Lampedusa parecía una quimera. En uno de los extremos de la isla, hay un monumento, cual atrio al continente. Se llama exactamente Puerta de Europa. El mar Mediterráneo, de un bellísimo color azul turquesa, a un lado. El aeropuerto a pasos y el puerto a 1,2 kilómetros. Se colocó como símbolo de la desesperación, dedicado a los muertos que perecieron por llegar acá. En 2023, la isla estaba desbordada. Portadas de periódicos del mundo entero denunciaban lo que sucedía aquí. Ese era el antes, el de una isla que recibió en un puñado de días el doble de su población. Tanto ha cambiado...

En septiembre de ese año, la democristiana Ursula von der Leyen, presidenta del Ejecutivo comunitario, visitó Lampedusa. Lo hizo entre protestas de desesperados vecinos. El griterío apuntaba hacia ella y a Meloni, que se cogía la cara con las manos al ver la pila de cayucos en el puerto. Cual metáfora de un cementerio de almas perdidas tras recorrer los poco más de 100 kilómetros que hay entre África y este punto meridional del continente. Von der Leyen soltó: «La migración es un desafío europeo y necesita una respuesta y una solución europeas». Meloni le respondió a sus interlocutores que esto iba a cambiar: «Es una oportunidad». Nadie le creyó, comentan hoy a coro los habitantes de Lampedusa. El centro de acogida construido para recibir 400 personas había superado por cuatro su capacidad. Los recién llegados saltaban sus muros. Fuera era mejor que dentro a pesar de que, si permanecían en el interior, la comida estaba garantizada. Tenía esa imagen entre las que debíamos confrontar.

...Cuentan a EL MUNDO, cual relato coral, los vecinos de Lampedusa. Ellos sienten que las duras políticas de Meloni, a quien muchos aseguran que no han votado, han conseguido que la situación cambie radicalmente. Se ha reducido en un 70% la llegada de inmigrantes en pateras

Miércoles 23 de octubre. Hoy esa necrópolis de barcos de madera ya no está. Un cayuco destrozado está en lo que divide el centro de la zona de hoteles costeros y poco más... El otrora desbordado centro de acogida de inmigrantes luce vacío. Podría ser un espejismo. Se acerca un militar y nos indica que estamos en zona restringida. Le preguntamos por la población del centro: «20 personas». Llegaron a ser un par de miles. «Eso fue el año pasado y éstos están a la espera de ser trasladados». Hay dentro más personal de apoyo y seguridad que recién llegados. Parece ficción pero, desde las alturas del monte, con el tele del fotógrafo se ven pasillos vacíos. Nadie salta sus muros, afuera sólo hay un carabinieri que amablemente nos invita a partir. «No hay nada que ver». A veces eso es la noticia.

Al lado de la verja, a unos cientos de metros, unos campesinos recorren su fértil terruño. El sol deslumbra, estamos a unos 25 grados. Con las manos cubriéndose los ojos como si fuera una visera, nos contestan sorprendidos. Le hemos preguntado por el cambio comparado al año pasado.

ELIO DESIDERIO / EFE / JAVI MARTÍNEZ / CRÓNICA

Trataremos a los vecinos como una voz coral. No quieren que se les tache de insolidarios. Todos han ayudado cuando era necesario. Pero el caos era absoluto. «Sólo queríamos recuperar nuestra isla, como la conocíamos». Los lugareños hablan también de las muertes en el mar. De las ropas de bebés en las carreteras. De madres llorando. Decenas de atléticos hombres corriendo sin rumbo buscando huir.

La reducción se ha podido cuantificar. Lo firma la Cruz Roja. En agosto llegaron al centro de primera acogida 5.504 migrantes. El año pasado a este mismo lugar, 19.911. De 527 desembarcos se ha pasado a 127. Lo certifica también el ministerio del Interior italiano con una reducción equivalente, de más del 70%. Meloni le pidió ayuda a Europa aquel septiembre de 2023 y las cifras actuales le sirven para que su Gobierno pueda jactarse de un cambio drástico en la tendencia. Fue secundada por Von der Leyen: «Seremos nosotros los que decidamos quién llega a Europa y no los traficantes».

Hay opiniones divididas, pero consideran que el polémico centro creado en Albania ha disuadido a los que se jugaban la vida por llegar a sus costas. 'Desde el centro de Europa todo se ve diferente, pero eso también debe cambiar', reflexionan

En las calles de Lampedusa lo dicen con claridad: «No somos racistas, somos un pueblo acogedor, pero esto se había descontrolado... Estábamos en manos de las mafias». Los vecinos han conversado con los recién llegados. Los precios oscilan entre 1.000 y 10.000 euros por persona y tipo de embarcación... Y subiendo en una bolsa de valores tétrica donde se juegan la vida. Hoy la ruta a Lampedusa ha perdido fuerza y es más cara. Saben que el foco ahora está en España. Lo acaba de recalcar el viceministro del Interior, Nicola Molteni: «El año pasado la emergencia estaba en Lampedusa, ahora está en Canarias».

Las mafias italoafricanas, una suerte de Cosa Nostra de la inmigración, acaban de sufrir un severo revés por la respetada Guardia di Finanza. En la operación Levante se desmanteló, en este mes, una organización que traía inmigrantes por entre 7.000 y 10.000 euros desde Irak, Irán, Kurdistán, Afganistán, Pakistán, Siria, Líbano... La organización criminal, con nexos con el terrorismo, usaba respetuosos códigos para denominar a sus clientes: «palomas» y «ovejas».

En la Vía Roma, el bulevar que corta el centro neurálgico de la isla, el panorama es sereno. Sólo una despedida de soltera por la noche causa algún divertido disturbio. Las casas recuperan su valor. El metro cuadrado de una propiedad en esta zona se sitúa en torno a los 4.500 euros. No es extraño. Ante las imágenes desoladoras, uno olvida que en Lampedusa están algunas de las playas más bellas del planeta: la Spiaggia dei Conigli (o Playa de los Conejos) está en podio del ranking anual de Trip Advisor. A 6,2 kilómetros a pie.

Alessandro Serrano / AFP / Javi Martínez / Crónica

Jueves 24. Otra foto icónica de 2023 se tomó muy cerca, a 1,4 kilómetros. La llegada en un barco de varias decenas de inmigrantes africanos sonrientes y agotados. Delante del Hotel Baia Turquese, sobre un moderno barco blanco, atiborrando toda su proa. Buscamos el lugar donde se hizo esa toma. Es cerca del puerto, entre cubos de hormigón. Desde allí se puede fotografiar ahora al Sea Eye 5, un barco de rescate que ha echado el ancla allí, sin nadie encima. De 23,3 metros de eslora, «tiene capacidad para rescatar a hasta 100 náufragos», según la organización United4Rescue, que lo adquirió este año. Su presencia, la tarde del miércoles, alertó a la isla, se pensó que llegarían pateras aprovechando el buen clima. Falsa alarma.

Al día siguiente, su tripulación deja una ofrenda floral en mar abierto. Lo hacen en memoria de los 30.524 fallecidos y desaparecidos en el Mediterráneo hasta esta fecha. Guardan un minuto de silencio.

Entre susurros, en las calles cerca del Ayuntamiento, nadie aquí quiere ser tachado de xenófobo, pero se comenta el efecto del centro de inmigrantes fuera de la UE de Albania. Desde aquí partieron los primeros 16, cuyo traslado costó 18.000 euros por cada uno. Se hizo con un tremendo despliegue mediático justo la semana pasada, el miércoles 16. Un día antes, habían arribado 1.000 migrantes a la isla. El Gobierno de Meloni escogió el momento en que podía producirse un rebote para dar su mensaje: en Shengjin y Gjader se han gastado 65 millones de euros en su construcción y es el camino que va a seguir para controlar la llegada de migrantes por el Mediterráneo. Sin embargo, se encontraron con un escollo.

AP / CRÓNICA / EL MUNDO

La justicia italiana consiguió que todos volvieran a territorio europeo. Sin embargo, el golpe de efecto —consideran en Lampedusa, incluso quienes no la han votado— ha funcionado, al menos por ahora. Una sencilla reflexión que comparten desde políticos hasta trabajadores de origen africano: ningún migrante que se haya jugado la vida quiere terminar —ni siquiera con la posibilidad de volver— en Albania.

Meloni pretende imponerse. Incluso a costa de poner en jaque a la magistratura italiana. Busca blindar la lista de países seguros, pilar esencial del acuerdo, con un decreto. Un tribunal de Roma decretó que Egipto y Bangladesh «no son seguros» y por eso decidió que retornaran... Ya hay jueces amenazados de muerte.

Desde la vía Vittorio Emanuele, donde está el ayuntamiento de Lampedusa, están atentos a lo que pasa en Bruselas y Estrasburgo. Saben que Von der Leyen se ha convertido en la mejor aliada de la mandataria italiana y su «idea de establecer centros de retorno fuera de la UE». El Gobierno de Pedro Sánchez, en cambio, se opone radicalmente. Todos aquí saben que lo que se vive hoy puede ser un espejismo. Queda mucho por hacer.

Giuseppe Giglia / AP / Javi Martínez / Crónica

La noche cae y las luces del puerto se encienden tenues. En Porto Vecchio se tomó otra instantánea icónica. Numerosos jóvenes africanos apoyados en las barandillas de un barco. De fondo la bella colina encendida, donde está la milla de oro gastronómica de la isla. En desenfoque, la Nigra, su emblema. La encontramos hoy, llena de comensales. Con olas afuera estrellándose lentas contra las embarcaciones.

Cerca de la Iglesia, un viejo marinero que ha viajado de Japón a América. Reconoce que en sus muchas décadas de vida nunca había visto lo que pasó en su tierra. Ni aquí ni allende los mares. «Desde el centro de Europa todo se ve diferente, pero eso también debe cambiar». Recuerda lo que pasó en 2011, «porque esto no es de ahora», son décadas. Vamos a esos lugares, a ver qué sucede hoy. Un avión de pasajeros pasa por encima, el acceso a las pistas tiene unas concertinas que se parecen mucho a las de Ceuta y Melilla. Donde hoy se puede ver el ferry partir sin obstáculos, antes había la ropa colgada de cientos de desesperados.

Volvemos a la Piazza Castello, donde hay un grafiti gigante que une un rostro de mujer, una estrella de mar y una tortuga. Aquí entre el rumor del oleaje, unos ancianos observan su isla. Cobra sentido al verles eso de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, príncipe de estos lares, quien escribió «cambiarlo todo para que nada cambie». Dando la vuelta a la manzana, un parque llamado Jardín de los Justos, dedicado a la solidaridad. Hay el dibujo inmenso de un abrazo. Y placas de metal donde brilla la frase de Oskar Schindler. «Quien salva una vida, salva al mundo entero». Para que no lo olvide nunca esta tierra de acogida y calvarios.