CRÓNICA
Vejez que inspira

Iñaxi, la vasca fitness de 100 años que ha superado un cáncer de mama, dos operaciones de cadera y una extracción de útero

Aunque ha tenido un siglo de vida activa en el campo, comenzó a ir al gimnasio con 93 años. Su hijo Iñaki la acompaña a donde va porque sufre de la vista. Vivió una infancia «con muchas penurias», pero «tiene muy buen carácter» y «nunca se enfada»

Iñaxi Lasa, la mujer fitness de 100 años, levanta 10 kilos en una de sus sesiones diarias de gimnasio.
Iñaxi Lasa, la mujer fitness de 100 años, levanta 10 kilos en una de sus sesiones diarias de gimnasio.Cedida
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Un cáncer de mama, dos operaciones de cadera y una histerectomía (extracción de útero). «Su historia clínica da un poquito de miedo, como leer una novela de terror», comenta Iñaki al hablar sobre la salud de su madre, Iñaxi Lasa. Ella ha superado situaciones médicas complicadas. Pero, a sus 100 años, presume de tener una envidiable figura moldeada con gimnasio, largas caminatas y buena alimentación.

La protagonista de estas líneas nació el 21 de agosto de 1924 en Ichaso (Guipúzcoa). Por su apariencia física y buen humor fácilmente se podría decir que nació 50 años más tarde. Lo único que delata su edad es que no ve ni oye muy bien. Su hijo, que fue bendecido con los escasos dones del amor y la paciencia, guía sus pasos y le repite en el volumen adecuado lo que ella no alcanza a oír.

La guipuzcoana centenaria es una influencer; y de las de verdad. En redes sociales, como @inaxi.lasa, comparte frases motivacionales, sus rutinas de gimnasio, sus paseos y sus celebraciones. En cada foto, la misma constante: su sonrisa. «Es muy fotogénica, siempre sale bien», dice Iñaki para resaltar lo obvio. Él también es el community manager que sube el contenido de la mujer fitness de un siglo de vida que inspira a 16.100 seguidores en Instagram y a 114.000 en TikTok.

En una videollamada con este periódico, ambos resumen los 100 años de vida de Iñaxi. «Ella no es muy labiosa», advierte el hijo. No tiene nada que ver con la edad, pues ella aclara que siempre se ha caracterizado por ser una persona poco habladora. No obstante, se comunica con una sonrisa imborrable e interviene para confirmar lo que cuenta su acompañante. La influencer desprende calma y dulzura. La elegancia va unida a ella, le gusta estar bien arreglada y sus uñas pintadas dan fe de ello.

El padre de Iñaxi murió cuando ella tenía ocho años. Cuatro años después comenzó la Guerra Civil y su madre tuvo que enfrentarse a una viudedad con ocho hijos (seis chicas y dos chicos). Y después la postguerra, «con todas las penurias». Los momentos más felices de su vida, hasta ahora, han sido cuando se casó, con 34 años, y cuando tuvo a Iñaki, su primer y único hijo. Su marido falleció en 2012, a los 89 años.

La vida de Iñaxi transcurrió rodeada de animales y naturaleza. No estudió y su trabajo estuvo dedicado al campo. «El deporte en su época consistía en trabajar de sol a sol, subsistir y no pasar hambre». Con una familia conocedora de las virtudes de la tierra, se han preocupado especialmente por la alimentación. «No comemos comida procesada, procuramos no comer harinas ni productos refinados», dice Iñaki, a lo que su madre especifica: «Mucha verdura, y mucha fruta». El azúcar está «totalmente prohibida» en casa.

"La mejor pastilla que hay"

Iñaxi empezó a entrenar en el gimnasio por casualidad, hace siete años. En ese momento una mujer hondureña les ayudaba en casa con el cuidado. La chica jugaba al fútbol y se lesionó. Para recuperarse le dieron unos bonos para el gimnasio. Ella invitó a la vasca, que entonces tenía 93 años. Y así se enganchó a la vida fitness, entre máquinas y pesas. La influencer deportista asegura que se siente bien, más contenta y con menos dolores, demostrando lo que le gusta repetir a su hijo: «El ejercicio es la mejor pastilla que hay».

En los perfiles de Instagram y TikTok de Iñaxi abundan los comentarios positivos de todas partes del mundo. «Un ejemplo a seguir», «qué vejez más inspiradora» y «te admiro» son algunos de ellos. «Las redes sociales como una simbiosis recíproca: tú los ayudas, pero ellos también te ayudan. Nos dan ánimos», expresa Iñaki. Algún usuario dudó de que ella realmente tuviera 100 años, así que decidieron publicar el certificado de nacimiento.

La vasca centenaria comenzó a ir al gimnasio con 93 años.
La vasca centenaria comenzó a ir al gimnasio con 93 años.Cedida

Iñaki habla de su madre con la misma ilusión de un niño. «Tiene muy buen carácter, nunca se enfada», dice él y ella sabiamente responde: «Bueno, alguna vez seguro que sí... ¿Quién está siempre de buenas? Nadie. También tengo mi genio». Pero imaginarla de malas es más complicado que hacer sentadillas hasta llegar al fallo muscular.

Ella anima a todos a ir al gimnasio. «Que vayan, que se animen, hay que probar». Los años acumulados no son excusa. «La edad no es algo limitante. Las limitaciones son las que se pone la propia persona», apunta el hijo. A su vez, opina que no hay edad para abandonarse. «No entiendo a esas personas que dicen "ya tiene 80 años, pobrecita, ya ha sufrido bastante, ya que coma lo que quiera"... No hay una edad para decir "hasta aquí hemos llegado, me planto y ya no hago nada"».

Madre e hijo pasan juntos las 24 horas. «Hay teorías que dicen que los hijos no tienen por qué sacrificarse por los padres. Para mí no es un sacrificio», comparte Iñaki, quien se siente afortunado porque Iñaxi no tiene problemas cognitivos. «Aunque ella sufre mucho por la vista, yo no lo sufro. Si ella tuviera mal la cabeza, sería al revés: ella no sufriría, pero yo sufriría mucho».

Por la mente de Iñaki nunca ha pasado la idea de ingresar a su madre en una residencia. Él considera que «las personas ancianas necesitan en su entorno a gente que les motive». A su vez, señala que la sociedad debe empatizar más con los mayores. «Todo el mundo ha pasado por la niñez, por la adolescencia y todos saben lo que pasa a esas edades, pero la gente no sabe lo que pasa en la ancianidad».

Mientras Iñaxi insta a ejercitarse, su hijo invita a ser más empáticos y pacientes con padres y abuelos. Para finalizar, deja un comentario para reflexionar: «Que estés más feliz paseando con el perro que con tu madre es una cosa que se me escapa. Yo lo veo en mi entorno y no lo entiendo».