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Kendrick Lamar ha ofrecido una discreta actuación en el descanso de la Super Bowl. Era el primer rapero en solitario en ocupar el escenario con más público del mundo para un músico, una audiencia aproximada de 120 millones de espectadores, pero con mucho mensaje, se ha quedado corto de espectáculo. Solo la comparación con el reciente show de Beyoncé en el partido de Navidad, tan complejo, ambicioso y excitante, ha resultado odiosa.
En una decisión inesperada, ha preferido llenar el repertorio con canciones de su último disco, GNX (Squabble Up, Man At The Garden, Peekaboo, Luther -junto a SZA, su única invitada- y TV Off) y solo ha recuperado dos himnos antiguos: DNA y Humble. GNX es buenísimo, pero sus fans probablemente esperaban un grandes éxitos. A su favor, los cameos de Samuel L. Jackson como Tío Sam/maestro de ceremonias y de Serena Williams bailando.
Con este panorama, el rapero de Compton ha sido consciente de que al menos debía jugar la carta del morbo de Not Like Us, el rap más popular de 2024 y una de las canciones más polémicas del último año. Durante los casi 15 minutos de su actuación, ha ido coqueteando con cantanrla. "Quiero tocar mi canción favorita, pero ya sabéis que les encanta poner demandas", ha llegado a decir sonriente mirando a la cámara.
Como todo placer culpable, el morbo se niega en público con aspavientos y se disfruta en privado con intensidad. Somos morbosos. O, si lo prefieren más fino, somos curiosos. Todos echamos la miradita en los accidentes de tráfico, todos queremos enterarnos de las bajezas de los demás.
En EEUU se ha producido durante la semana pasada un enorme torrente de morbo en torno a la actuación de Kendrick Lamar en el descanso de la Super Bowl. El torrente crecía y crecía y adquiría volumen y velocidad hasta que esta noche ha desembocado todo él bajo la cúpula del Superdome de New Orleans.
¿Cantaría Kendrick Lamar Not Like Us? ¿Celebraría todo el país su ataque masivo contra Drake y corearía con júbilo la expresión "A minoooor", como vimos en los premios Grammy hace una semana, donde hasta Taylor Swift la cantó mientras lanzaba un brindis con su copa de champán? Y aunque la canción haya superado los mil millones de escuchas en Spotify y fuera bendecida y aprobada por la industria musical con cinco Grammy, entre ellos los de mejor canción y mejor grabación del año, ¿se atrevería Kendrick Lamar a cantarla tras la demanda interpuesta por Drake contra su discográfica?
Bueno, es Kendrick Lamar, el mismo Kendrick Lamar que ha ganado premios, pero sobre todo admiración y respeto como nadie en el rap del siglo XXI. Ese Kendrick Lamar que con seis álbumes se ha establecido como un faro moral en la cultura afroamericana de EEUU. El mismo Kendrick Lamar que introduce un triple sentido a cada verso y que interpreta con la habilidad de un ninja y la potencia de un camión. Este Kendrick Lamar que dedicó parte de 2024 a destruir la reputación de Drake con la intención manifiesta de asesinarlo como artista y enterrarlo varios metros bajo tierra: lo acusó de ser un presunto "pedófilo certificado", de maltratar a su pareja, de infidelidad, de tener descendencia no reconocida, de ser un "maestro de la manipulación", un "mentiroso habitual" y un fantoche, y, bueno, de ser un mal hijo, un mal padre, un mal artista y hasta de ser un mal negro.
Así que sí, ha sucedido: Kendrick Lamar ha satisfecho finalmente el morbo de todo un país cantando Not Like Us al final de su actuación en el descanso de la Super Bowl, con "A Minooooor" coreado por toda la grada... y probablemente en millones de hogares. ¿Qué importan los abogados de la NFL y de sus patrocinadores cuando hasta los propios equipos han adoptado la canción como grito de guerra?
El rapero del barrio de Compton, de 37 años, no cobrará un dólar por la actuación. Es lo habitual entre los artistas elegidos para el descanso de la Super Bowl: la millonaria producción del espectáculo la cubren la NFL y Apple, que es el patrocinador este año, de manera que el beneficio del músico es el impacto inmediato que tiene ocupar este privilegiado escaparate: las escuchas en las plataformas de streaming se disparan, al igual que la venta de entradas de sus conciertos.