El pasado domingo, en Amberes (Bélgica), mientras la selección de Bélgica celebrara el título europeo de hockey hierba femenino, la organización anunciaba que el galardón a mejor jugadora no estaba asignado a ninguna finalista. Cayó en las manos de Georgina Oliva (Barcelona, 1990), que horas antes había conquistado el bronce tras la victoria de España sobre Inglaterra en la tanda de penaltis. «No me lo esperaba para nada. Fue una alegría inmensa», confiesa la catalana a ELMUNDO mientras apura sus vacaciones antes del inicio de la preparación del Preolímpico.
'Gigi', como la conoce su círculo más íntimo, nació con un stick bajo el brazo. Hija de Jordi Oliva, olímpico en Los Ángeles'84 y Seúl'88, y hermana de Roc Oliva, medalla de plata en Pekín'08, a duras penas recuerda sus inicios en este deporte. «Era pequeña, muy pequeña. Jugaba en casa con mis hermanos y utilizábamos el piano como portería. Después empecé con sólo cinco añitos en el Atletic Terrasa. Era un club donde mis padres iban a pasar el día y los niños jugaban por allí. Así comencé mi aventura en el hockey», rememora. Más tarde, con sólo 18 años, acudió con la selección precisamente a los Juegos de Pekín, donde conquistó un diploma olímpico y pudo celebrar en primera persona el éxito de su hermano mayor.
Ahora, a sus 28 años, y con más de 220 internacionalidades a sus espaldas, la capitana de las 'RedSticks' compagina el hockey con su trabajo como ingeniera aeronáutica. Tras cuatro temporadas en el Kampong de la liga holandesa -considerada mejor competición del mundo-, regresa a España para preparar el camino hacia Tokio. A finales de octubre se celebrará el Preolímpico que otorgará los billetes para la cita olímpica del próximo verano. Por ello, y para estar exclusivamente centrada en los entrenamientos, ha decidido renunciar a su empleo como ingeniera. Al menos de momento.
El extenso palmarés de 'Gigi' la convierte en una de las mejores jugadoras de la historia del hockey hierba español. Al bronce del pasado domingo se le une el logrado el año pasado en el Mundial. Además, a nivel individual, la temporada anterior fue nominada por la Federación Internacional de Hockey a mejor jugadora del mundo -finalizó en quinta posición- y este curso se encuentra de nuevo entre las favoritas tras su brillante papel en el Europeo. «No sé si soy la mejor jugadora de Europa, yo no lo voy a decir. Sin embargo, sí creo que he sido la jugadora más en forma de este campeonato», cuenta la ya nueva centrocampista del Club Junior, de la Liga Iberdrola.
Ambiciosa, inconformista, -«el equipo tiene que mejorar para el Preolímpico, pero hemos madurado mucho», se exige a pesar del bronce en el Europeo-, confiesa que ese carácter luchador lo ha construido gracias al hockey hierba. «El deporte ha marcado mi personalidad, mi capacidad de sacrificio y de intentarlo siempre hasta el final», reconoce la ya ex jugadora del Kampong holandés. Antes militó en el Atletic Terrasa, en el Leuven belga y en el RC Polo.
La historia de aquella niña cuyo stick se alzaba sobre su cabeza se ha convertido en la historia de la mejor jugadora del Europeo. Y quién sabe si el próximo mes de febrero, en la historia de la mejor jugadora del mundo.
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