LA LECTURA
Fotografía

Alberto García-Alix: "Sí, fui adicto, pero ya queda tan lejos que siento que le pasó a otro"

El artista reflexiona sobre lo que ya no es con el fotoensayo 'La ausencia como estímulo' y en el segundo tomo de su archivo personal (1982-1986).

Alberto García-Alix (León, 1956).
Alberto García-Alix (León, 1956).ANTONIO HEREDIA
PREMIUM
Actualizado

Hay algo de búnker en este almacén de Tetuán. Por fuera, nada indica que aquí está el estudio de uno de los más grandes artistas de la fotografía en España. Bueno, sí: una Harley-Davidson aparcada confirma que sí, que hemos llegado. Es aquí.

Dentro, su dueño guarda otro par de motos, una enorme estantería de libros y una piel de ungulado en el suelo a modo de alfombra. También muchos objetos, recuerdos en el más estricto sentido de la palabra, pues sirven para que la memoria menguante reviva, del mismo modo que lo hacen sus propias fotografías. Sus gatos merodean y se frotan con los recuerdos, con los visitantes y con Alberto García-Alix (León, 1956).

El fotógrafo se halla precisamente en trance de recordar a raíz de la publicación de dos libros en su editorial, Cabeza de Chorlito. El primero es el segundo volumen de 'Archivo Nómada', un proyecto que saca a la luz el fichero personal de García-Alix y que en esta entrega abarca desde 1982 a 1986, el momento álgido de la Nueva Ola, de la Movida, y aquél en el que él se convirtió en nombre imprescindible de la escena artística de nuestro país. El segundo es 'La ausencia como estímulo', un ensayo visual que reúne las palabras de una conferencia pronunciada en 2023 por el Premio Nacional de Fotografía que ahora lleva a imprenta en diálogo con algunas de sus imágenes. Sobre ambos hablará el próximo día 13 en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) de Sevilla, dentro de la programación del Hay Festival en el espacio.

Hay muchas cosas en el estudio-búnker de García-Alix. Pero, como en el título de su fotoensayo, las que no están son las que más dicen. «Cuando estaba escribiendo se murió mi hermano gemelo», confiesa el artista leonés. «Estaba muy unido a él, de alguna manera, y siento esa ausencia como un gran peso. Pero la ausencia siempre está ahí. En el amor, en todo». A él, Alfredo García-Alix -neurólogo neonatal-, y a Alberto Anaut -presidente de Photoespaña y creador de La Fábrica-, está dedicado 'La ausencia como estímulo'. Ambos fallecieron en el periodo de un año, entre 2023 y 2024.

Dice su autor en esas páginas: «Sueño con ausentarme de mí y escapar con otra identidad a este presente amorfo que plasmo en fotografías. Pero me sé rehén de mí mismo. Encadenado, voy construyendo con un puzzle de imágenes el rostro de mi ausencia...» También: «La ausencia, como latido, debo sublimarla visualmente. Elevarla al altar de mi conciencia. Como reflejo, como inventiva y como mirada independiente, pone énfasis a la percepción de mis ojos. La subjetividad que tenemos del sentido de la ausencia nos enriquece y nos hace únicos».

El artista y músico Víctor Coyote, fotografiado en 1986.
El artista y músico Víctor Coyote, fotografiado en 1986.ARCHIVO ALBERTO GARCÍA-ALIXCABEZA DE CHORLITO

García-Alix cuenta que la idea de la conferencia vino de la comisaria Pilar Soler Montes, para unas jornadas en la sala Alcalá 31, de la Comunidad de Madrid. «Yo no soy de investigar», confiesa. «Pero fue muy divertido, porque iban pasando los días y una mañana me levanté y metí en el ChatGPT: 'La ausencia en la obra de García Alix'. Y salieron casi tres folios impecables. Sin embargo, aquello era un tratado de un profesor universitario sobre mi obra». Así que se puso a escribir hasta que finalmente dio con el tono y el ritmo. «Cuando acabé nos dimos cuenta que estaba mucho mejor que toda la Inteligencia Artificial. Porque a ésta le falta la subjetividad. Y la subjetividad en la ausencia lo es todo. Porque cada persona vive la ausencia en la capacidad y en el reflejo de sus sentidos».

Explica entonces que ha hecho los guiones de sus obras audiovisuales, igual que textos para revistas y para sus catálogos. «Pero me cuesta», reconoce. «Para la fotografía la concentración es muy rápida, la hago a través de lo que veo por el objetivo: estoy en una cámara oscura , encerrado en una cosa. No veo las fotos si no las veo por la cámara». El ritmo, ya sea el de carburador de la moto o del rockabilly que escuchan los personajes de sus fotografías, es crucial, de ahí que sus referencias literarias sean también muy rítmicas. «El que más me gusta escribiendo, el que ha tenido por a mí el ritmo más salvaje, es Céline. Lees 'Viaje al fin de la noche' y ya los demás escritores se te quedan un poco...», deja sin terminar la frase. «No deja títere con cabeza, es dañino... Cuando acabas el 'Viaje...', has hecho realmente un viaje».

Es importante esta mención porque una de las muchas colinas en las que murió Céline fue la de la sordidez. A García-Alix, por su curiosidad hacia lo que sucede en los bajos fondos, también se le ha asociado, erróneamente, con esta idea. «Jamás he fotografiado la sordidez», proclama él. En los dos millares de fotos de este nuevo Archivo nómada queda patente: se mezclan figuras de la Movida como Carlos Berlanga, Víctor Coyote, Ana Curra, Ceesepe y Ouka Leele con gente de la calle, yonkis y mutilados. Todos retratados con la misma dignidad.

«Se mezclaba en mí», dice sobre esa confluencia humana. «Del 82 al 86 fue un gran tiempo. Una época muy estimulante. Todavía no soñaba con ser fotógrafo. Yo hacía fotos, pero no vivía de ellas. Fue entonces cuando me empecé a profesionalizar. Cuando retrato a Radio Futura, a Gabinete Caligari... Portadas de discos de mis amigos, que me las encargan».

«Era», recuerda, «un Madrid muy creativo». Más que creativo, «muy dinámico», puntualiza, «con mucha libertad». «Hay que tener en cuenta», incide, «que para el 82 ya está Felipe González. Y a partir de ahí las cosas iban a cambiar mucho».

El pintor y dibujante Ceesepe, con May Paredes, musa de la Movida (1983).
El pintor y dibujante Ceesepe, con May Paredes, musa de la Movida (1983).

«También Madrid es una ciudad que favorece mucho la comunicación, a diferencia de Barcelona», añade. «Todo el mundo se comunica, se enrolla. Es una virtud que tiene este lugar. Ibas el domingo por la mañana a La Bobia y veías todo tipo de personas. También las drogas hacen que se relacione más la gente».

Este periodo, de 1982 a 1986, es visto como la resaca de la explosión de la Movida. Tras la alegría llegaron las muertes por sobredosis, sida, accidentes... El propio García-Alix estuvo en la cuerda floja. «Aunque en aquellos años tomaba, estuve bastante tiempo limpio. Hubo épocas peores, sobre todo la anterior». Aquí rompe otro cliché erróneo que a veces se asocia al fotógrafo y que choca con la ausencia: el exceso. «Son ideas preconcebidas muy viejas», suspira. «Sí, nunca lo he negado: he sido adicto. Pero ya está. Eso queda tan lejos de mí que cuando lo pienso tengo la sensación de que le pasó a otro. Las cosas se borran de la cabeza. Todavía en los años 2000 a veces soñaba con aquello. Ahora ya ni eso. Y tampoco creo que sea un gran exceso, si te soy franco. Posiblemente la 'coca' sea más excesiva, por el efecto que hace, que la heroína, que es...» [hace un gesto de quedarse dormido]. El 'jaco' es otra cosa: «Fuera del mundo, fuera de todo. Como dicen, tan poco esfuerzo para tanto placer».

En cualquier caso, García-Alix no ha forzado vivir para poder así crear. «No tiene nada que ver. Creo que gracias a esa vida he fotografiado lo que he fotografiado y he madurado. Porque la mirada evoluciona». Siempre hay un hilo de unión entre el yo de la juventud y el yo actual, «pero no somos iguales con 30, que con 40 o que con 50», puntualiza. «Cambia nuestra manera de entendernos y entender el mundo que nos rodea. Ahora ya no me ponen las cosas que me ponían hace 40 años».

Carlos Berlanga, en 1982, entre el final de Alaska y Los Pegamoides y el comienzo de Dinarama.
Carlos Berlanga, en 1982, entre el final de Alaska y Los Pegamoides y el comienzo de Dinarama.

Solventados los tópicos del exceso y la indecencia, las imágenes de 'Archivo Nómada Vol. 2' y de 'La ausencia como estímulo' comparten una preocupación que ha sido una constante en la obra de García Alix desde hace muchos años: la pulcritud técnica. «Me enamoré de la fotografía en el laboratorio», sentencia. «Para mí era como una ceremonia. En aquella época quería saber lo que era el sistema de zonas de Ansel Adams, quería que todas las fotos tuvieran sus grises... Era muy perfeccionista. La luz era el fotómetro, pero una vez bien expuesto el negativo, todo era el laboratorio. Y a partir de ahí, enseguida empecé a utilizar papeles baritados, que aguantan mucho más».

Pero también en ese aspecto tecnológico hay una ausencia. «En aquella época había mucho mejor material que hoy en día. Es una perversión lo que está pasando», denuncia. «La gente dice que volverá el analógico, pero no es verdad. No volverá nunca. ¿Por qué? Porque la industria lo favorece. Los carretes de Kodak o de Ilford ya casi no llevan plata; ahora llevan pigmento. Entonces, ¿qué pasa? Que no definen igual, no dan el mismo grano. Y algo peor: se fabrican para que den la máxima calidad en el escáner, no en la ampliadora.... Una auténtica perversión».

Antes, evoca, había una decena de tipos de papeles baritados. Y empieza a enumerar marcas y modelos para terminar con un lacónico: «Ya no existen». Esa desaparición, insiste, no tiene nada de evolución. «No tengo nada contra lo digital. No lo empleo y ya está. Para mí todo aparato que tiene un objetivo, como si lo ponen en un zapato, sirve para ver. Pero hay una cosa que sí que me parece definitiva: que lo digital ha traído a la fotografía una gran falsificación de las emociones del fotógrafo. Todo está retocado: los cuerpos, los vestidos, las arrugas... No ves sobre la imagen; ves sobre la realidad. ¿Quieres hacer una foto rara? Le cambias los colores. Pero sigue siendo una falsificación. En primer lugar, de la mirada».

Frente a esta adulteración, el leonés aboga por una brújula moral. «Lo que trato es de ser sincero conmigo y con el modelo», resume su posición. «Hombre, lo que no me gusta del retrato es que muchas veces el encargo obliga a la complacencia con el sujeto; lo odio», susurra. «La complacencia es enemiga. Una mujer no quiere arrugas, pero no es la Virgen María. Porque todos creen que vas a hacer milagros con la foto y no es verdad».

La fotógrafa Ouka Leele (Bárbara Allende Gil de Biedma)compañera de generación, en 1984.
La fotógrafa Ouka Leele (Bárbara Allende Gil de Biedma)compañera de generación, en 1984.

De alguna manera, «la foto tiene que ser lo más simple posible, aunque luego no lo sea», explica otra de sus contradicciones. «Menos es más. Hay que intentar quitarle todo el artificio a la imagen, que no se vea».

Sin embargo, siente que todas sus explicaciones no conducen a ningún lado. «El problema es que ahora hay una sobredosis de imágenes constante. Las imágenes que puedo hacer con mi cámara son cien veces peores que las que haces con el móvil». No es derrotismo, sino una constatación. «A mí me cuesta enfocar, tengo que revelarlo... Te puedo hacer una foto aquí donde estamos con la cámara, le pongo todo mi interés, y vengo con el móvil y hago lo mismo... y es mejor». Esto tiene como consecuencia una depreciación del lenguaje visual. «Cuesta mucho valorar la imagen, porque cada vez necesitamos que nos sorprenda más. Y una imagen como la que yo hago, a un joven que está educado en todo esto, la mira y no le parece nada».

Y aún más. El otro día un amigo le enseñó lo que hace con inteligencia artificial (IA): «Imágenes en las que fabrica unas mujeres perfectas, sentadas en una habitación... Me quedé sin palabras», afirma con gesto de estupor. «Ahora bien, era todo un ensalzamiento de la belleza que ya no me interesa tanto. Es todo tan bonito que termina por ofender».

La última ausencia de la que se podría hablar con García-Alix es la de la preocupación por el mundo. «Soy un hombre eminentemente solidario con las causas justas», se define. «Al principio, aporté y luché por la plataforma para un centro nacional español de fotografía, que a priori parece que se ha conseguido; vamos a ver. También por los derechos de autor, porque me han saqueado mucho; los medios también. Además, en España se da por hecho que el arte es gratis. Y que el artista tiene que pasar hambre. Esta gente del mundo de la cultura piensa eso. No son conscientes, pero lo piensan».

Uno de los habitantes de las calles de Madrid, fotografiado por García-Alix en el año 1983.
Uno de los habitantes de las calles de Madrid, fotografiado por García-Alix en el año 1983.

Cuenta que en nuestro país hay 3.000 fotógrafos registrados como autónomos y otros 8.000 que no lo están. Un panorama de precariedad que le enciende. «Los autónomos somos la escoria. El patito feo que es el que lo paga realmente. Aquí tiene que pagar un chaval que sea autónomo 370 euros. Es una puta locura eso. No hay nada que favorezca o estimule. Pero somos unos luchadores». A eso hay que sumar el cambio de paradigma económico y la subsiguiente reestructuración de su sector. «En los años 90 y hasta los 2000 había una clase media culta que compraba arte. Con la crisis desapareció». Dice también que se siente «un disidente», una posición que ha tomado después de leer mucha Historia y de contemplar el panorama actual «de 'musks' y 'zuckerbergs'». Hay, afirma, «una evolución política terrible», aunque concede que «son fases de la humanidad» que se van sucediendo. «El problema es a dónde nos lleva», plantea. «Así y todo, yo quiero sujetarme al sentido común».

El entorno no ayuda, sonríe con un deje amargo. «Es curioso: España siempre que puede dar un paso adelante -en concordia, en bonhomía, en progreso-, da el paso contrario. Nunca sabré por qué». Y cita el «¡Vivan las 'caenas'!» con Fernando VII. O Sor Patrocinio, levitando con sus llagas y poniendo y quitando gobiernos con Isabel II. O Alfonso XIII, «un canalla», según él. «Esto es España».

De ahí que este estudio adquiera ahora algo de la traza que tenía al entrar en él. Un lugar para recogerse del mundo: «Esto será un búnker que 'chaparé'. Y aquí paz y después gloria».

Para no terminar con una sombra, el artista deja que entre un último rayo de luz: «Yo soy muy empático. Yo vivo de fotografiar a la gente. No me separo de ella. No voy con lo de: 'Yo soy Alberto García-Alix'. Es que estás vendido. Si eres así no haces fotos; haces otras cosas. Pero yo necesito a la gente para hacer fotos. Lo que me gustó de la fotografía era el encuentro con otros seres humanos. La magia de la fotografía es, para mí, ese encuentro».