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Historia

La historia secreta de los judíos en el ejército romano: "No siempre han sido un pueblo perseguido"

Pese a las tres guerras contra el Imperio, muchos hebreos formaron parte de las milicias romanas. Lo cuenta el historiador Raúl González Salinero en 'Soldados judíos en el ejército romano'

Imagen de un códice medieval en el que el historiador y militar judío Flavio Josefo comparece ante Tito (hijo del emperador Vespasiano), durante el asedio de Jerusalén en el año 70 d.C.
Imagen de un códice medieval en el que el historiador y militar judío Flavio Josefo comparece ante Tito (hijo del emperador Vespasiano), durante el asedio de Jerusalén en el año 70 d.C.GETTY IMAGES
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Hasta en tres ocasiones, el Imperio romano venció a los movimientos de resistencia judíos que se oponían a su dominación en la región oriental del Mediterráneo. La primera de ellas, entre el año 63 y el 70, cuando las tropas del futuro emperador Tito (de la dinastía Flavia, que había heredado el poder de su padre Vespasiano y lo cedería, tras su muerte, a su hermano Domiciano) entraron en Jerusalén y destruyeron y saquearon el Segundo Templo de los hebreos, provocando una diáspora que los llevó a varias ciudades cercanas al reino de Judea. Para celebrar aquella victoria, Domiciano levantó, al sur del Foro de roma, el conocido como Arco de Tito, en el que están reflejados los principales momentos de la batalla.

En el segundo enfrentamiento, entre los años 115 y 117, llamado también la Guerra de Kitos o la Rebelión del exilio, los romanos, dirigidos militarmente por Trajano, doblegaron a los judíos que habían sido expulsados y habían provocado revueltas en Mesopotamia, Cirene (la actual Libia), Chipre y Egipto. Finalmente, en la tercera guerra judeoromana (años 132 a 137), a la que se conoce como Rebelión de Bar Kojba, en honor del líder judío nacionalista Simon Bar Kojba, que se había levantado en Judea, la victoria fue tan aplastante que el emperador Adriano, para acabar con cualquier reminiscencia de los reinos hebreos históricos, los integró en una única provincia a la que dio el nombre de Siria-Palestina.

Estos enfrentamientos, que marcaron profundamente el destino del pueblo judío, no fueron suficientes, sin embargo, en opinión del historiador y profesor de Historia Antigua en la UNED, Raúl González Salinero, para que muchos judíos se integraran en la sociedad de su tiempo e incluso fueran reclutados como mercenarios o militares auxiliares en las diferentes milicias imperiales. Autor de Conflictos políticos y tensiones sociales en el mundo romano (Guillermo Escolar, 2024), González Salinero acaba de publicar Soldados judíos en el ejército romano (Marcial Pons), en el que desmiente la versión hasta ahora aceptada historiográficamente de que las obligaciones religiosas, que incluían las normas de discriminación de alimentos (kashrut) así como el respeto al descanso del sábado (sabbath), habrían impedido a los judíos ser alistados como soldados, una costumbre romana con los pueblos sometidos.

"Aunque hubo momentos de enorme tensión entre el pueblo judío y el Estado romano que desembocaron en guerras sangrientas y duras represiones", escribe González Salinero, "disponemos de suficiente información –procedente de fuentes como las crónicas de Flavio Josefo, la legislación romana, la epigrafía, los papiros egipcios, los autores romanos y la literatura cristiana y rabínica– sobre el servicio militar de los judíos en el ejército romano desde finales de la República romana [siglo I a.C.] hasta la época de Justiniano [siglo VI d.C.]".

LA ADAPTACIÓN DE LOS JUDÍOS

Se apoya González Salinero en obras como Jewish Military Forces in the Roman Service (2019), del historiador norteamericano Jonathan Roth, que afirma que "los judíos (en el sentido religioso, si no étnico) sirvieron en el ejército romano regular, lucharon en ambos sentido codo con codo con los romanos y desempeñaron una importante función de mando, tanto en la paz como en la guerra".

González Salinero, autor también de El antijudaísmo cristiano occidental. Siglos IV y V (Trotta, 2000), afirma que toda la confusión parte de una idea equivocada. "Tradicionalmente", explica, "se ha pensado, algo que es absolutamente antisemita, que los judíos han sido siempre un pueblo perseguido, un pueblo que no se ha adaptado y que por culpa propia, por su aislamiento del resto de la sociedad en unas creencias muy exclusivistas, habían sido víctimas del antijudaísmo. Pero las pruebas documentales arqueológicas demuestran todo lo contrario. Los judíos siempre se adaptaron muy bien a la sociedad en la que estaban inmersos. En época grecorromana, habían asumido nombres greco-latinos, vestían igual que los romanos, hablaban la misma lengua –es decir, las comunidades judías de Occidente hablaban latín y las de Oriente griego–, habían incorporado motivos paganos en la decoración de las sinagogas, tenían las mismas costumbres funerarias, los enterramientos y las fórmulas epigráficas eran iguales, salvando ese sistema particular de símbolos judíos, como la menorá (el candelabro de siete brazos), o el lulav [hecha con las hojas de la palmera datilera]. Pero por lo demás, eran unas comunidades absolutamente integradas en el mundo grecorromano. Y eso es muy importante, para poder valorar efectivamente cómo eran capaces de servir como soldados en el ejército romano, sin ningún problema. Porque su grado de adaptación y de integración social era altísimo".

"El sabbath no se respetaba en algunas comunidades de Alejandría y en algunos lugares de Egipto los judíos pagaban sus impuestos en sábado"

Pero además, existe también la idea preconcebida de que el judaísmo fue un sistema de creencias único y cerrado, algo que no se puede afirmar, según González Salinero, hasta que se consolida el movimiento rabínico. Hasta entonces, eran muchos los grupos y las corrientes que reclamaban la herencia de la Torá. "Tenemos la idea deformada de un judaísmo antiguo monolítico", continúa el historiador, "de una religión que no tenía una manera de practicarse de diferentes formas, no como ocurrió, tras un proceso lento y gradual, a partir del siglo IV o el siglo V, con la literatura rabínica. Hasta entonces, había muchas expresiones del judaísmo, unas más rigoristas que otras, unas que respetaban la Torá y la ley judía de forma más estricta que otras. Es verdad que era una corriente de pensamiento heredera del fariseísmo, pero que no tuvo ese predicamento en el mundo judío, y sobre todo en la diáspora, hasta época muy tardía".

La identidad judía, por tanto, se fue construyendo de forma paulatina y se muestra tanto en el ámbito ortodoxo como en el del sincretismo cultural propio de los judíos adaptados al entorno gentil. "De tal forma que", concluye González Salinero, "resultaría improcedente establecer como principio identitario el grado de respeto a la observancia religiosa tal y como era entendida por los autores rabínicos de la Misná o el Talmud (...) Las prácticas religiosas, y con ellas el código de conducta, en las comunidades judías extendidas por todo el Imperio romano, fueron tan variadas y cambiantes que resulta imposible reducirlas a un único modelo de judaísmo normativo. Sabemos, por ejemplo, que el sabbath no se respetaba en algunas comunidades de Alejandría o que en algunos lugares de Egipto los judíos pagaran sus impuestos en sábado".

EL IMPERIO SE HACE CRISTIANO

Aun así, en muchos momentos históricos, emperadores como Julio César, en agradecimiento a su apoyo durante las guerras civiles que lo convirtieron en emperador, concedieron exenciones a determinadas comunidades judías para librarlas de hacer el servicio militar. O les permitían, por ejemplo, no tener que pronunciar el juramento al emperador y sustituirlo por plegarias y ofrendas en las sinagogas a favor de su salud, con lo cual demostraban su fidelidad al Imperio, sin necesidad de rendir, de forma herética, culto divino al emperador. Esto, sin embargo, no impidió que muchos judíos rechazaran esa exención y se incorporaran a las milicias romanas debido a las ventajas económicas y sociales que ello conllevaba, como quedar exento de pagar impuestos o recibir tierras y propiedades una vez que eran finalmente licenciados.

No obstante, llegó un momento en el cual los judíos quedaron expresamente excluidos de los puestos militares. A partir del siglo IV, explica el historiador, "los emperadores ya son de confesión cristiana, aunque el Imperio no será de forma confesional cristiano hasta la época de Teodosio, es decir, a partir del año 380. Quitando el breve periodo de dos años y medio del mal llamado Juliano el apóstata (ya que nunca apostató), el resto de los emperadores fueron ya de confesión cristiana. Es el momento en el que la Iglesia comenzó a ejercer su influencia sobre el consistorio imperial para, precisamente, prohibir el servicio militar de los judíos en el ejército romano, en sus diferentes cuerpos, incluso en los mandos, que eran los verdaderamente importantes". Y es que, concluye González Salinero, "los judíos habían logrado infiltrarse dentro de la escuela de los 'agentes in rebus', un cuerpo militar, creado en el Bajo Imperio por Diocleciano (emperador hasta el año 305), que era en el que se formaban los agentes secretos que estaban al servicio del Imperio. Y eso les daba muchísimo poder, de ahí que la jerarquía eclesiástica logró que los emperadores promulgasen leyes que prohibían a los judíos hacer el servicio militar y formar parte del ejército". Una manifestación más del primer antijudaísmo de origen y raíz cristiana.