Hay una viñeta en la que a Cerillito, tan poquita cosa y con esas orejas de soplillo, le cae una lluvia de bolas de papel en el cole. Dos dibujos después, su padre también le zurra en casa. «Incapaz de ganarse su aceptación -dice el bocadillo- Cerillito buscó librarse del dolor negando la necesidad de cariño y afecto». Ya en la Academia de Infantería de Toledo, Cerillito pasó a ser Franquito. Igual de canijo, con aquella voz aflautada, carne de novatadas por su escaso interés por el sexo, la juerga y el alcohol en las noches de cuartel. Luego le apodaron Comandantín porque aquel chico algo pringao y bastante acomplejado se convirtió, pese a todo, en el comandante más joven de nuestro país. Y antes de ponerse él mismo el mote de Caudillo de España por la gracia de Dios, todavía le conocieron un tiempo como Miss Islas Canarias por su evasivas desde Santa Cruz de Tenerife cuando el levantamiento militar era inminente en la península.
Cerillito o Comandantín, el enclenque Franquito, Miss Canarias 1936, habría sido un fantástico personaje de tebeo, a mitad de camino entre Filemón, Rompetechos y Tintín, de no ser el protagonista de las viñetas más terribles de nuestra historia reciente.
«Es casi un personaje de Bruguera y no me extrañaría nada que hubiese sido inspiración para algunos de los dibujantes de la época», cuenta José Pablo García (Málaga, 1982), ilustrador y responsable de la primera adaptación a cómic de la mastodóntica biografía de Francisco Franco que el hispanista Paul Preston (Liverpool, 1946) publicó por primera vez hace más de 30 años y que ha ido actualizando con nuevos títulos y distintas versiones. La última, dibujada.
Franco, que así se llama el cómic sobre el dictador que acaba de publicar la editorial Debate, retrata al personaje desde los traumas de Cerillito a la muerte del Caudillo pasando por las andanzas en Marruecos de un militar ambicioso e implacable, los coqueteos con Hitler y Mussolini, la política de un tirano sin escrúpulos, las matrimoniadas con doña Carmen Polo y los días de caza, golf y fascismo.
«Me interesaba mucho dar una imagen de Franco que no fuera la del bobo con suerte», explica José Pablo García al otro lado de la pantalla desde Málaga. «Franco se ha convertido en un meme, un cliché, pero el cómic me permitía aportar diversos matices a una personalidad muy compleja. Siempre se ha dicho que en su ascenso al poder contó con muchos golpes de suerte, pero yo he descubierto que su carrera fue muy trabajada y dificultosa y que siempre supo hacer frente a la adversidad. Muchos pueden creer que Franco surgió de la nada, que fue inevitable, pero hay mucho más allá de lo previsible y la caricatura».

"Franco era muy astuto, pero a veces parecía gilipollas"

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Mientras esperamos a que Paul Preston se conecte a la entrevista desde Londres -qué fue de la presunta puntualidad británica-, el dibujante cuenta que se asomó por primera vez a este proyecto hace ya siete años. Antes ya había adaptado a novela gráfica otras dos obras del historiador: La guerra civil española (2016) y La muerte de Guernica (2017). «Desde entonces fui haciendo acopio de mucho material y un montón de libros sobre Franco que una amiga encontró en casa de su padre. Ahora tengo una biblioteca enorme que no sé qué voy a hacer con ella», explica.
P. ¿De todos los Francos que ha conocido cuál es el que más le interesa?
JOSÉ P. GARCÍA. Fue un desafío retratar su infancia porque es la única etapa en la que se puede empatizar con él. La relación con su padre era muy mala, sufría bullying en el cole, pasó mucho tiempo solo...
P. ¿Hay algo en ese 'Cerillito' que explique al Franco del futuro?
J.P.G. En su juventud fue creándose un frío interior dentro del personaje. Ahí se va fraguando el psicópata que acabó siendo.
P. ¿Llegó a empatizar con él?
J.P.G. En las primeras páginas sí. Luego el lector tiene que elegir en qué momento se apea porque hay un punto en el que ya no puedes soportar al personaje.
P. Ahora que aún no nos escucha... ¿Cómo ha sido colaborar con Paul Preston? ¿Ha sido un incordio?
J.P.G. No, no, nunca. Ha puesto todas las facilidades. Me facilitó sus libros, biografías, artículos que él había escrito... Yo le fui pasando algunas viñetas y sólo propuso algunos cambios en los títulos de algunos capítulos y algunos dibujos. Muy poca cosa... Pero espera, espera, que creo Paul que se ha conectado.
Cuarenta minutos después del inicio de la entrevista, Preston asoma de repente en una esquina de la videollamada. Dice que lleva un rato escuchando, pero que no había abierto la boca porque no tenía demasiado que aportar. «Yo jamás he comprado lo que en Francia llaman bande dessinée (novela gráfica), así que no sé qué pinto aquí», bromea. O quizás no.
La entrevista que viene a partir de ahora es también un poco de tebeo. Paul Preston, probablemente el mayor experto vivo en la figura de Francisco Franco, apenas escucha las preguntas y responde la mayor parte de las veces lo que le viene en gana. Y aun así todo resulta apasionante. A ratos sólo se le ve la frente delante de una estantería gigantesca llena de libros suyos. Por sus lomos se puede recorrer la Historia entera de nuestro país. «Yo he escrito muchos libros, pero ya veo que tú prefieres leer cómics que libros de 700 páginas», vacila al periodista. «La verdad es que lo entiendo. Con lo que yo he sufrido escribiéndolos...».
P. ¿Necesitábamos un cómic sobre Franco, Paul?
PAUL PRESTON. Yo qué sé... Nada de lo que yo hago es necesario, salvo para mí.
P. ¿Entonces?
P.P. La idea era hacer accesibles cosas serias sobre la historia reciente de España. En principio para adolescentes, pero al final yo he encontrado que hay muchas veces que el cómic tiene más impacto entre los adultos que entre los jóvenes.
J.P.G. Sí, la idea inicial era llegar a los institutos, no al ámbito académico, pero después el cómic llega a un público muy diverso. En las presentaciones hay gente muy joven, pero también octogenarios.
P.P. Esta conversación me recuerda una cosa... Una de las biografías clásicas más profranquistas, Centinela de Occidente, la escribió Luis de Galisonga, que era un lameculos importante. Para su hagiografía, él usó material del primo de Franco, Pacón Franco Salgado-Araujo. Y Galinsoga decía que Pacón había puesto la letra y él la música. Pues esto es igual: yo pongo la letra y José Pablo pone la música, que es la parte atractiva. Por eso, insisto, yo aquí pinto poco.
Y de repente, Preston se queda en silencio. Avisamos: lo hará varias veces durante la próxima hora, tantas que uno no sabe si se ha dormido, se ha congelado la señal desde Londres o el bueno de Paul nos está vacilando a todos. Quizás son las tres cosas.
P. ¿Hay algo que le quede por saber de Franco?
P.P. Supongo. Hay que ser muy pretencioso o un fardón importante para creer que lo sabes todo sobre alguien. Yo llevo ya 50 años estudiando la figura de Franco y el gran misterio sigue siendo cómo en una misma persona coexisten a la vez las mayores estupideces con una astucia alucinante. Tiene una mezcla de malicia y de astucia realmente fuera de serie. Como la mayoría de los dictadores, Franco es corrupto, miente más que habla y es una persona deleznable, pero sigue siendo una figura misteriosa. Seguro que quedan cosas por saber de él, igual que hay cosas por saber, por ejemplo, de Trump. ¿Cómo es posible que personas así puedan prosperar, llegar al poder y mantener su popularidad?
P. ¿Se parecen en algo Franco y Donald Trump?
P.P. Realmente no. Ambos son deleznables, pero hay muchas diferencias. Franco no nació en una familia millonaria y su corrupción es diferente. Y en su relación con las mujeres hay unas diferencias alucinantes.
P. ¿Es Franco un personaje de tebeo?
P.P. Evidentemente no es ni Mickey Mouse ni el Pato Donald, pero sigue teniendo interés. Yo le he dedicado 50 años y a mí no me gusta aburrirme. Esos misterios que rodean a su figura me mantienen trabajando. A veces me planteo qué tal habría sido entrevistar a Franco, una persona rodeada de tanta mentira.
P. ¿Y qué le preguntaría?
P.P. ...
P. ¿Qué le preguntaría a Franco, Paul?
P.P. ...
P. ¿Hola? ¿Me oye?
P.P. Sí, sí. Estoy pensando... Creo que le preguntaría sobre su papel en la muerte del general Mola. O sobre su sucesión. O por cómo tenía el morro de presentarse como monárquico cuando todo lo que hacía iba dirigido a destrozar la monarquía.
"El gran misterio de Franco es cómo en una misma persona coexisten a la vez las mayores estupideces con una astucia alucinante"
P. Usted dice que Franco era muy astuto y también un poco gilipollas. ¿Qué fue más: astuto o gilipollas?
P.P. Según la situación. Pero ganó una guerra, sobrevivió en el poder casi 40 años y dejó un imperio de propiedades. Sería una candidez por mi parte pensar que alguien que pudo hacer todo lo que hizo no fue sobre todo una persona astuta.
P. Antes decía José Pablo que en la infancia de Franco se gesta parte de su carencia emocional del futuro. ¿Fue Franco un auténtico psicópata?
P.P. No soy psiquiatra y creo que intentar hacer psicoanálisis de figuras históricas muertas hace 50 años es inútil y muy difícil.
P. ¿Qué emocionaba realmente a Franco?
P.P. Ganar dinero, su afán de acumular.
P. ¿Más que España?
P.P. Supongo que ganar en todo es algo que le debió de emocionar. No parecía muy estimulado por las relaciones con las mujeres y mostró una gran frialdad en la represión, así que da la impresión de que le faltaban las emociones más normales. Es difícil hacer un juicio definitivo, pero en el fondo lo único que le interesaba a Franco era Franco.
P. ¿Cómo ha sido retratar la época de Franco militar?
P.P. Yo es que hay algo que tengo que decir... Es que yo no he visto este libro. No me ha llegado el cómic. He visto las galeradas, pero el libro aún no. Me tratan muy mal. Jajajaja. José Pablo, tú eres el niño mimado y con razón. Yo ya soy un viejo inútil.
J.P.G. ¡Yo pensaba que lo habías visto! Hay que ponerle remedio.
P.P. ¿Y cuánto vale?
J.P.G. Vale 23 euros, igual que el anterior y eso que han pasado ocho años...
P.P. Es barato, ¿no?...
P. Sí, pero... Les preguntaba antes cómo era el Franco militar.
P.P. Para enjuiciar su capacidad militar hay que ver antes lo que él se proponía. No se puede comparar a Franco con grandísimos militares como Napoleón o el general Rommel. Napoléon habría dicho que el objetivo en una guerra es conseguir la derrota del enemigo lo más rápido posible y con el menor coste. Pero eso a Franco no le importaba. Le daba igual el tiempo o el número de bajas de sus propias tropas, porque lo único que él pretendía era eliminar la República. Lo demás le daba igual. Si se le enjuicia como militar en términos napoleónicos, Franco fue un desastre. Fue infinitamente mejor político que militar.
J.P.G. Yo he disfrutado mucho dibujando esa época. Sobre todo porque es lo más parecido a una superproducción que he hecho hasta ahora. Toda la época africana conecta con Tintín y con los cómics de aventuras. La parte política es más desagradecida porque todo ocurre en despachos.
"Franco se ha convertido en un meme, un cliché, pero el cómic permite aportar matices a una personalidad muy compleja"
P. ¿Le preocupaba en esa parte más de aventuras que Franco resultase casi como un héroe de cómic?
J.P.G. Bueno, hay una viñeta en la que vemos a un grupo de marroquíes decapitados. Esa imagen quita toda clase de epicidad o heroicidad a la historia.
P. ¿Cuándo y cómo se construye el mito de Franco como héroe nacional?
P.P. Es algo que él mismo cuidó desde el primer momento. Y es curioso como en los años 20 ya supo manipular a la prensa. Una vez en el poder, ya tuvo toda una maquinaria de propaganda dedicada a engrandecer su imagen. Y eso lo hace con cierta maestría. Él establece un régimen basado en el terror y el pillaje, pero también un régimen de propaganda. Desde el 1 de abril del 39 y hasta su muerte, pone en marcha una gran obra de lavado de cerebro. Por eso queda todavía tanto franquismo en España. Franco manipuló la conciencia nacional durante casi 40 años y, al llegar la democracia, precisamente por ser democracia y regir la libertad de expresión, no hubo un contralavado de cerebro. Por eso pervive esa idea de que Franco es el gran héroe nacional que salvó a España de las garras de Moscú.
P. ¿Fue el pionero de las 'fake news'?
P.P. En cierto sentido, sí. Mi libro Arquitectos del terror juega con ese concepto, pero se nota por tu cara que no lo has leído... Deberías de estar avergonzado.
P. La semana pasada, un diputado de Vox dijo que "gracias a las redes sociales muchos jóvenes están descubriendo que la etapa posterior de la Guerra Civil no fue oscura, como nos vende este Gobierno, sino una etapa de reconstrucción, de progreso y de reconciliación para lograr la unidad nacional".
P.P. Hombre, evidentemente es basura. En términos de su contenido intelectual es absurdo, pero yo no puedo opinar sobre el impacto de las redes sociales. No tengo manera de contrarrestar estas cosas.
P. Bueno, ahora tiene un cómic...
P.P. Yo estoy encantado con la colaboración con José Pablo, pero hay ciertas cosas que no podemos arreglar.
J.P.G. La solución está en informar a todos aquellos que idealizan el pasado. Antes toda la parafernalia franquista se mostraba pero de una forma un poco más acomplejada; ahora ya la vemos sin ningún tipo de complejo. La gente puede cantar el Cara al sol en las calles de Madrid. Es bastante preocupante.
P.P. Ojalá el cómic tenga un impacto, pero la situación actual es tan deprimente que es difícil ser optimista.
P. ¿Qué le deprime a usted?
P.P. No sé. ¿Has oído hablar de la crisis del clima? ¿Te suena el nombre de Donald Trump? Supongo que ese diputado de Vox a quien acabas de citar tiene hoy más capacidad de hacer oír su voz que yo. ¿No te parece deprimente? ¿O tú eres optimista?
P. No, no. Me parece todo muy deprimente, sí.
P.P. Entonces estamos de acuerdo en nuestra miseria.
"Lo que realmente emocionaba a Franco era ganar dinero, su afán de acumular. En el fondo lo único que le interesaba a Franco era Franco"
P. ¿Se está banalizando el fascismo en estos tiempos en los que todo se tilda de facha?
P.P. ¿Quién ha dicho eso de que todo es facha?
P. Hoy se llama facha a todo el mundo. Hasta el presidente del Gobierno habla de una "fachosfera" que quiere derrocarle.
P.P. Esto para mí es problemático porque yo soy un historiador profesional. Cuando uno no es historiador puede utilizar la palabra fascista como insulto, o para describir a la extrema derecha. Pero a mí no me gusta llamar fascista a todo el mundo porque no lo son. Por ejemplo, Franco no era fascista. Era algo bastante peor. Franco era infinitamente peor que Mussolini.
P. ¿En qué sentido?
P.P. Era peor por la cantidad de sus conciudadanos que fueron asesinados y torturados mientras él estaba en el poder.
P. ¿Es comparable Franco con Hitler?
P.P. Hitler era mucho peor que un fascista. Sobre todo porque la esfera de sus operaciones era todo el continente de Europa. El de Franco era sólo España.
P. Hay un viñeta en el cómic, después de la cumbre en Hendaya, en la que Hitler le dice a Mussolini que preferiría arrancarse tres o cuatro muelas antes que volver a reunirse con Franco.
J.P.G. Franco tenía una ambición desmedida, como de emperador, e intentaba gustar a unos y otros. Y era gracioso representarle como un perrito babeando detrás de Hitler o Mussolini. Exigiendo su parte del pastel, pero sin tener nada a cambio.
P. ¿Quién influyó más en Franco: Hitler y Mussolini o su mujer, Carmen Polo?
J.P.G. La brasa que le dio Carmen Polo a Franco solo él lo sabe. Yo hago un homenaje a las matrimoniadas de José Luis Moreno en una escena de cama, ella comiéndole la cabeza a Franco, criticando a unos y a otros.
P.P. Hay testigos que dicen que ella siempre intentaba interferir. En los primeros años, él la mandaba callar, pero llega un momento, quizás a mediados de los años 60, en el que ella empieza a dominar. En esos años, cuando Franco está cada vez más gagá, hay veces que ni siquiera sabe quiénes son sus propios ministros. Y Carmen le dice a veces: '¿No te acuerdas? Este es al que le nombramos ministro del Ejército'. Eso es realmente alucinante. 'Nombramos', le dice. En esos años, Franco es cada vez más el pelele de su mujer.
P. ¿Cuál es la mayor mentira que pervive hoy sobre la figura de Franco?
P.P. Hay tantas... pero quizás que fuera un genio militar por ganar la Guerra Civil. Luego está toda la mentira del boom económico español de los años 60, cuando Franco no tenía ni la más mínima idea de economía. El boom fue, más bien, obra de los tecnócratas del Opus.
P. No sé si le han hecho alguna vez esta pregunta a Paul Preston pero... ¿es cierto que Franco tenía el culo blanco?
J.P.G. Porque su mujer lo lava con Ariel...
P.P. A mí no me consta...
P. ¿Habrá cómic sobre Juan Carlos I o no sería tolerado para menores?
P.P. Todo eso depende de José Pablo. Yo creo que si estamos pensando en nuestra misión educativa, nos queda la Segunda República y la transición a la democracia. Y evidentemente, en cuanto a Juan Carlos, también hay cosas de las que no hay fotos...
J.P.G. Bueno, ya están saliendo cositas. Yo no me he leído la biografía de Preston sobre Juan Carlos I, pero creo que el tema de las amantes no se toca, ¿no?
P.P. Yo soy de familia católica, no me meto en esto... Y si vosotros me lo permitís, me tengo que ir ya.
Franco
Editorial Debate. 192 páginas. 22,90 euros. Puede comprarlo aquí