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Reinaba aún Isabel II cuando se anunció una visita de Estado de los emperadores de Japón, Naruhito y Masako, al Reino Unido. La pandemia del coronavirus dio al traste con los planes. Ya este año, volvió a hablarse del esperado viaje en enero. Pero el impactante anuncio de que Carlos III padecía cáncer y de que se veía obligado a suspender su agenda pública dejó otra vez en el limbo el desplazamiento de los soberanos nipones. Hasta que a finales del pasado abril el Palacio de Buckingham dio la campanada con la noticia de la vuelta a la actividad plena del rey poniendo fecha a la visita de los emperadores como gran acontecimiento antes de las vacaciones de verano para una Monarquía británica necesitada de la recuperación de toda su pompa.
Pero en esas llegó el adelanto de la convocatoria de elecciones por parte de un desesperado premierRishi Sunak. Y, una vez más, el desplazamiento de Naruhito quedó en el aire. Quizá para espantar el fantasma del gafe, el viaje finalmente se producirá la próxima semana. Eso sí, con una programación muy diferente a la habitual en estas grandes citas diplomáticas porque, al producirse en plena campaña electoral -algo inédito-, se han anulado actos tan importantes como el discurso del emperador nipón ante el Parlamento de Westminster, su encuentro con el jefe de Gobierno y con otros políticos o toda cumbre bilateral de empresarios ávidos de aprovechar la ocasión para estrechar lazos económicos.
Se podría decir, así, que Naruhito y Masako, que aterrizan este mismo sábado en Londres para disfrutar de una primera parte del viaje más privada, van a protagonizar una atípica visita de Estado de carácter casi exclusivamente ornamental y centrada en visibilizar la sintonía entre dos de las dinastías más fascinantes del globo. Y es que, a todo lo dicho, se añade que ha habido que preparar cuidadosamente la agenda para adaptarla a las necesidades de la emperatriz, quien, como es sabido, sufre una enfermedad crónica de naturaleza depresiva inducida por el estrés causado por sus obligaciones reales. De ahí que esta misma semana un portavoz del Ministerio de Exteriores nipón haya subrayado que "el programa en el Reino Unido no es muy denso" para Masako, asegurando que la Consorte "está muy contenta de visitar el país".
En Japón están acostumbrados a que su emperatriz -la mariposa atrapada, como se la definió en su día en medios locales- aparezca y desaparezca recurrentemente de la vida institucional en función de su estado de salud. Cuando cumplió 60 años el año pasado, la propia Masako, anticipándose podríamos decir a la reciente estrategia comunicativa de Kate Middleton, la Consorte japonesa difundió un comunicado en el que volvía a hablar en primera persona de un tema hasta hace bien poco tabú en cualquier Monarquía como la salud mental: "Reflexionando sobre los días venideros, a veces me siento insegura sobre hasta qué punto seré capaz de servir a la gente. Pero me esforzaré por hacerlo lo mejor posible para poder contribuir a su felicidad".
Viajes excepcionales
Los viajes al extranjero de Masako son excepcionales y provocan expectación y preocupación enormes en Tokio. Desde que Naruhito ascendió al trono en 2019 -tras la histórica abdicación de su padre, Akihito-, a su esposa apenas se la ha visto fuera de Japón para asistir a los funerales de Isabel II en septiembre de 2022 y, un año después, para participar en el primer viaje de Estado de los soberanos nipones, a Indonesia. La cancillería de la Corte advirtió que "antes de cada acto, se tomará una decisión sobre la presencia de la emperatriz, en función de su estado de salud". Con todo, aquel desplazamiento a Yakarta fue considerado como un gran avance en su recuperación. El de ahora al Reino Unido será su segundo viaje al máximo nivel diplomático.
El martes, el día grande de la visita, el príncipe Guillermo -sin Kate, por las consabidas circunstancias, ya que está recibiendo tratamiento por su cáncer- recibirá oficialmente a los soberanos, a quienes acompañará hasta su encuentro con los reyes Carlos y Camila, quienes rendirán a sus huéspedes los máximos honores. El paseo en carruaje a lo largo del mall hasta Buckingham siempre es una exhibición majestuosa. En Palacio almorzarán los dos matrimonios y a continuación visitarán una exposición dedicada al imperio del Sol naciente en la Galería de Arte. Después, Naruhito y Masako acudirán a la Abadía de Westminster, donde tendrá lugar la obligada ofrenda floral. Ya al caer la tarde, comenzará el banquete de Estado, con duelo de tiaras incluido. Entre los comensales, estarán Rishi Sunak y el líder opositor, Keir Starmer, que se morderán las uñas sin poder decir una palabra de política en la víspera de su debate electoral.
La agenda continuará un día después, pero ya con Naruhito en solitario para dejar descansar a la emperatriz y que pueda participar el jueves en la recta final del viaje de Estado. El objetivo está claro: no presionarla más de lo imprescindible.
Estudios en Oxford
El Reino Unido es un país especialmente familiar para los emperadores de Japón. Naruhito estudió dos años en la década de los 80 en la Universidad de Oxford. Entonces, el príncipe saboreó la sensación de libertad por primera vez, participando en acontecimientos, como una fiesta campestre, hasta entonces desconocidos para el futuro emperador. Masako, por su parte, también realizó parte de sus estudios -una especialización de economía internacional- en Oxford. (Los monarcas nipones concluirán, de hecho, sus siete días en el Reino Unido con una visita de carácter privado a Oxford.)
A la plebeya le cambió la vida al contraer matrimonio con el primogénito del soberano nipón. En cuanto puso un pie en Palacio, comenzaron sus problemas al sentirse incapaz de adaptarse al protocolo más rígido de todas las Monarquías actuales. Masako tuvo que aprender a marchas forzadas cuestiones tan alambicadas como los significados esotéricos de cada uno de los 500 rituales y actos de ofrenda en los que participan al año los miembros de la familia imperial. Finalmente, no dar a luz un heredero varón acabó por agudizar su profunda depresión. No faltaron las voces que reclamaron a Naruhito que repudiara a su esposa y recuperara el viejo sistema imperial de concubinas para engendrar un sucesor. Él, que siempre se ha mostrado muy enamorado de su esposa y, además, de por su carácter bondadoso, se caracteriza por su liberalismo en una Corte tan rígida, se negó.