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Todo cambió en Nueva York

Desnutrición, mala salud, pobreza... La dura infancia de Audrey Hepburn durante la Segunda Guerra Mundial y tras ser abandonada por su padre

Audrey Hepburn, en los años 50.
Audrey Hepburn, en los años 50.GTRES
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Decía Joan Crawford en una de sus pocas entrevistas televisadas que las mejores actrices eran Margaret Sullavan y las dos Hepburn, Katharine y Audrey. De todas ellas, es la protagonista de Sabrina quien acabó por convertirse en icono de estilo y en la prístina representación icónica de lo que alguna vez se denominó glamour.

Pero hasta que Hubert de Givenchy la convirtiera en una de sus cisnes, con permiso de Capote, la intérprete belga tuvo que sortear a temprana edad un camino de espinas que le marcaron de por vida.

Para saber más

La guerra, el hambre y la pobreza fueron tres de los ejes vitales de Audrey para que, con su celebridad conseguida gracias al talento, la mercadotecnia de Hollywood y los sabios consejos de su primer esposo, Mel Ferrer, que controlaba el star system, acabara por convertirse en Embajadora de Buena Voluntad de UNICEF.

Antes de fallecer en 1993 a los 63 años a causa de un cáncer de colon, la estrella había viajado a Somalia, Sudán, Kenia, El Salvador, Guatemala o Vietnam. Tras su primer viaje a Etiopía en 1988 le dijo a un periodista que "hoy en día no me interesa promocionar a Audrey Hepburn. Me interesa contarle al mundo cómo pueden ayudar a Etiopía". Durante esos encuentros la intérprete de Desayuno con diamantes administraba vacunas contra la polio, reconfortaba en sus brazos a niños hambrientos, chequeaba bombas de agua, concedió decenas de entrevistas diarias para transmitir su mensaje, se aseguraba de que llegara la comida...

Audrey Hepburn, en una fotografía de los años 30.
Audrey Hepburn, en una fotografía de los años 30.GTRES

"Sé perfectamente lo que Unicef puede significar para los niños, porque yo estuve entre los que recibieron alimentos y ayuda médica de emergencia al final de la Segunda Guerra Mundial", confesó en 1988 cuando el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) la nombró Embajadora de Buena Voluntad.

Este miércoles 26 de marzo se publica la novela gráfica La guerra de Audrey, una bonita historia donde la trama la elabora Salva Rubio y los dibujos son de Loreto Aroca. La idea es simple. Los autores cuentan la infancia de Hepburn durante la Segunda Guerra Mundial.

Hace unos años, Sean Hepburn Ferrer, su primogénito, decía a Vanitatis que "nada es como parece y se ve. La vida de mi madre no fue fácil y hasta llegó a comer galletas de perro para matar el hambre". Nacida en 1929 en Ixelles, uno de los municipios de la región de Bruselas-Capital, sus padres fueron la baronesa Ella van Heemstra y Victor John Hepburn-Ruston, ex empleado del servicio diplomático británico y empleado de una fábrica de hojalata, que coquetearon con el nazismo al ser miembros de la Unión Británica de Fascistas. Con seis años sus padres se divorciaron, un hecho que marcó profundamente a la futura actriz. Su autoestima quedó herida de por vida.

Fachada de la casa donde nació Hepburn en 1929 en Ixelles, Bruselas.
Fachada de la casa donde nació Hepburn en 1929 en Ixelles, Bruselas.L.F.R.

Tal y como confesó su hijo Sean a LOC con motivo de la inauguración de la exposición Audrey Íntima en Bruselas en abril de 2019, "su niñez fue preciosa hasta que el padre la abandonó y le partió el corazón. La infancia fue dura porque pasó hambre, frío, vivió los bombardeos de la II Guerra Mundial y estuvo privada de libertad".

La actriz, en un fotograma de Ariane, de los años 50.
La actriz, en un fotograma de Ariane, de los años 50.GTRES

Durante sus primeros años escolares vivió en Inglaterra, pero cuando estalló la II Guerra Mundial su madre decidió mudarse con sus hijos a los Países Bajos. Pero el 10 de mayo de 1940 los nazis invadieron el país, por lo que la población sucumbió a una de las peores pesadillas de la historia. El sueño de Audrey era haberse convertido en bailarina de ballet clásico, pero quedó truncado por las consecuencias de la contienda.

Si en los primeros años de vida tuvo una infancia privilegiada llegó un momento en que los estragos de la contienda pusieron al mismo nivel a todas las clases sociales. La directora británica Helena Cocan, autora del documental Audrey: Más allá del icono (2020) comentó en su momento que la intérprete "tenía una gran profundidad: sufrió mucho en su vida y lo transformó en algo hermoso".

Debido a la invasión de Hitler, en los Países Bajos se agotó el abastecimiento de alimentos. Audrey sufrió desnutrición infantil, lo que le provocó un retraso en su crecimiento y que la constitución ósea no fuera la idónea para continuar con una carrera en lo clásico. Estaba tan famélica que no tenía fuerzas. Asimismo tuvo insuficiencia respiratoria, anemia e incluso hubo ciertos periodos en los que sobrevivió solo con agua y ortigas.

Después de diferentes peripecias, Audrey consiguió llegar a Nueva York, donde tuvo la suerte de encontrarse con Colette, autora de Gigí, que quiso que aquella pequeña chiquilla europea interpretara ese personaje en Broadway. Debutó en 1951. Dos años más tarde protagonizaría su primer filme, Vacaciones en Roma, junto a quien se convertiría en uno de sus amigos más íntimos, Gregory Peck. Por su papel ganó su primer Oscar. El último, el Premio Humanitario Jean Hersholt, lo ganó en 1993 por el conjunto de su obra solidaria.