CRÓNICA
Narcos en el gran río andaluz

Guadalquivir, el nuevo 'kilómetro 0' de la cocaína que se esnifa en Europa: "Pronto empezarán a aparecer cadáveres"

El reciente decomiso de 7.000 kilos de 'blanca' en una finca junto al río, metidos con lanchas que antes sólo traficaban con hachís, abre "un nuevo horizonte nada halagüeño", asegura un alto mando policial de la lucha contra el narco

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Grupo de narcos operando en el río Guadalquivir.
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El buque Bader III, con bandera de Palau, zarpó en marzo de 2024 desde el puerto de Cartagena de Indias, en el norte de Colombia. Su porte legal era ganado. Iba cargado con vacas. Pero en sus entrañas escondía una valiosísima mercancía, mucho mayor que aquellas cabezas de animales: 1.200 kilos de cocaína.

La droga estaba oculta en algún lugar de sus 204 metros de eslora. Entre sus tripulantes se encontraba el ciudadano serbio Radomir Z., cuyo único cometido era velar para que ese polvo blanco llegara a su destino, que no era otro que algún lugar recóndito del río Guadalquivir, a más de 7.400 kilómetros de distancia en línea recta.

Radomir Z. ejercía de notario en aquella navegación. Se encargaba de custodiar el alijo en representación de una organización de traficantes de Europa del Este. El clan que le daba trabajo, de origen balcánico, había encargado a un cártel colombiano este porte valorado en 20 millones de euros en el mercado negro. Pero ambas partes necesitaban de una banda de narcos que se lo sacara del mar al aproximarse a suelo continental europeo y lo llevara hasta una guardería (almacén seguro).

El Bader III cruzó el Atlántico con el objetivo de atracar en su siguiente destino, Egipto. Debía cruzar antes por las aguas del Estrecho de Gibraltar, esa lengua de mar que divide África de Europa. Pero a medida que se acercaba al pico más al suroeste del viejo continente, una lancha que había zarpado desde la desembocadura del Guadalquivir salió en su busca hasta dar con el buque. Allí, en la clandestinidad y en mitad de aguas internacionales, se produjo el trasvase de la mercancía a la narcoembarcación. Pero no fue lo único que salió del Bader III. Radomir Z. también se apeó del buque y saltó a la goma de los narcos que habían acudido a por ella. Su trabajo aún no había terminado. Debía responder con su vida si se perdía la mercancía.

A bordo de aquella narcolancha que partió en busca de la cocaína iban dos ciudadanos gallegos y un gaditano. Con Radomir Z. ya eran cuatro tripulantes. Uno de los dos gallegos, apodado el Rubio y vecino de Barro (Pontevedra), pilotaba la lancha. La primera parte del trayecto hacia la península fue sencillo y tranquilo. Pero el 5 de abril de 2024, cerca ya de las costas de Huelva y cuando les restaban un puñado de millas para alcanzar la desembocadura del Guadalquivir y poder remontar el río en busca del lugar idóneo donde alijar, fueron apareciendo inconvenientes en forma de barcazas de la Guardia Civil y de Vigilancia Aduanera, además de un helicóptero de la Benemérita. Fue entonces cuando se desató una persecución para evitar que la droga siguiera en manos de aquellos traficantes.

Aquella carrera entre narcos y hombres de ley enervó a los tripulantes de la lancha. Uno de los dos gallegos entró en pánico y comenzó a tirar fardos por la borda. Aquella actitud enfureció a Radomir Z., que no podía permitirse perder ni un solo kilo de cocaína. El ciudadano serbio y aquel gallego comenzaron a discutir y a darse mamporros. Radomir Z. se lanzó sobre ese otro tripulante y lo acuchilló varias veces. El gallego sufrió varios cortes de consideración, pero sin riesgo para su vida. Sin embargo, pese a ir armado, el notario de la droga salió peor parado. Cayó al mar cuando el piloto pegó un volantazo para tratar de zafarse del acoso policial. La Guardia Civil se vio obligada a rescatarlo del agua.

Sobre las dos de la tarde de aquel día, los otros tres tripulantes consiguieron llegar a la playa de Matalascañas, en Huelva, a un paso ya del Guadalquivir. Salieron corriendo. Dejaron varada la lancha a pocos metros de la orilla, a ojos de numerosos testigos que grabaron la escena con sus teléfonos móviles. Mientras, los agentes recogían los fardos que habían caído al mar. Se lograron recuperar, en total, y contando con los fardos que seguían a bordo de la embarcación, 627 kilos de cocaína. Se desconoce el destino de los restantes, hasta los 1.200 kilos que iban ocultos en el buque Bader III. Hay distintas hipótesis: o bien no se trasvasó toda la mercancía en alta mar o se usó una segunda lancha para ello.

Una lancha con varios narcos a bordo circulando por el Guadalquivir. Los traficantes lanzan garrafas de combustible al río por la presión de la Guardia Civil desde un helicóptero.
Una lancha con varios narcos a bordo circulando por el Guadalquivir. Los traficantes lanzan garrafas de combustible al río por la presión de la Guardia Civil desde un helicóptero.CRÓNICA

Diez días más tarde de aquella abrupta persecución, los investigadores policiales detuvieron en Galicia a el Rubio, llamado Iván A., y a su compinche gallego, Santiago R. El Rubio tenía varias mellas y magulladuras en la boca. Cuando los agentes le preguntaron qué le había ocurrido, respondió que tenía dolencias en la dentadura desde hacía tiempo y que se estaba tratando en una clínica dental. Pero, en realidad (y los policías lo sabían), se había caído a bordo de la lancha mientras eran perseguidos y había acabado impactando con la cara contra un hierro de la embarcación.

Todos los detalles de aquella navegación del buque Bader III obran en una causa judicial mucho más amplia dirigida por el titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 3 de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), Alexandre Codes Trujillo. Luego pasó a manos de la Audiencia Nacional. La investigación, cuyo origen se sitúa en mayo de 2023, permitió desarticular la que hasta ese momento era considerada la mayor organización de traficantes que operaba en aguas del Estrecho.

"LA CONSTATACIÓN DE ALGO INSÓLITO"

Las pesquisas del juez, de la Guardia Civil y de la Policía Nacional constataron que una banda de traficantes asentada en la desembocadura del río Guadalquivir contaba con decenas de lanchas a su servicio, con tripulaciones viviendo durante semanas en el mar y con embarcaciones de apoyo para suministrar combustible, víveres y dar relevos a las principales. Y algo aún más importante para el negocio, una auténtica revolución: no traficaba sólo con hachís, sino también con ingentes cantidades de cocaína.

«Fue la constatación de algo insólito hasta hace dos o tres años», confirma un alto mando policial de la lucha contra el narcotráfico en el sur de España. «Antes, los narcos del Estrecho, los de las lanchas, no los del puerto de Algeciras, que esos sí tiene tradición con los contenedores, sólo se dedicaban al chocolate. Ahora ya les da igual meter blanca en sus embarcaciones».

Aquella organización servía a los cárteles colombianos y a sus clientes a este lado del Atlántico para dar entrada a la cocaína que unos sirven y otros distribuyen por toda Europa. Habían convertido el Guadalquivir en el kilómetro cero de la coca que se esnifa en el viejo continente. Los investigadores piensan que un submarino artesanal que partió desde Latinoamérica se les hundió a unas 500 millas de la península cargado con seis toneladas de polvo blanco. Las embarcaciones de este clan desarticulado debían recepcionarla en alta mar y trasladarla después a tierra.

La operación se saldó, en la primavera de 2024, con la incautación de 5.850 kilos de hachís —aunque se tiene constancia de que, en febrero de ese año, la citada banda introdujo por el Guadalquivir diez toneladas de chocolate a bordo de dos lanchas— y 637 kilos de cocaína de aquel envío de 1.200 en el buque que partió desde Cartagena de Indias.

La cocaína que ahora llega al extremo suroeste de la península ibérica en narcolanchas pasa, en la mayoría de ocasiones, por países como Mauritania. También por la frontera de este país con el Sáhara Occidental. Una vez allí, a través de sus costas, se trasvasa luego a veleros o pequeños barcos de pesca para cambiar de bandera y dificultar la labor policial de seguimiento. Después, acercan la mercancía al continente europeo.

En ese momento entran en juego las lanchas que antaño sólo metían hachís por las costas andaluzas. Se conoce como la ruta africana. La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) alerta desde hace años de que el África occidental se ha convertido en la vía por la que entra la cuarta parte de toda la cocaína ingresada en Europa, alrededor de unas 50 toneladas al año, con un valor aproximado en el mercado de cerca de 2.000 millones de euros.

UN NARCO EN RETIRADA: "HAY CARGA EN CINCO MINUTOS"

«Ahora siempre hay alguien que quiere meter farla por aquí», explicaba un traficante en retirada hace unas semanas a un grupo de personas con las que estaba reunido en la mesa de un conocido restaurante de la provincia de Cádiz. «Si no hay carga de hachís, a los cinco minutos tienes una carga de cocaína para que puedas seguir trabajando. Los colombianos saben que aquí se hacen las cosas bien y que los clanes tienen muy trabajado el terreno».

Las últimas incautaciones constatan esta afirmación. Antaño, los grandes alijos de cocaína en Andalucía se producían en el puerto de Algeciras, a través de la introducción de la mercancía en pesados contenedores. Pero a finales de diciembre de 2024, la Guardia Civil encontró un alijo de 7.000 kilos de coca ocultos en una finca de Coria del Río, una localidad sevillana ribereña del río Guadalquivir. Se trata de una zona muy próxima a donde viven varios narcos históricos, como Ginés el Negro o Jaime González, apodado el manco de Bellavista. Ginés, al menos, todavía tiene cuentas pendientes que saldar con la justicia.

Toda esa droga, señaló la Benemérita en un comunicado, había llegado hasta allí, poco a poco, a bordo de lanchas que hasta hace unos años sólo estaban manchadas con chocolate. Los centenares de fardos hallados llevaban el distintivo de sus diversos dueños: muchos de ellos aparecieron con la imagen de un diablillo tocando una guitarra.

Uno de los cientos de fardos de cocaína hallados a finales de diciembre pasado en una finca de Coria del Río (Sevilla). Muchos de ellos llevaban el distintivo de un diablillo tocando la guitarra.
Uno de los cientos de fardos de cocaína hallados a finales de diciembre pasado en una finca de Coria del Río (Sevilla). Muchos de ellos llevaban el distintivo de un diablillo tocando la guitarra.CRÓNICA

Los traficantes habían ideado un plan para ocultar las siete toneladas de polvo blanco hasta darle salida: mantener la droga bajo tierra, dentro de dos grandes contenedores de mercancías que se habían incrustado en un enorme socavón abierto con maquinaria pesada. Para acceder a la mercancía, sus propietarios sólo debían retirar una trampilla y descender hasta el habitáculo a través de unas escalerillas.

Hasta la fecha, se trata del mayor cargamento de esta droga que haya sido introducido por el río Guadalquivir a través de narcolanchas. Para dimensionar bien este alijo se puede comparar con otro también reciente en el puerto de Algeciras, en octubre pasado. Un contenedor ocultaba 13,5 toneladas de cocaína. Supone la incautación de mayor volumen en la historia de la lucha policial contra el tráfico de estupefacientes en España.

"VAN A APARECER CADÁVERES"

A principios de esta semana, otro traficante se sienta a una mesa con el reportero de Crónica para hablar sobre el floreciente negocio que corre por el gran río andaluz. Comenta que siempre se ha movido con «la gente de Sanlúcar», aunque conoce a los narcos de La Línea de la Concepción, de Algeciras... Cuenta que «la llegada de la blanca al río lo cambia todo».

«El negocio está más que nunca. La pérdida de esos siete mil kilos no es cualquier cosa, hermano. Eso se tiene que pagar sí o sí», asegura. «Pronto empezarán a aparecer cadáveres por aquí y por allá. El tiempo me dará la razón. Los traficantes de esta zona, que son recién llegados a la coca, todavía no tienen capacidad para hacer frente a deudas tan grandes. Los gallegos, en cambio, están acostumbrados a eso. Pero los de aquí... Estoy seguro de que va a haber un baño de sangre por esas siete toneladas cogidas por los verdes —se refiere a la Guardia Civil—».

Incautan en Sevilla siete toneladas de cocaína, el mayor alijo introducido a través de narcolanchasE.M

El decomiso de esos 7.000 kilos de cocaína, sumado al de los 637 de la lancha del buque Bader III, es el tercero que se realiza en Andalucía desde 2023. El verano de aquel año se interceptó una narcolancha en Barbate (Cádiz) con 22 fardos de cocaína. Ni uno era de hachís. Fueron alrededor de 770 kilos de esta droga. «El negocio está en ebullición», explica la fuente policial citada anteriormente. «La llegada de la cocaína en lanchas del hachís nos abre un nuevo horizonte. Y no parece nada halagueño».