ESPAÑA
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Los regates a la cárcel del yihadista que se arrancó la pulsera de localización antes de asesinar a tres agricultores

El Morabit fue condenado por enaltecimiento y por trasladarse a territorios del Estado Islámico

El asesino en serie de agricultores españoles es un yihadista que ha sido detenido en Francia
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Cuando cometió los asesinatos, Allal el Mourabit Ahmmar estaba ya incumpliendo varias de las medidas de libertad vigilada que le había impuesto la Audiencia Nacional, entre ellas la de llevar una pulsera electrónica que permitiera controlar su ubicación. En septiembre de 2023, dos meses antes de las dos primeras muertes, se la quitó y desapareció.

El islamista arrestado este miércoles en Francia había ido detenido en Irún en 2016, en una operación que reflejaba la preocupación de las Fuerzas de Seguridad de que se reprodujera en España el atropello masivo con un camión articulado que había tenido lugar en Niza en julio de ese año. El Mourabit se dedicaba entonces a conducir un camión por Europa. De hecho, su arresto se produjo en Irún, en la frontera, cuando regresaba de un viaje a Alemania.

El procedimiento concluyó en una condena de tres años de prisión y otros tres de libertad vigilada por los delitos de autoadoctrinamiento terrorista y de desplazamiento a una zona terrorista. Cuando terminó de cumplir el periodo de encarcelamiento, el 4 de noviembre de 2021, la Audiencia fijó unas medidas para la siguiente etapa de libertad vigilada, que debía durar hasta el 4 de noviembre de 2024.

Agentes de la Guardia Civil trasladan al detenido Allal el Morabit.
Agentes de la Guardia Civil trasladan al detenido Allal el Morabit.G. C.

Inicialmente se le impusieron, al menos, presentaciones periódicas en comisaría y prohibición de salir de Vitoria, donde residía. El CNI comunicó al tribunal que dado el perfil islamista de Mourabit consideraba necesario imponer medidas más estrictas. Según fuentes jurídicas, reclamó en torno a una decena. La pulsera telemática fue una, pero también la prohibición de conducir camiones -de nuevo el temor a lo ocurrido en Niza- o de manejar drones. También se le impusieron limitaciones en cuanto a los cursos que podía recibir y a su contacto con menores, a los que se temía que pudiera radicalizar.

Las medidas de vigilancia fueron muchas, pero un día de septiembre de 2023 El Mourabit se hartó y se quitó la pulsera, de la que protestaba continuamente. Por la limitación que le suponía y por cosas menores, como las continuas llamadas comerciales que recibía en el teléfono que debía llevar asociado a la pulsera.

Tras su arresto el 20 de noviembre de 2016, Mourabit pasó a prisión provisional y así estuvo hasta el juicio. Fue condenado, pero al no ser firme la sentencia tuvo que ser puesto en libertad, ya que había superado como preventivo más de la mitad de los tres años que se le impusieron. Cuando la apelación en la Audiencia y la casación en el Supremo fueron desestimadas, cumplió lo que le restaba.

Mientras estaba libre a la espera de los recursos, volvió a ser arrestado, esta vez por autoadoctrinamiento y enaltecimiento. Resultó absuelto al estimar el tribunal que el material que se le atribuía, debidamente traducido, no era lo suficientemente radical.

En el juicio que llevó a su condena, El Mourabit mostró gran indiferencia. No quiso preparar su defensa y decía que lo mismo le daba si le caían 10 años, porque sería el deseo de Alá. Se limitó a preparar un largo speech para la última palabra que acabó olvidando en el calabozo.

Su comportamiento reflejó claramente su despreocupación. Cuando se le preguntó por el viaje a Turquía, antesala de la zona siria del Daesh, respondió: «Fui con el mismo objetivo con el que se fue de aquí mucha gente a Cartagena de Indias, de vacaciones», dijo, en referencia a los polémicos viajes de la judicatura que acababan de aflorar en las grabaciones del comisario Villarejo. «Y no tengo que explicarle a nadie cómo me voy de vacaciones. Ni al fiscal ni a nadie», añadió El Mourabit, que ahora deberá dar explicaciones por unos asesinatos que podrían costarle la prisión de por vida.