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Asma Asad: la rosa del desierto sirio se marchitará en Moscú

La guerra marcó el inicio del ocaso de la mujer de Bashar Asad, que presumía de ser la cara moderna y laica de Siria. Los medios occidentales la adoraban.

La mujer de Bashar al Asad durante una visita al Museo del Louvre en 2008
La mujer de Bashar al Asad durante una visita al Museo del Louvre en 2008AFP
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En una de sus imágenes más icónicas, Asma Assad, esposa del derrocado presidente sirio Bashar Asad, mira desde las alturas la ciudad de Damasco. La exprimera dama tiene una mirada melancólica que queda plasmada en un largo perfil para una revista de moda, que la califica de "rosa en el desierto". El texto se deshace en elogios sobre la austeridad que ostenta la mujer del dirigente sirio, en contraste al "deslumbramiento de la alta costura y el brillo del poder de Oriente Próximo" y califica su gobierno de "salvajemente democrático".

Pocos días después de la publicación de este perfil en el año 2011, los fallecidos en Siria ya superaban los 5.000, entre ellos cientos de niños. Asad reprimía las protestas antigobierno cada vez con más violencia y el país estaba al borde de una guerra civil. La revista se vio forzada a eliminar la publicación ante las crecientes críticas. Años después una investigación reveló que la familia Asad había invertido miles de dólares en contratar a empresas estadounidenses para que limpiaran su imagen en los medios occidentales. El año 2011 marcó el inicio de la guerra Siria, en la que murieron más de 500.000 personas y otros seis millones se vieron forzados a huir del país. La guerra marcó también el inicio del ocaso de Asma, que hasta ese momento gozaba de ser la cara moderna y laica al frente de un país árabe. Medios de comunicación y analistas políticos dudaban cada vez más sobre si conocía y apoyaba las acciones de su marido.

Para saber más

Nacida en Londres en 1975 en el seno de una familia siria de clase alta, Asma creció ajena a los acontecimientos del país levantino. Pasaba los veranos en Siria con su familia, en una vida de burbuja en burbuja. Desarrolló una carrera en el sector bancario en Londres y abandonó la ciudad a finales de los años noventa de la mano de su pareja, un joven Bashar, estudiante de oftalmología, que se vio forzado a dejar su vida de lujos ingleses para asumir el papel de jefe de Estado en Siria. Bashar creció pensando que se podría despegar de las responsabilidades de su padre Hafez, pero la muerte de su hermano mayor en un accidente de coche cambió por completo sus planes. Asma se casó con Bashar nada más llegar a Siria y se vio forzada a pasar por un proceso de cambio de imagen. La madre de Bashar rechazaba la elección de su hijo por el origen musulmán suní de Asma, porque los Asad querían crear una dinastía alauí -una minoría siria- similar a la de la familia real saudí, según recoge el autor Sam Dagher en un libro sobre la historia reciente de Siria.

Asma y Bashar Asad con sus tres hijos meses antes de la caída del régimen.
Asma y Bashar Asad con sus tres hijos meses antes de la caída del régimen.afp

Así Asma asumió su papel de primera dama en el año 2000, intentando representar el cambio y la apertura a la que todos los sirios aspiraban tras tres décadas de represión de Hafez Asad. Preocupada por las cuestiones sociales, Asma impulsó varias organizaciones humanitarias para el desarrollo de mujeres y niños, llenó la agenda de la capital de actos culturales y acercó al país árabe a los socios occidentales. Logró poner en el mapa internacional a Siria y presentar al país como una nación moderna en la que los famosos europeos y estadounidenses se querían fotografiar. "Soy británica y soy árabe. No soy lo uno ni lo otro. Formo parte de dos mundos", declaró Asma en una entrevista en 2007.

Bashar Asad acompaña a su mujer en una sesión de quimioterapia
Bashar Asad acompaña a su mujer en una sesión de quimioterapiaREUTERS

En la última década trató la guerra como un fenómeno natural inevitable e incluso optó por presentarse como una víctima más del conflicto. "He decidido hacer pública mi estado de salud porque los sirios han compartido mucho en esta guerra", declaró durante el anuncio en 2018 de que padecía cáncer de mama. "Compartir batallas personales realmente ha unido a los sirios", señaló.

Unas revelaciones de WikiLeaks mostraron que la primera dama había gastado 350.000 dólares en muebles y más de 7.000 en zapatos durante el curso de la guerra. Además su hijo mayor estudiaba en Moscú, donde la familia Asad compró más de una veintena de apartamentos de lujo en un intento de invertir su dinero y evadir las crecientes sanciones que pesaban sobre el régimen. Nadie imaginó que años después sería precisamente en Moscú donde Asma huyó con sus otros dos hijos, días antes de que cayera el gobierno de su marido. El fin de la dinastía de los Asad tuvo lugar cuando Asma llevaba meses fuera del foco mediático tras anunciar que padece leucemia. Ahora inicia una vida incierta en la que no podrá regresar a Siria, pero tampoco a su otro hogar, Reino Unido, donde ha sido calificada de persona non grata. "Haré todo lo que esté en mi mano para garantizar que ningún miembro de esta familia pueda establecerse aquí", sentenció el jefe de la diplomacia británica, David Lammy.