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El pretendiente del trono de Belgrado acecha: la familia real de Serbia se reivindica en medio de la profunda crisis política que azota a la nación

Con la nación balcánica sumida en su mayor inestabilidad institucional desde la caída de Milosevic, el príncipe Alejandro de Yugoslavia respalda las protestas de los jóvenes y estudiantes, mientras lucha contra el cáncer

Foto histórica del príncipe Alejandro de Serbia, con su hijo Felipe y su nieto Esteban.
Foto histórica del príncipe Alejandro de Serbia, con su hijo Felipe y su nieto Esteban.LOC
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Serbia se ha instalado en su mayor crisis institucional desde la caída de Slobodan Milosevic en el 2000, con un masivo pulso ciudadano que desde hace meses encadena protestas y manifestaciones contra el Gobierno nacionalista populista encabezado por el presidente Aleksandar Vucic, acorralado por graves casos de corrupción que han provocado el hastío de buena parte de los serbios. Y, en este escenario tan preocupante, muchos ojos miran hacia la familia real de la nación balcánica.

No extraña así que, aunque el príncipe Alejandro (79), jefe de la dinastía Karadordevic -que reinó en la antigua Yugoslavia hasta 1945-, es siempre muy cuidadoso a la hora de dar pasos o de pronunciarse en términos que se puedan considerar como injerencia política, ante la magnitud de la multitudinaria marcha en Belgrado del pasado sábado no dudara en lanzar un comunicado. En él, el príncipe Alejandro se solidarizó con las razones por las que hoy la población serbia está "justamente agitada", y resaltó la "responsabilidad y su amor por nuestro país" mostrados por los jóvenes y estudiantes que lideran el movimiento de protesta desde el pasado noviembre, tras el colapso del techo de la estación de tren de Novi Sad que mató a 16 personas, y que reveló prácticas corruptas en la Administración de Vucic. El jefe de la Casa Real incluso reclama a las autoridades a actuar en beneficio de todos, para que las protestas se desarrollen sin problemas.

A Alejandro de Serbia y su segunda esposa, la princesa Katherine (81), de origen griego, este estallido social que reclama una regeneración profunda en el sistema político les ha cogido en el extranjero, concretamente en Estados Unidos. Se cree que su prolongada estancia en Norteamérica se debe a razones médicas. El 2024 fue un annus horribilis para los Karadordevic.

El príncipe Alejandro, junto a su esposa, Katherine.
El príncipe Alejandro, junto a su esposa, Katherine.AP

En febrero de ese año, el pretendiente al trono de Belgrado hizo público que padecía cáncer -en su caso de próstata-. Le animó a revelarlo el que se conociera por aquellos días la enfermedad de uno de sus primos reales, Carlos III de Inglaterra. Por si fuera poco, ya en diciembre, se dio a conocer que la princesa consorte Katherine también había sido diagnosticada del mismo mal. "Su Alteza Real se ha sometido con éxito a una operación de cáncer de páncreas en el Centro Médico de la Universidad de Pittsburgh (UPMC). Tras exhaustivas consultas médicas, su equipo médico determinó que era necesaria una intervención inmediata y se muestran optimistas respecto de su pronóstico", se difundió en un comunicado esperanzador pero a través del que los serbios conocieron que la pareja real afronta una dura lucha contra la enfermedad.

El matrimonio se dejó ver a principios de semana en un oficio religioso en la Iglesia de San Juan Bautista en Paterson (Nueva Jersey) oficiado por el obispo de América del Este, Irinej, una figura de la Iglesia ortodoxa serbia bien relacionada con la Administración de Donald Trump.

La relación de los Karadordevic con el nuevo presidente estadounidense también es excelente. Su amistad se forjó hace ya bastantes años, cuando el republicano era una celebridad de los negocios que todavía ni se imaginaba en política. Y, durante el primer mandato presidencial de Trump, el príncipe Alejandro y su mujer tuvieron diferentes encuentros con el inquilino de la Casa Blanca, que incluso les recibió en varias ocasiones en su residencia privada de Mar-a-Lago, en Florida. Así las cosas, tras la segunda victoria de Trump el pasado noviembre, el heredero de Alejandro, el príncipe Felipe, no dudó en hacer un llamamiento a la nueva Administración para que revoque el reconocimiento de Kosovo como estado. Es la gran herida en la política serbia, uno de los asuntos no resueltos en el siempre convulso puzzle balcánico, y la familia real serbia a su manera también juega sus cartas gracias a sus influyentes conexiones internacionales.

Restauración monárquica

Ante la crisis sistémica que aqueja a Serbia, el historiador Hadzi Milo Marinkovi, conocido activista en favor de la Corona, escribía un artículo días atrás en el que reivindicaba que "hoy, más que nunca, se demuestra que la restauración de una Monarquía parlamentaria constitucional es la única solución duradera y saludable [para Serbia], junto con la construcción y mejora de otras instituciones".

Lo cierto es que, desde la caída del comunismo y la desintegración de Yugoslavia, en la nueva Serbia siempre ha existido un apoyo no residual a un posible retorno de la monarquía. No existen datos demoscópicos recientes fiables, pero en la pasada década institutos de opinión realizaron estudios que aseguraban que en torno al 30% de los ciudadanos creían bueno para su país una Jefatura de Estado coronada apartidista y neutral que contribuyera a regenerar la vida institucional. En todo caso, no es un debate abierto en la sociedad, ya que en la Asamblea Nacional, con 250 escaños, sólo hay tres fuerzas, incluido el Movimiento para la Restauración del Reino de Serbia -que suman 23 diputados- que abogan por recuperar la Corona. Pero en ciudades como Belgrado son cada vez más activos grupos como la Asociación Reino de Serbia, apadrinada por el propio príncipe Alejandro, dedicados a hacer pedagogía sobre los beneficios que supondría contar con un rey en la cúspide del entramado institucional nacional.

Para saber más

Tras una larga vida como apátrida, el pretendiente pudo pisar por primera vez su tierra en 1991, aunque no se instaló en Belgrado hasta el año 2000, al tiempo de la caída del Milosevic. El jefe de los Karadordevic obtuvo entonces la nacionalidad serbia y los tribunales le devolvieron importantes propiedades de la familia real que habían sido incautadas por el régimen socialista, entre ellas el Palacio Real y el Palacio Blanco.

La presencia en la vida pública de Serbia de Alejandro, uno de los primos más queridos para nuestra Reina Sofía, no ha dejado de crecer en estas décadas, muy apreciado además por la labor filantrópica que realiza. Pero la dinastía sufrió una gran crisis casi existencial en el año 2022.

La renuncia

Y es que el primogénito de los tres hijos de Alejandro de Yugoslavia, el príncipe Pedro, sin ni siquiera acordarlo con su progenitor, renunció a sus derechos como heredero en favor de su hermano, el príncipe Felipe. Alejandro no ocultó su dolor y se mostró muy crítico por que un gesto de esa trascendencia se adoptara sin su consentimiento como jefe de la Casa y sin respetar ni la tradición ni las reglas de la dinastía. La renuncia no tuvo lugar ni siquiera en el Palacio Real de Belgrado, sino que se materializó en un país extranjero, España, sin contar con la bendición de la importante Iglesia ortodoxa serbia ni con la participación en el proceso del Consejo de la Corona.

El príncipe Pedro firmó su abdicación en Sevilla, la ciudad donde reside, en el imponente Palacio Casa de Pilatos, emblemática obra arquitectónica del siglo XV y joya de la Fundación Casa Ducal Medinaceli que tiene al frente al duque de Segorbe, Ignacio Medina y Fernández de Córdoba. Y éste es el marido desde hace 38 años de la primera esposa de Alexander de Yugoslavia y madre de sus tres hijos, María Gloria de Orleans-Braganza y Borbón, prima carnal del Rey Juan Carlos -es hija de María de la Esperanza de Borbón-Dos Sicilias y Orleans, hermana de la fallecida doña María de las Mercedes, condesa de Barcelona-.

Lo ocurrido distanció al pretendiente al trono de Belgrado con sus vástagos, que estuvieron sin hablarse durante casi dos años, poniendo en serio peligro el papel que la Casa Real desempeña ya hoy en Serbia. Pero a principios de 2024, coincidiendo justamente con el diagnóstico de cáncer de Alejandro, se produjo la reconciliación de éste con quien ya asume como su sucesor, el príncipe Felipe (43).

Y, de hecho, es éste quien desde entonces ha asumido el mayor protagonismo en representación de la Corona, junto a su esposa, la princesa Danica, con quien tiene dos hijos: los príncipes Esteban y María. Si la llama monárquica vuelve a prender en una Serbia tan necesitada de una catarsis constitucional, todos los ojos se posarían de hecho sobre Felipe, firmemente comprometido con un destino histórico al que le empujó una renuncia de su hermano cuyos verdaderos motivos siguen siendo un enigma y engordando la rumorología.