CUERPO
Entrevista

Así ha cambiado la vida de Dani Molina, campeón paralímpico de triatlón: "Llegué a pesar 100 kilos cuando no podía moverme, ahora estoy en 66 y me cuesta engordar de la actividad"

En 1997, perdió una pierna en un accidente de moto. El madrileño se enganchó al deporte hasta el punto de colgarse su primera medalla dorada en París, ser cinco veces campeón del mundo y siete de Europa

El deportista Daniel Molina (Madrid, 15 de septiembre de 1974), tras su entreno diario, posa en una suite de NH Collection Eurobuilding.
El deportista Daniel Molina (Madrid, 15 de septiembre de 1974), tras su entreno diario, posa en una suite de NH Collection Eurobuilding.JAVI MARTÍNEZ
Actualizado

Hasta el pasado septiembre, el día a día de Dani Molina (Madrid, 15 de septiembre de 1974) era muy normal. "Me levantaba, llevaba a los niños al colegio, entrenaba, comía, descansaba un poquito, los recogía y jugaba con ellos hasta la hora de la cena". Convertido en campeón paralímpico de triatlón, tras dar a España su primera medalla en este deporte durante los Juegos de París 2024, su calendario echa humo. Reuniones, entrevistas, eventos... y eso, siendo tan metódico, le desquicia un poco. "Soy una persona de rutina, muy cuadriculada, y he tenido que pasar el entrenamiento a la hora de comer, algunos días quedándome sin almorzar para poder llegar a todo".

Empezó en el deporte de competición tras perder una pierna en un accidente de moto, en 1997, sin ninguna pretensión. "Llegué a pesar 100 kilos cuando no podía moverme, ahora estoy en 66 y me cuesta engordar de la actividad. He conseguido que me paguen por hacer lo que me gusta", sonríe. Simplemente, se le daba bien desde niño, cuando empezó a nadar. "Hacía de todo: baloncesto, esquí, atletismo, fútbol... Lo de profesionalizarme en el triatlón fue la forma de sentirme un poco mejor por esta circunstancia de la vida, aconsejado por un amigo que me enganchó". Antes, confiesa, cuando les veía correr, nadar y montar en bicicleta, "pensaba que era un deporte de pirados y que estaban mal de la cabeza por dedicarle esas horas".

UNA VEZ EN LA VIDA

Con suerte y su trabajo disciplinado quizá pueda llegar a luchar por estar en los siguientes Juegos de Los Angeles. Por si acaso, aprovechó su oportunidad. "Sabía que es una vez en la vida y así se lo dije a mi entrenador, desde la confianza que te aporta haber sido campeón del mundo varias veces seguidas". Él ya le conoce bien, llevan juntos 10 temporadas. "Adaptamos los volúmenes para evitar acabar con lesiones".

Hubo momentos de bajón, sin obsesiones. Pero sabía que podía llegar. "Llevo una prótesis para montar en bicicleta y otra para correr, entrenando prácticamente igual que el deportista de élite sin discapacidad, con mis limitaciones", explica. No puede correr más de cinco días a la semana, por ejemplo. "Hago mucho gimnasio y más bici para compensarlo". Rodeado de 4.000 atletas con discapacidad, verdaderamente fue consciente de lo increíble de la hazaña. "Ves cosas que te llegan a afectar. Piensas que tú no tienes nada comparado con otras personas, te deja tocado y sin derecho a queja". Recuerda una anécdota en el comedor común: "Un padre y una madre se sentaron con su hijo en silla de ruedas, que jugaba a la bocha con un palo y sólo podía mover la cabeza, y yo pensaba: ¿Qué vida es esta?".

SU NUTRICIÓN Y ENTRENAMIENTO

Molina, convencido de que sólo tiene un cuerpo y piensa aprovecharlo, entrena 16 horas semanales, que ascienden a 25 en Juegos. "Diariamente estoy quemando entre 3.000 y 4.000 kilocalorías, así que de vez en cuando me puedo permitir un exceso, pero normalmente divido el plato en tres, meto verdura, proteína y algo de hidratos. No tomo fritos e intento cuidarme, no por estar delgado, sino para rendir". La gasolina buena para funcionar bien. "Soy una persona que tiende a engordar si no se mueve y ya tengo mis 50 años". ¿Se llega uno a acostumbrar a ese ritmo intenso? "Los niños me agotan más, tienen ocho y tres años", bromea. "Estoy más cansado los días que no entreno".

Siempre hace de la necesidad virtud. "El accidente me cambió la vida para mejor, sin duda, yo estaba muy distraído llevando un bar de copas y viviendo más la noche que el día". Tenía 22 años y fue un punto de inflexión. "Te crees que nunca te va a pasar nada a ti y aprendes a valorar lo que importa: a tu familia, a tus amigos... y no lo material. Pero es duro y duele. Se acepta, sobre todo, si podías haber muerto, y se es feliz. Es mejor estar aquí con una pierna que arriba con dos", sentencia.

EMBAJADOR

Ahora inculca esos valores y el deporte en los colegios a los chavales y como embajador del Madrid Spring Festival, evento cultural, gastronómico y deportivo, que se celebrará del 7 al 9 de febrero en la Plaza de Colón. "Animo a todo el mundo a participar en la carrera y hermanarse con el Año Nuevo Chino 2025: el año de la Serpiente".

Cree que la gente se ha enganchado al running porque es un deporte muy fácil y barato, si exceptuamos la inversión en deportivas. "Aunque es cierto que al principio es duro y cuesta, cuando pasas esa fase, estás al aire libre y es una gozada". Confiesa que él no se siente mentalmente preparado para un maratón: "42 kilómetros con una prótesis es un impacto muy grande, me quedo en los 10 o la media".

Cada uno puede hacer lo que quiera, pero piensa que no todo el mundo se debería lanzar a lo loco, por muy de moda que esté. "Hemos llegado a un punto en que machacamos nuestro cuerpo, y sólo tenemos uno. En el triatlón se ha creado también esa tendencia de que cuanto más duro, mejor. El Ironman con más desnivel, las peores condiciones... yo he visto terminarlos andando y en 18 horas. Creo que debemos marcarnos objetivos reales. ¿Para qué quieres lograr un Ironman si no vas a poder volver a hacer deporte luego el resto de tu vida?", se pregunta.

Fuera de la élite, recomienda la parte más lúdica que te permite desconectar del ajetreado día a día. "Yo cuando trabajaba, mi mejor momento del día era mi entrenamiento solo. El deporte debería ser obligatorio y las empresas tendrían que promover el ejercicio entre sus trabajadores. A mí personalmente me da felicidad y me permite pensar".