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Cientos de médicos rebeldes en prisión no pueden salvar vidas tras el destructivo terremoto de Birmania

Casi 1.000 sanitarios fueron arrestados por oponerse a la Junta Militar golpista

Un monje budista observa una pagoda derrumbada por el terremoto, ayer en Mandalay (Birmania).
Un monje budista observa una pagoda derrumbada por el terremoto, ayer en Mandalay (Birmania).THEIN ZAWAP FOTO
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Al cirujano Win Soe lo arrestaron mientras operaba a un paciente en una clínica privada de Mandalay, la segunda ciudad más grande de Birmania. Cinco oficiales militares, que vestían de civil, irrumpieron en el quirófano, inmovilizaron bruscamente al médico y se lo llevaron. Aquello ocurrió el día de Navidad de 2021, 10 meses después del golpe de Estado. El doctor Win había participado en las multitudinarias protestas en Mandalay, encabezadas por una marea blanca de médicos y enfermeros que se oponían a trabajar bajo el yugo del régimen militar. "Lo torturaron en prisión y desde hace un año lo tienen en aislamiento, o eso nos han dicho, porque no hemos vuelto a poder hablar con él", cuenta por teléfono su hermana, Aung, también médico, que escapó del país por miedo a que también la detuvieran y se refugió en la vecina Tailandia. "Ahora, tras el terremoto, el ejército debería soltar a los cientos de médicos que hay encarcelados para que ayuden a los heridos", afirma.

Mandalay, hogar de más de un millón de personas, ha sido la ciudad más devastada por un seísmo que ya ha dejado oficialmente más de 1.700 muertos. Los hospitales están colapsados. "Nos faltan muchas manos, medicamentos, comida y agua", explica una joven enfermera, Thet, desde uno de los muchos barrios que quedaron destruidos tras el terremoto como se puede apreciar en las imágenes satelitales.

"Sería muy útil que se abrieran todas las clínicas privadas que tuvieron que cerrar después de las redadas durante las protestas contra el régimen. Allí hay equipos y camas. Muchos médicos que trabajaban en esos centros llevan años desaparecidos. Si están en prisión, deberían soltarlos para que ayuden", comenta por mensaje de Facebook otra vecina de Mandalay, quien prefiere permanecer en el anonimato. Esta mujer asegura que todavía quedan cientos de personas atrapadas entre los escombros de varios edificios de oficinas y viviendas, templos, mezquitas y escuelas que se derrumbaron.

Ascienden a más de 1.000 los muertos por el terremoto en Birmania y TailandiaEL MUNDO

El 1 de febrero de 2021, horas después de que los tanques y vehículos blindados rodearan el Parlamento, deteniendo a decenas de legisladores, fue el personal sanitario de grandes ciudades como Mandalay el que lideró las primeras protestas callejeras y anunció un boicot a los hospitales públicos. Fue la revolución de las batas blancas, como lo bautizaron entonces los medios birmanos independientes que todavía no habían caído bajo las garras censoras del régimen.

Decenas de miles de médicos plantaron cara durante meses a la Junta Militar y se mostraron leales al Gobierno de unidad nacional, la oposición en el exilio formada por políticos del partido que había ganado a finales de 2020 unas elecciones cuyo resultado nunca fue aceptado por el ejército. "En muchas zonas, más del 70% del personal sanitario ha abandonado sus trabajos, sus hospitales y a sus pacientes. Ha sido una decisión ética difícil, pero necesaria para hacer que los generales que ahora gobiernan devuelvan el poder al pueblo", rezaba una nota firmada entonces por varios médicos birmanos que se publicó en la revista médica The Lancet.

Un herido por el terremoto es tratado en lo que queda de un hospital en Naypyitaw.
Un herido por el terremoto es tratado en lo que queda de un hospital en Naypyitaw.AP FOTO

Cuando la guerra civil se extendió por muchas regiones del país, con duros combates entre militares, grupos prodemocráticos y guerrillas locales, los médicos rebeldes empezaron a montar un sistema de salud fuera del control de la Junta, con unidades móviles desplazándose por todos los lados para atender a los heridos, y con clínicas clandestinas ubicadas dentro de los templos. Esto duró hasta que las fuerzas de seguridad endurecieron las campañas de detenciones masivas contra los sanitarios.

El movimiento de desobediencia civil, uno de los primeros grupos formado por los rebeldes, indicó en 2022 que alrededor de 900 trabajadores de la salud habían sido arrestados. "Hay médicos condenados a penas de prisión de entre tres y 25 años. Otros muchos han sido torturados y al menos cinco han sido asesinados durante su encarcelamiento", dice un informe de esta colectivo.

Además de los médicos que están en prisión, otros muchos huyeron del país. Algunos, como Aung, la hermana del desaparecido doctor Win, que en Mandalay trabajaba como pediatra, se instalaron en la ciudad fronteriza de Mae Sot. "Me gustaría volver para echar una mano con los heridos, pero toda la zona del terremoto está controlada por la Junta Militar y me detendrían", dice.

A la falta actual de sanitarios se le suma la urgencia de más equipos de rescate a pesar de la llegada el sábado de efectivos de China, Rusia, Malasia, India o Singapur. Las operaciones de salvamento tampoco están siendo fáciles. El ejército continúa lanzando ataques aéreos contra áreas controladas por las milicias rebeldes y el envío de ayuda se está viendo constantemente obstaculizado por los daños en las autopistas que conectan las tres grandes ciudades, como el centro comercial, Yangón, con Mandalay y la recién construida capital, Naypyitaw, sede del Gobierno militar.

"Las grietas y deformaciones en la superficie obligaron a muchos convoyes de ayuda a suspender sus operaciones", señala un informe de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios. La agencia subraya que hay una grave escasez de suministros médicos, incluidas bolsas de sangre y anestésicos. "Hasta 20 millones de personas viven en las zonas gravemente afectadas por el terremoto, y muchas se encuentran ahora sin refugio ni acceso a agua potable".

Este lunes, la búsqueda desesperada de supervivientes entra en su cuarto día en las zonas de Birmania más afectadas por el gran terremoto. Según denuncian los grupos prodemocracia, la Junta Militar envió a las brigadas internacionales primero a Naypyitaw, en vez de desplazar rápido toda la ayuda hacia las zonas más afectadas de Mandalay y sus alrededores.

La pasada noche, miles de vecinos de Mandalay y de sus municipios cercanos continuaron durmiendo en la calle debido a los daños en sus viviendas o por temores a nuevas réplicas. El domingo por la mañana se produjeron varios nuevos temblores que dejaron algunas escenas de pánico. Además del miedo, las comunicaciones apenas funcionan unas horas al día, con redes de telefonía e internet muy inestables, y los servicios de electricidad se interrumpen constantemente. En muchas zonas afectadas de la ciudad, donde todavía no ha llegado la maquinaria pesada, brigadas de rescate locales están removiendo los escombros con sus manos y palas bajo un sofocante calor, con temperaturas que el domingo alcanzaron los 41 grados.