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Las cientos de vidas atrapadas bajo los escombros en Mandalay, el corazón budista de Birmania destrozado por el terremoto

El terremoto deja más de 1.700 muertos. "Todos los templos y pagodas se han derrumbado", dice un vecino de Mandalay, la segunda ciudad más grande del país y la más devastada por el seísmo

Operarios de rescate intentan encontrar supervivientes bajo un edificio hundido en Mandalay.
Operarios de rescate intentan encontrar supervivientes bajo un edificio hundido en Mandalay.AP
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En el corazón de Birmania, donde el río Irrawaddy serpentea como un dragón entre las llanuras fértiles, se alza Mandalay, la antigua capital real, un crisol de las artes que durante siglos fue la cuna de los mejores maestros escultores de Budas. A lo largo de la historia de la ciudad, sus templos han caído en manos de los británicos, ávidos de controlar la ruta del té y el algodón, y han ardido bajo las bombas japonesas durante la Segunda Guerra Mundial. Sus monjes vestidos de azafrán han plantado cara a sucesivos regímenes militares, liderando históricas rebeliones, para más recientemente, muchos de ellos, abrazar a los últimos generales golpistas que arrasaron con el experimento democrático que estaba en marcha en un país que ahora vuelve a primera línea mediática por un devastador terremoto.

El seísmo que sacudió el viernes Birmania ha sido especialmente cruento en Mandalay, la segunda ciudad del país, hogar de más de un millón de personas. Según las últimas cifras oficiales de este domingo facilitadas por la Junta Militar que gobierna desde el golpe de Estado de 2021, hay más de 1.700 muertos y 3.400 heridos. Cifras que no paran de aumentar según se amplían los equipos de rescate con numerosos efectivos enviados sobre todo por países amigos del régimen birmano, como China y Rusia.

Desde Mandalay, que está a tan solo 17 kilómetros del epicentro del terremoto, donde muchos edificios y templos quedaron destruidos, han salido imágenes de los equipos de rescate locales excavando con sus propias manos trozos de hormigón para liberar a las víctimas atrapadas. Muchos testigos hablan de que hay cientos de personas sepultadas bajo los escombros. Las últimas cifras oficiales reportaban 300 desaparecidos, probablemente muy por debajo de la realidad. Miles de residentes han pasado las dos últimas noches a la intemperie por miedo a nuevas réplicas. El aeropuerto, que sufrió graves daños, ha suspendido sus operaciones y las principales carreteras resultaron dañadas, lo que está dificultando la entrada de convoyes con ayuda.

Imagen por  satélite de la empresa estadounidense de tecnología espacial Maxar  que muestran la enorme destrucción en Mandalay.
Imagen por satélite de la empresa estadounidense de tecnología espacial Maxar que muestran la enorme destrucción en Mandalay.EFE/EPA/MAXAR

Un miedo que persiste en la vecina Tailandia, también sacudida por el terremoto. En Bangkok, a más de 1.000 kilómetros del epicentro, continúa el operativo para tratar de encontrar supervivientes (hay 17 muertos oficiales) entre cerca de una centena de trabajadores que quedaron sepultados por los escombros tras el derrumbe de un edificio en construcción. Las imágenes del desastre en esta ciudad circularon mucho más rápido que en Birmania, donde el régimen militar ha bloqueado redes occidentales como Facebook, Instagram, WhatsApp o X.

Los intensos rescates de supervivientes a contrarreloj tras el terremoto en Birmania y TailandiaEL MUNDO

Este domingo, la búsqueda de supervivientes entró en su tercer día en las zonas de Birmania más afectadas por el gran terremoto. El sábado, en medio de toda la angustia, hubo un breve momento de euforia local cuando una mujer fue rescatada con vida después de estar 30 horas atrapada bajo los escombros de un edificio derrumbado en Mandalay, donde muchos vecinos siguen protestando por la ausencia de los equipos de rescate.

Según denuncian los grupos prodemocracia, la Junta militar habría enviado a las brigadas internacionales primero a la capital, Naypyitaw, donde se encuentra la sede del Gobierno, en vez de desplazar rápido toda la ayuda a las zonas más afectadas de Mandalay y sus alrededores.

Además de Birmania y Tailandia, el seísmo se sintió en Laos, en la provincia china de Yunnan y en la ciudad vietnamita de Ho Chi Minh. Pero en ningún otro sitio la sacudida de magnitud 7,7, que se produjo a lo largo de la falla de Sagaing -que se extiende desde la costa hasta la frontera norte de Birmania- ha sido tan fuerte como en Mandalay.

"Todos los templos y pagodas se han derrumbado", decía un vecino en un vídeo en Facebook donde mostraba la destrucción en su barrio. "Seguimos con continuos cortes de luz y la gente duerme en la calle por miedo a volver a sus casas", contó Kyaw, otro residente. "A muchos barrios y pueblos no están llegando los equipos de rescate. Quedan muchos cuerpos por sacar, como todos los que están en una mezquita que se derrumbó justo al acabar las oraciones del viernes, cuando más gente había dentro", se dolía otro vecino, Myo Aung. Muchos residentes, que están cooperando en las operaciones de salvamento, subrayan que necesitan con urgencia bolsas para cadáveres y agua.

Algunos colectivos de Mandalay cifran en alrededor de 500 las personas que habrían quedado atrapadas en la mezquita. Los trabajadores de Cruz Roja dijeron el sábado que más de un centenar estaban también entre los restos de un bloque de apartamentos que se derrumbó. En Kyaukse, localidad vecina a Mandalay, se encontraron entre los escombros de una escuela los cuerpos de 12 niños y de un profesor. Algunos informes apuntan a que hay alrededor de 50 niños y seis maestros aún desaparecidos.

Un operario de rescate explicaba a Reuters el sábado por la tarde que su equipo estaba intentando liberar a 140 monjes de las ruinas de un edificio derrumbado en otro barrio de Mandalay. "No podemos ayudar porque no tenemos suficiente mano de obra ni máquinas para retirar los escombros", aseguraba.

En las regiones centrales del país, muchas de las infraestructuras que han caído ya estaban dañadas por los cuatro años de combates en una guerra civil entre los militares golpistas y los grupos de resistencia. Según una evaluación realizada por el llamado Gobierno de unidad nacional, la oposición en el exilio, alrededor de 3.000 edificios, 30 carreteras y siete puentes habían quedado destruidos.

La magnitud de la devastación apenas comenzó a vislumbrarse el sábado, cuando se restablecieron las comunicaciones limitadas en las zonas más afectadas. La tragedia se propaga mientras que el ejército continúa lanzando ataques aéreos en zonas declaradas en estado de emergencia contra los grupos de resistencia prodemocracia.

Después de Mandalay, la segunda ciudad más afectada parece ser Naypyitaw, con alrededor de 100 muertos oficiales. Desde la oposición prodemocracia y las milicias étnicas han asegurado que en los territorios que ellos controlan, en las aisladas regiones fronterizas con China y Tailandia, no han sufrido grandes daños.

Nyi Nyi Kyaw, académico birmano de la universidad de Bristol, señalaba que la respuesta al desastre está siendo muy lenta debido a la falta de hombres jóvenes en las ciudades, ya que muchos de estos han sido reclutados por el ejército. "Las ciudades y pueblos están desiertos, sin jóvenes que antes habrían salido a las calles y se habrían movilizado para ayudar en las labores de rescate", dijo.

El líder de la Junta Militar, Min Aung Hlaing, que lanzó una petición de ayuda internacional tras el terremoto, reiteró ayer que eran necesarias más donaciones de sangre en los desbordados hospitales de Mandalay y sus alrededores. Además de equipos de rescate, China ha enviado suministros médicos, al igual que otros vecinos del sur de Asia como Singapur, Malasia e India. La Organización Mundial de la Salud (OMS) comunicó que estaba movilizando su centro logístico en Dubai para enviar a Birmania más suministros médicos.

Donald Trump ofreció la ayuda de su país a pesar de que el programa para asistencia en desastres, que durante muchos años ha operado en Birmania, no podrá desplegarse por el desmantelamiento de la agencia de ayuda exterior de EEUU, la USAID.

"Las grietas y deformaciones en la superficie que obligaron a los autobuses de carretera a suspender sus operaciones", señalaba este fin de semana un informe de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios. La agencia apunta a que hay una grave escasez de suministros médicos, incluidas bolsas de sangre y anestésicos. "Hasta 20 millones de personas viven en las zonas gravemente afectadas por el terremoto, y muchas viven ahora sin refugio ni acceso a agua potable".

En la capital, Naypyitaw, el principal aeropuerto continúa cerrado después de que el terremoto destruyera la torre de control, dejando al menos seis muertos. Este país se encuentra en un cinturón sísmico activo, aunque muchos de los temblores ocurren en zonas escasamente pobladas, no en ciudades más concurridas como las afectadas. El Servicio Geológico de EEUU, una agencia científica del Gobierno estadounidense, estimó que el número de muertos podría superar los 10.000.

"En Birmania hay 3,6 millones de desplazados internos por la guerra civil, muchos de los cuales ya se encontraban en muchas dificultades debido al conflicto en curso", señala un comunicado de Acnur. "Las zonas más afectadas por el terremoto, el centro y el noroeste de Birmania, albergan a 1,6 millones de desplazados".