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- Reino de Cordelia presenta el día 13 de marzo una nueva edición de El Principito en la que desaparecen las ilustraciones de Saint-Exupéry y aparecen las suyas. ¿Cuál es la esencia?
- La soledad. Es un libro durísimo.Saint-Exupéry no sabía dibujar y hacía unas cosas muy infantiles. No sabía hacer expresiones de niño. Ahora, han caducado los derechos de autor en manos de sus herederos, y simplemente he simulado como si Saint-Exupéry supiera dibujar.
- Y también se viene una exposición retrospectiva, ¿cómo, dónde, cuándo y por qué?
- Es una retrospectiva de una parte del trabajo que desconocía. Se llama Artes Aplicadas, y es el arte aplicado a cuestiones prácticas, a la vida cotidiana. Y en este caso son carteles, la columna vertebral de la exposición. Cuando nos la planteamos, pensaba que había hecho unos 40, y ya vamos por 160. Ha habido que hacer una selección. El Museo de Artes Decorativas, que está en la calle Montalbán, al lado del Retiro, no es muy grande y lo llenamos entero. Carteles, portadas de discos, portadas de libros, cómics, cosas hechas en periódicos, como las de EL MUNDO que salían en verano, y otras que han tenido un recorrido distinto. Nunca se sabe qué ha visto la gente de verdad. También metemos algo de obra última porque yo estoy vivo, tengo mucho interés en contar que, a pesar de que es una retrospectiva, no es una antológica.
- ¿Le da vértigo?
- Sí, un poco. Hemos encontrado un cartel del año 75, que es mi primer cartel y, a su vez, el primer concierto de Suso Saiz. Y del 75 aquí han pasado más de 40 años, dejémoslo ahí. ¿El porqué de esto? Porque es un tipo de trabajo que se pierde. Yo he estado muchos años trabajando en galerías y haciendo exposiciones institucionales y todo este tema se llevaba un poco como oculto, como diciendo: "Oye, qué es que te va a afectar a la cotización". Hemos pasado tiempos muy difíciles, somos un país donde todo se cuadricula y se etiqueta. Esto es una forma de que todo esto exista, de que quede plasmado en un catálogo y además con el sello del Ministerio de Cultura, que es como una bendición de mi país. El Museo de Artes Decorativas es de los pocos que depende directamente de Cultura, no de un patronato ni nada. Para mí es muy importante: los artistas y los creadores españoles, a diferencia de otros países donde cuidan mucho a la gente, incluso en Francia a los artistas les hacen entierros de Estado, aquí somos una pesadez, casi una molestia.
"Dios nos libre de las consignas. Cada año hay una nueva. Vivimos una dictadura de pensamiento".
- Cultura siempre es el hermano pobre de todos los gobiernos.
- No tiene contenido porque se supone que las cosas las hacen las autonomías. Cultura bendice a nivel nacional. Nosotros tenemos un problema, y es que cuando vamos a las ferias en el extranjero, nos preguntan: "Si no os hacen caso en vuestro país, ¿por qué vamos a hacer caso nosotros?" Y tienen razón. Es durísimo.
- En política viven también en una continua retrospectiva. Igual que usted con este cartel, ellos se pasan las legislaturas volviendo al 75, enterrando, desenterrando a Franco.
- Nosotros somos una generación que pensábamos que progresábamos, que íbamos llegando a sitios y que eran conquistas ya inamovibles. Y nuestra sorpresa ha sido que no, que hemos vuelto a lo que huíamos en aquella época de jóvenes. Huíamos de la radicalidad, cuando o te daban una paliza los Guerrilleros de Cristo Rey o la Joven Guardia Roja. Y yo no quería que me diese palizas nadie. Yo quería hacer lo que me diera la gana. Y por eso hicimos un mundo donde se valoraba lo lúdico, donde se valoraban otras cosas. Pero por estos ciclos de la vida hemos vuelto a un terreno que no me gusta nada.
- Es terrible.
- Sobre todo porque hemos tenido una vida estupenda durante muchos años. Hemos vivido unas décadas en España maravillosas, con sus más y sus menos, por supuesto.
"Hoy no sería posible La Movida. Vivimos un control orwelliano"
- ¿Qué queda del Madrid de hace 40 años?
- Se oye que queda mucho, pero no es verdad. Ni los sitios a los que íbamos existen, y si existen, es de otra manera. Todo ha cambiado muchísimo. Pero hay un aire, una forma de estar, que sigue existiendo, y con la que yo me identifico. No me puedo ir de Madrid porque donde me siento bien es aquí. Vivo ahora frente al Cristo de Medinaceli, encima de La Dolores. Sigo buscando siempre el centro . Yo iba al Cristo de Medinaceli con mi abuela de pequeño. De repente, tengo fotos dando de comer a las palomas con tres años en la puerta de Cibeles, del Palacio de Telecomunicaciones. Tenemos toda una historia por todo Madrid que al final hace de esto un sitio muy especial.
- Viniendo como viene de La Movida Madrileña, ¿cómo le sienta este manoseo de la palabra libertad como si estuvieran descubriendo América?
- Nosotros venimos de un concepto que ni siquiera era libertad, era tolerancia. Nos juntábamos por la noche los mods, los rockers, los punkies, los marqueses, los homosexuales, todo el mundo. Estábamos mezclados. Eso ya no veo que exista. No hacía falta coincidir en pensamientos, había algo por encima de eso. La palabra era tolerancia. Y esa tolerancia es la que se ha perdido. Se están haciendo banderas ideológicas con cosas que no se corresponden, que es absurdo. En mi generación somos muy prácticos, porque conocemos, al final, qué es lo que importa. No sigo consignas. Cada año hay una consigna que hay que seguir. Este año es la descolonización, el año pasado era el género, el anterior era la desaparición de la foca monje, el otro el calentamiento global, ya no sabes lo que es verde, si el coche eléctrico, si hacer baterías, si al final esto no es una operación para que los chinos vendan baterías. ¡Todo son consignas! Y líbrenos Dios de enfrentarnos a las consignas.
- ¿Cree que hoy sería posible La Movida?
- [Pesaroso silencio]. Creo que no. No hay canales para que pueda haber un pensamiento o un comportamiento común. Los periódicos están a la baja y para nosotros el papel era muy importante. Ni siquiera la televisión existe como tal. Vivimos en un individualismo bestial. Aquí trabajamos mucho con jóvenes que sólo tienen delante las anteojeras de lo suyo. En La Movida, que entonces carecía de nombre, había una mirada común, queríamos hacer un mundo nuevo. De tolerancia, de mucho respeto, pero también de mucha belleza. A nadie se le ocurría ser antitaurino. Nadie era anti nada. Al revés. Era fabricar un mundo nuevo. Ahora son grupos muy pequeños. Por eso los de las consignas ganan, nadie se opone a ellos. Consignas que además vienen del poder. Ni siquiera surgen en la calle. Y por todo no sería posible darse La Movida.
- Ya no hay calle.
- Lo que hay es un control total. Es orwelliano todo lo que está pasando.
- La cultura de la cancelación.
- Tú fíjate la que le liaron a la autora de Harry Potter, J. K. Rowling, porque se opuso a los temas transgénero y que los transgénero corriesen en atletismo, lo que es obvio, porque lo ganan todo. Los actores se posicionaron contra ella. ¿La autora que ha vendido más libros en el mundo no va a poder opinar?
- Fue el retratista, por así decirlo, de los últimos punkis. ¿Queda algo de su espíritu?
- No. Es una dictadura de pensamiento lo que estamos viviendo. Mi abuelo se autodefinía muy orgulloso como librepensador. Y murió en el año 69. Vivió el mundo de los cafés, de la literatura. Suya era la imprenta Martínez de la Puerta del Sol. Librepensador era una manera de ser punki, opinar lo que me dé la gana de todo. Sigo escuchando música punki.
"Librepensador era una manera de ser punki, opinar lo que me dé la gana de todo".
- ¿La Inteligencia Artificial llegará a suplir la creatividad?
- Nos va a hacer más tontos. Ya no escribimos, corregimos. Y no es lo mismo sentarse delante de una página en blanco a crear que corregir. Nos devorará la IA. Los algoritmos ven lo que hacemos y nos van redirigiendo. También deciden lo que ves y lo que no ves. Es una común acumulación. Y también es muy manipulable. Los que vienen detrás que se preparen porque sospecho un mundo venidero muy extraño.
- ¿Sigue con la bandera de hacer lo que te da la gana?
- Sí, absolutamente. Y me produce una felicidad inimaginable. Pintar, dibujar, es como respirar hondo.
- Fue paulista (de Rafael de Paula) y ahora coincide con Morante en la refutación de la quietud.
- Esto lo he descubierto de mayor. Yo me dedico al movimiento. Me gustan los toros por el movimiento. No sólo de los toros, sino de los toreros. La corrida todo es movimiento, relaciones
¿Cuál ha sido la pregunta más impertinente que le han hecho y qué respondió?
Respuesta. La pregunta es si me creo superior a los demás por cómo pinto y cómo dibujo. Y la respuesta es que sí porque no depende de mí. Me ha tocado.