CRÓNICA
Bajo control médico

José María Fernández, el gaditano que ha perdido 150 kilos en seis meses: "Hoy peso 211, sólo estoy en el camino"

Con obesidad mórbida y una pierna con elefantiasis, quiere someterse a un bypass gástrico. Llegó a superar los 350 kilos, pero ahora, ingresado en un hospital y bajo una férrea dieta que no supera las 1.000 calorías diarias, ha bajado hasta los 211.

José María Fernández, este miércoles, en la cama de su habitación del hospital Puerta del Mar, en Cádiz.
José María Fernández, este miércoles, en la cama de su habitación del hospital Puerta del Mar, en Cádiz.CRÓNICA
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El gaditano José María Fernández comenzó su transformación física hace seis meses. El 19 de abril de 2024, superados los 350 kilos de peso, con una depresión a cuestas y elefantiasis en su pierna izquierda, decidió iniciar una dieta estricta para adelgazar. Su objetivo, convertido en obsesión, era abandonar la cama en la que llevaba empotrado desde inicios de año.

Vivía recluido entre cuatro paredes de la habitación de su casa. En aquellos 12 metros cuadrados sólo le acompañaban sus gatos. Tirado sobre un colchón las 24 horas del día, cocinaba en un microondas que tenía a un lado a modo de mesilla de noche, y usaba un orinal para hacer sus necesidades porque le era imposible ir caminando al cuarto de baño. También tenía cerca una pequeña nevera y una freidora de aire. Su vida se reducía a esa realidad. Hasta que decidió resetearla.

17 bomberos para llevar al hospital al gaditano de 300 kilos que llevaba seis meses sin salir de la cama

Ahora, José María se encuentra en una habitación del hospital Puerta del Mar, en Cádiz capital. Llegó allí hace casi tres meses. Por ese tiempo llevaba algo más de 100 kilos perdidos en su casa. Desde que está ingresado ha adelgazado 40 más. «Hoy peso 211 kilos. Calculo que habré perdido casi 150 en el último medio año. Pero aún tengo un buen trecho por delante. Si bajo a los 150 entraré a un quirófano para que me pongan una balón intragástrico y luego me sometan a una reducción de estómago. Sólo en ese momento podré decir de verdad que mi vida es otra. Por ahora sólo estoy en el camino», explica.

Desde que está hospitalizado, los médicos someten a José María, de 49 años, a una dieta que no supera las 1.000 calorías diarias. De manera semanal, le inyectan un medicamento indicado para diabéticos que le quita el hambre. También consume medicación para orinar.«Los médicos están muy contentos con mi evolución. Están asombrados con mis avances. Yo les digo que ya no hay vuelta atrás», cuenta José María con una nota de orgullo en su voz. «Tengo que alcanzar ese peso mínimo que me piden para poder entrar en un quirófano con garantías de que no me va a pasar nada. Pero incluso me han dicho que, si bajo a los 120 kilos, no sería necesaria ningún tipo de intervención», añade.

Hasta su ingreso en Puerta del Mar, José María residía solo en un piso de alquiler en San Fernando (Cádiz). Su padre murió cuando él era un crío. Su madre falleció hace 10 años. Él tiene tres hermanos que residen en El Puerto de Santa María, lugar de origen de su familia, a 20 minutos por carretera. Pero asegura que «no quieren saber nada» de él.

«NO ESTÁ SIENDO NADA FÁCIL»

Las únicas personas que le visitaban cuando estaba en su casa eran los asistentes de la ayuda a domicilio que cada día (una hora y media por la mañana, y casi dos por la tarde, de lunes a sábado) se pasaban por allí: le hacían la compra, le aseaban, le limpiaban el inmueble. Pero nada más: no podían moverlo de lugar ni ayudarle a caminar. Ahora, hospitalizado, recibe fisioterapia y su pierna con elefantiasis presenta un aspecto más saludable.

José María cuenta que de niño era bastante delgado. Comenzó a engordar tras sufrir una depresión que ha ido enlazando con otras sucesivas. En dos ocasiones anteriores a esta se ha sometido a dietas estrictas y a un proceso de ejercicio físico constante. Una vez consiguió perder más de 80 kilos y poner el peso sobre los 200. Fue un logro para él. Pero ahora quiere más. «Y no voy a parar. Necesito cambiar mi día a día. Estoy ante mi última oportunidad, creo. Ya veo el final del camino, aunque no está siendo nada fácil», afirma.

La llegada de José María al hospital no fue sencilla. 17 bomberos -10 de ellos, voluntarios- tuvieron que sacarlo por una ventana de su habitación con la ayuda de una grúa y una plataforma cedida por una empresa de montaje de escenarios. Fue a mediados del pasado julio. Las imágenes de la evacuación dieron la vuelta al mundo. Salieron en informativos de México, Colombia, Brasil... A José María se le vio bajando a la calle encima de una camilla que soportaba hasta 1.000 kilos de peso. El proceso de evacuación duró dos horas y media.

«Fue muy emocionante», recuerda José María. «Cuando me intentaron levantar de la cama, me falló el pie derecho y casi me caigo. Luego, cuando salí por la ventana, estaba cagado, aunque pensaba que lo iba a pasar peor. Ver a tanta gente esperando que todo saliera bien, como acabó ocurriendo, casi me hace llorar. Estaba muy nervioso, lo reconozco. ¡Pero como para no estarlo!».

En abril de este año, EL MUNDO contó la historia de este hombre gaditano con obesidad mórbida. Inmediatamente, una ola de solidaridad se levantó para ayudarle. Un cirujano gástrico se ofreció a operarle de manera gratuita, pero una de las personas que más se volcó con José María fue Casilda Valera, ex mujer de Paco de Lucía. «Es un ángel para mí», repite José María con insistencia cuando habla con el reportero.

Dice que, primero, le ofreció cariño. Le llamaba con frecuencia para interesarse por su estado de salud. Luego, le ayudó a mejorar su comodidad, comprándole una cerradura electrónica -para que pudiese abrir y cerrar la puerta sin levantarse de la cama- o costeando el sueldo de una auxiliar que iba dos horas diarias al domicilio de José María para que le hiciera las tareas del hogar. Ahora, ya hospitalizado, José María explica que Casilda Valera quiere pagarle un fisioterapeuta para mejorar su movilidad y ganar musculatura.

Mientras aguarda en su habitación del Puerta del Mar, donde sabe que todavía le restan algunos meses, José María se muestra optimista. «Tengo claro que ya no voy a desandar lo andado. Ahora me veo y ya no soy ese gordo de hace año y medio. Pero quiero más. Quiero una nueva vida», dice.