Sara Sálamo (Santa Cruz de Tenerife, 1992) vive una etapa feliz y, esto es más extraño, tranquila. Ha decidido reducir su exposición en redes, donde su posicionamiento en cuestiones políticas y sociales la colocó en el ojo del huracán (y de los insultos) más veces de las soportables, y su marido, Isco Alarcón, está brillando en el Betis tras varios años perdidos.
"Estoy encantada con cómo va todo, pero voy a las entrevistas por esta peli y acaban preguntándome por él todo el rato", se resigna la actriz mientras tomamos un café antes de hablar de la película que ahora estrena, El favor, una comedia en la que interpreta a una mujer que cree en todo lo que ella no.
- ¿Qué tal te has visto como pija?
- Estaba muy peleada con ese tipo de personajes porque durante dos años interpreté a una, Cayetana Bornay, en una serie que se llamaba B&B y aunque fue un papel que me abrió bastantes puertas, era puro estereotipo. Después me llegaron muchas ofertas en esa línea y yo no quería que se me viera únicamente de esa forma. Me llegué a cortar el pelo para disociarme de aquella experiencia, aunque curiosamente no volví a trabajar hasta que me creció. ¿No seré yo Sansón?
- O que ya te habías quedado con la imagen de niña de papá.
- Ya. Estuve muchos años peleada con no volver a ese rol, pidiendo o suplicando la oportunidad de interpretar personajes con más aristas y más alejados a lo que se presupone por mi continente de ser humano. Esta película ha sido mi reconciliación con este tipo de papel porque el reparto y la directora [Juana Macías] me entusiasmaban y me propuse el reto de hacer otro tipo de pija, tirándome mucho más a la piscina, adquiriendo mucho más riesgo y más compromiso. Estoy muy, muy orgullosa de este trabajo, la verdad.
- Juana Macías es una de las mujeres que han reventado en los últimos años uno de los grandes techos de cristal del cine español, como era la dirección. En ese sentido, el cambio parece real.
- Sí y no. Veo más voces femeninas en todos los ámbitos, pero sigo sin ver un 50%. Están la ilusión y las ganas de que el cambio sea real, pero luego están los datos. La igualdad aún está lejos. Para mí Juana es un diez, una directora con una visión técnica brutal, con las ideas muy claras y un compromiso muy fuerte con los actores a nivel artístico. Es una mujer que sabe escuchar y discernir qué es una buena idea y dónde te estás colando. Entonces para mí es un diez de diez. Es la muestra perfecta del nivel de las directoras españolas, que es altísimo y se está viendo.
- Tú estás ya en esa senda: has dirigido un corto, vas a comenzar con el segundo y preparas ya tu primer largometraje.
- Estoy muy orgullosa del primer trabajo, que en 2024 empezará su recorrido en festivales, y el mes que viene empezamos el rodaje del segundo cortometraje. Lo hago con el fin de investigar un poco el tono que tendrá mi ópera prima, que ya está escrita. El guión es mío al 100%, estoy ahora en reuniones con productoras para levantar el proyecto y van por buen camino. Estoy muy contenta y, como tiene un tono algo arriesgado, un drama combinado con un terror elegante e intimista, quiero probar algunas cosas primero en un corto para aventurarme en el largo con todas las de la ley
- ¿En los papeles que te llegan sí notas una evolución?
- Vamos encontrando cosas, pero... Mira, está la experiencia de lo que ves que están haciendo tus compañeras, que sí ves cada vez más papeles de mujeres reales y complejas, y luego está la experiencia propia de cada una de nosotras. Y en mi caso, no te voy a mentir, no abundan las propuestas de personajes con aristas que me supongan el reto de interpretar a alguien alejado de mí o de la idea que se pueda tener de mí. Mi trabajo trata de encarnar a otras personas, pero mi experiencia personal es que se me sigue encasillando como la chica, el interés romántico...
- Hablabas antes de tu "continente de ser humano", vamos, de tu físico. ¿Se te ha estereotipado?
- Sí, desde que era muy pequeña. Ya en las etapas del colegio y el instituto siempre me he sentido muy disociada de cómo se me ve por la carcasa. Se tiene una idea muy equivocada de quién soy. Yo nunca me he visto con los ojos de quienes me miran desde lejos y eso me ha ayudado a tener los pies bastante sobre la tierra, seguir siendo una persona que se esfuerza, tiene curiosidad y es competitiva. Si únicamente me dedicase a posar porque tengo el físico que me ha tocado, que ni siquiera lo he elegido yo, y permanecer ahí muy mona, probablemente no tendría inquietudes ni sería la persona que soy. Pero, en fin, no es algo que me haya pillado de sorpresa ahora de mayor.
- ¿Qué te pasaba de niña?
- Tuve un entrenamiento heavy para lo de ahora. Yo me cambiaba cada dos años de colegio por voluntad propia, porque me gustaba mucho conocer gente nueva. De hecho, llegaba el primer día y me presentaba para ser delegada, siempre estaba defendiendo causas, me llamaban la abogada del diablo... En uno de los institutos, un día fui al baño y descubrí que en la puerta se había creado un debate de pintadas sobre mí, con gente criticándome y otra que respondía para defenderme. Era un Twitter de baño, ellos no lo saben pero me adelantaron el futuro [risas]. Yo llegaba ahí, me ponía a leer cosas sobre mí y era un absurdo porque no sabía quién había escrito lo malo ni lo bueno y no entendía nada de lo que estaba pasando. Tendría 12 o 13 años y lo viví como una marcianada, pero ya muchos comentarios iban en esa línea que hablábamos... y de ahí salió Twitter.
- Inma Cuesta, tu compañera en esta peli, me regañó por preguntaros por la conciliación a las actrices y no a los actores y...
- Me lo ha contado, eh. ¿Y has empezado a preguntarles a ellos o a tus compañeros en el periódico?
- Sí, soy lento, pero voy aprendiendo.
- Bien, bien, poco a poco [risas]. Y habrás visto que el nivel de presión social sigue siendo distinto que con las madres. La verdad es que la conciliación es muy complicada y, para que yo trabajara, durante los últimos cuatro años mi madre ha tenido que gastar constantemente días libres y de asuntos propios o utilizar sus vacaciones en venir a ayudarme para que yo pueda ir a rodar. Entiendo que nuestro caso, con dos profesiones que exigen viajar mucho, no es el más habitual, pero es un proceso complicadísimo para todo el mundo. Para nosotros lo ha sido.
- La anterior vez que hablamos, Isco estaba mal en el Madrid y todos los días recibías insultos culpándote de ello. Ahora que se está saliendo, ¿te escriben para darte las gracias o sólo eras la mala?
- Felicitarme, no me felicitan, pero sí he recibido muchos mensajes un poco en la línea de tu pregunta, diciéndome: "Bueno, ¿dónde están ahora los que te insultaban si Isco no jugaba bien?". La diferencia es que estos comentarios me los hacen normalmente a título privado y los insultos eran siempre en público. Hay de todo, pero la gente que dice o hace cosas malas siempre está mucho más en primera plana y hace mucho más ruido. Es la sociedad en la que vivimos. El otro día empecé a seguir una cuenta que es algo así como 'Las mejores noticias del mundo' y sólo tuitea cosas positivas. A veces necesito respirar un poco en las redes sociales, y más ahora, con todo lo que está sucediendo. Me siento tan sumamente marciana promocionando mi trabajo y siguiendo con mi vida con todo lo que está pasando en el mundo. Palestina, Ucrania, la violencia constante... Tantas cosas.
- Aunque te duela o te preocupe, es inevitable seguir con tu vida.
- No sé si es inevitable o queremos evitarlo. Me refiero a que si todo el mundo tuviera un compromiso con cuidar y con que haya menos violencia... Siempre se puede hacer más y no hace falta irse tan lejos como Gaza, en nuestro día a día hay muchísima violencia. En redes sociales, en cosas tan tontas como una llamada para pedir una cita en la que te tratan mal o tú no aceptas bien lo que te dicen, lo que estamos viendo ahora en las calles... En cada cosa hay conflicto y noto mucha crispación general. No lo entiendo ni sé hasta dónde va a llegar esto.
- ¿Te sientes culpable por tus privilegios?
- Sí. Soy una persona altamente sensible, que ya se diagnostica. Para que te hagas una idea del nivel, soy una persona que ha llegado a llorar viendo 'Deportes Cuatro'.
- ¿Perdona?
- [Risas] Te lo prometo. Mira, no lo sé, no tiene sentido, pero es que el montaje lo hacen muy bien, con su musiquita como de peli y su emoción. Recuerdo un gol olímpico que marcó Toni Kroos y, entre la música, la reacción de la gente y el tempo que le dieron a las imágenes, se me puso la piel de gallina y empecé a llorar. No puedo justificarlo, pero así fue.
- Tú que eras del Atleti...
- No, no. Yo que soy del Atleti. Soy. Seré colchonera hasta que me muera, aunque puedo simpatizar con otros equipos, no vayamos a liarla. Me encuentro muy cómoda ahora con el Betis, es una afición muy bonita. Bueno, que mi nivel de sensibilidad sé que es exacerbado, pero los conflictos bélicos, los dramas sociales y ese tipo de cosas me afectan de una manera personal muy real. No soy capaz de leer algo grave, darle tres minutos de conversación y dejarlo en stand by para irme a jugar un partido de pádel. Sigues con tu vida, pero no se me va de la cabeza. Dejo de dormir bien, doy vueltas en la cama, me levanto, miro el móvil, chequeo la noticia de nuevo... Me quedo muy pillada con la crueldad y la violencia. No puedo tolerarla y lo paso muy mal.
- Últimamente has tenido menos movidas en redes sociales...
- Porque he hablado menos.
- ¿Has decidido callarte porque no te compensaba posicionarte?
- Supongo que va por etapas, pero ya te digo que me sucede desde niña. Entonces ya no podía mirar hacia otro lado sabiendo que estaba pasando algo injusto con un niño o una niña. Me involucraba en cosas que no me concernían, pero que me tocaban a nivel humano y de empatía. Me sigue pasando. Hay momentos en los que siento una especie de necesidad de decir algo o, mejor, lanzar preguntas. Eso es más lo que hago: "¿Dónde vamos a llegar con esto? ¿Os parece normal? ¿Qué pasa con este asunto?". Y hay etapas en las que sé que no voy a poder sobrellevar las consecuencias de hacer esas preguntas. Los insultos, las amenazas, el acoso... Entonces, aunque me dé rabia, me callo más.
- ¿Estás en una de esas etapas?
- Sí. La salida de Isco del Sevilla fue muy abrupta y se generó una situación muy dura para nosotros. Él tomó la decisión de no hablar, porque ni se sentía preparado en ese momento ni quería perjudicar al equipo, y no lo hizo hasta que se fue la persona con la que tuvo un conflicto [Isco contó en Marca que Monchi, entonces director deportivo sevillista, le agredió]. Como en esta sociedad siempre se pone el foco sobre la víctima, por no hablar, en lugar de sobre el agresor, por agredir, se nos señaló y la consecuencia fueron amenazas muy graves hacia mis hijos y hacia mí, hasta el punto de tener que contratar seguridad privada.
- Pero ahí no ha tenido que ver tu posicionamiento político y social, entonces.
- También, también. La mujer que se posiciona, el futbolista que cambia de equipo y no es como todos... Es un cóctel molotov. Pero la cosa se ha calmado y ahora estamos bastante bien, la verdad.
- Parece que todos los futbolistas que se posicionan a la izquierda acaban en el Betis.
- La verdad es que sí, aunque en este caso a la que sitúan es más a mí. De hecho, cuando se filtró la noticia del fichaje, de inmediato empezaron a meternos en el mismo saco a Borja Iglesias, a Bellerín, a Aitor Rubial y a mí diciendo: "Madre mía, ahora qué hacemos con toda esta gente" [risas]. Fue divertido.
- Quién iba a imaginar que uno de los grandes movimientos feministas en este país iba a llegar desde el fútbol, con la selección y el caso Rubiales.
- Es que el fútbol levanta pasiones a todos los niveles y quizás hacía falta que fuera un deporte como este, con tanto impacto, el que introdujera el tema para mucha gente que pensaba que ciertas cosas ya no pasaban y que el debate ya no existía. Me ha sorprendido y me ha dolido escuchar a tantas personas defender que el beso y todo lo que subyacía no era algo tan grave, pero la gran mayoría, por suerte, ha entendido que abusar de alguien no está bien. Menuda sorpresa, eh [risas].
- ¿Te sorprendió el hecho en sí? ¿Que un directivo pensara que eso era normal?
- Qué va. Hay muchos Rubiales y los hay en todos los ámbitos. En el cine también. ¿En el periodismo?
- Claro.
- ¿Ves? Hace unos años tuvimos una reunión en petit comité, bueno petit no porque éramos muchas, de mujeres del mundo del cine para compartir este tipo de experiencias. Nos planteamos si hacer algo o no, impulsar un movimiento para dar voz a esta parte del cine y exponer ese clima y ese problema, pero al final quedó en algo nuestro. Una experiencia liberadora, aterradora y muy intensa.
- ¿Por qué decidisteis no hablar?
- No te sé dar la razón concreta. Era un movimiento que afectaba a muchas personas y, al final, no es lo mismo salir a comer con tres personas que con 60. La logística, los puntos de vista, el acordar cómo llevarlo a cabo, quién se postula como voz principal, en qué tono... Conllevaba una serie de responsabilidades y de riesgos que igual no era el momento o la forma de hacerlo. El caso es que quedó en stand by, pero nos sirvió a todas para poner voz y, sobre todo, para poner caras y nombres.
- ¿Me vas a dar alguno?
- No. Lo que sí te puedo decir es que todas las mujeres que estábamos allí, y éramos muchas, habíamos sufrido situaciones denunciables de abuso y acoso. En realidad, las hemos sufrido todas las mujeres y los hombres, incluso los que públicamente apoyáis el movimiento feminista, no lo habéis querido ver.
- ¿Miramos hacia el otro lado?
- Sí, claro. Aparte de no sufrirlo en vuestras propias carnes, el machismo os afecta muchísimo directamente en el sentido de que los hombres se ven reconocidos como tales a través de los ojos del resto de hombres. Para no dar una nota discordante y no parecer distintos al resto, os hacéis un poco ciegos hacia el machismo y hacia lo que viven las mujeres de vuestro entorno. Hay un efecto tribu evidente. ¿No te parece curiosísimo que todos tengamos una amiga que ha sufrido un abuso por el mero hecho de ser mujer, pero que casi ningún hombre diga que su amigo fue el que hizo eso? Aunque lo haya hecho y lo sepáis, buscáis la forma de salvarle: "No lo hizo con mala intención, sería un malentendido...".. Buscáis la forma de maquillar el asunto no por salvarle a él, sino para que no os haga daño a vosotros, porque ser amigo de esa persona también habla de ti.