El pasado noviembre el Sabadell perdió un partido de liga. Fuera de su contexto parece un hecho cotidiano, intrascendente, pero fue acontecimiento excepcional, histórico. El equipo llevaba dominando el waterpolo femenino desde 2010, sin permitirse ninguna derrota liguera desde entonces -241 victorias seguidas-, sumando además cinco Copas de Europa en ese periodo. Era el Dream Team actual del deporte español, pero el Mataró, con Anni Espar como referente, una ex del Sabadell, acabó con su racha. Desde entonces la liga se preparaba para el mejor playoff de su historia. Un duelo entre el campeón de todo y un aspirante decidido, un desafío que involucraría a compañeras, amigas y, claro, ya enemigas.
Pero llegó el coronavirus. Y el título no se decidió en la piscina, con goles y golpes. Se decidió en una videollamada entre los presidentes de los clubes. El Mataró, campeón. Por primera vez en su historia. Y después de nueve títulos consecutivos del Sabadell.
«Nos quedamos con un sabor agridulce, casi amargo. Hubo cierta alegría después de la reunión de presidentes, no te miento, pero ni lo hemos celebrado porque todavía la Federación debe ratificar la decisión. Es todo muy extraño. Hemos ganado el título y es muy importante para el club, pero tenemos la sensación de que quedará empañado y que podíamos haberlo ganado en la piscina, que aún teníamos mucho más que demostrar», admite Helena Lloret, jugadora del Mataró, también ex del Sabadell, que resume así el sentir de muchos deportistas que en los últimos días han recibido una de las mejores noticias de su carrera, que son campeones de liga, en uno de los peores lugares, confinados en casa sin poder jugar, sin poder abrazar a sus compañeros.
Más allá del fútbol y el baloncesto masculino, los únicos deportes con el dinero suficiente para regresar a la competición -o al menos intentarlo-, el balonmano, el waterpolo, el rugby, el hockey hierba y otras disciplinas por equipos han tenido que bajar la persiana de todas sus competiciones de forma abrupta con clasificaciones decididas en los despachos y polémicas, múltiples polémicas.
Una decisión familiar
En el rugby, por ejemplo, se acordó que el campeón sería el VRAC Quesos Entrepinares de Valladolid por delante del SilverStorm El Salvador, también de Valladolid, aunque a ambos equipos sólo les separaban dos puntos -es decir, un empate- y aún les quedaba un enfrentamiento directo en liga regular y todo el playoff. El hecho de que 'Pacote' Blanco, ex del Quesos y ex internacional, formara parte de la comisión de la Federación Española de Rugby que decidió el título, creó algunas controversias. Su hermano Alberto, pilier del Quesos, en cambio, asegura que su intención era la contraria: «Mi hermano es muy justo. Estoy seguro que prefería que fuera primero de la clasificación otro equipo para que no hubiera rumores».
«La verdad es que El Salvador tiene un equipazo y quizá había especulado más que nosotros en la liga regular, pero considero el título un premio a la regularidad. Siento que no somos campeones, que somos campeones a medias. Nos enteramos de la decisión de la Federación sobre las 12 de la noche y la mayoría de compañeros ya estaban durmiendo. Algunos nos conectamos por videollamada y tomamos unas cervezas, pero no lo vamos a celebrar más. No tenemos el ánimo», expone Alberto Blanco, que como todos los entrevistados ha sufrido un ERTE de su club y como todos los entrevistados vivirá el verano más atípico de su vida. Estará sin jugar a su deporte desde marzo hasta septiembre como mínimo.
Un verano vacío
«Es raro quedarse sin actividad tan de golpe. No recuerdo cuando tuve un verano así, quizá cuando era muy pequeña, pero desde la adolescencia mis veranos habían sido entrenar con la selección e ir a campeonatos por el mundo», expone Silvia Arderius después de dos alegrías reprimidas en pocos meses. A finales del año pasado, llegó a la final del Mundial de balonmano femenino con la selección española, pero perdió la misma ante Países Bajos en un desenlace polémico. Y la semana pasada se proclamó campeona de liga con el Bera Bera, pero lo hizo sobre las 22.00 horas, después de una reunión larguísima de la Federación Española de Balonmano.
La celebración habitual del club, una comida en un restaurante de nivel de San Sebastián, esta vez no podrá ser. El único consuelo fue una videollamada por Zoom donde se repasaron los mejores momentos de la temporada y se abrieron cervezas, vino y hasta champán. Todas las jugadoras, de hecho, ya están en sus casas, en varios puntos de España, en Brasil y en Argentina, y lo difícil ahora para ellas será mantener la forma durante tantos meses. Aunque al menos ya han recibido cierta recompensa.
Un título sin dueño
Otros se han quedado sin eso. Porque, aunque casi todos los deportes han otorgado el título al equipo que iba líder antes del parón por culpa de la pandemia, hay uno que ha decidido tomar otro camino. Es el hockey hierba. El Atlètic Terrassa era el primero, pero no será campeón. Todas las ligas de la Federación Española de Hockey quedarán desiertas y tampoco habrá descensos, por lo que el año que vienen los conjuntos en competición pasarán de 10 a 12. «Esperábamos que nos dieran el título porque en casi todos los deportes lo estaban haciendo así, estaban proclamando campeón al líder, pero no le queremos dar más vueltas. Ha sido un año raro, difícil, y hemos hecho lo mejor que hemos podido. Ya está. Nos queda el consuelo de haber conseguido la plaza para ir a Europa, que es muy importante para el club», expone Marc Sallés, referente del Atlètic y de la selección.
Como el resto de entrevistados, espera que la pandemia esté bajo control para recuperar cierta normalidad, en su caso levantando su start up de viajes de autobús con gastos compartidos. Como el resto de entrevistados, espera que la pandemia esté bajo control para, ya la temporada siguiente, poder jugarse la liga sobre el campo -o dentro de la piscina- e intentar disfrutar de una celebración plena.
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