Las autoridades de Damasco anunciaron este lunes que han decidido poner "fin a las operaciones militares" en las regiones que sufrieron el asalto inicial de los insurgentes afectos al antiguo régimen, tras recuperar el control de las principales ciudades y aldeas donde reside la minoría alauí, después de una contraofensiva que degeneró en terribles masacres contra los miembros de esa confesión.
Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, el balance provisional de muertos asciende a más de un millar de personas, en su amplia mayoría civiles de esa comunidad, instalada en el oeste del país, en zonas como Tartús, Banias o Latakia.
Al mismo tiempo, consciente de la multiplicación de las críticas ante los desmanes cometidos por las nuevas fuerzas de seguridad, el presidente Ahmed Al Sharaa indicó que ha dado la orden de establecer un Comité para Mantener la Paz Civil y otro para investigar lo acecido durante estas últimas jornadas.
La primera incluye a un ex asesor de Bashar al Asad, el empresario Khaled al-Ahmad, que se alejó del régimen en los últimos años, y a los actuales gobernadores de Latakia y Tartus, ambos conocidos por estar inscritos en los sectores moderados de la nebulosa salafista que dirigió Sharaa en el pasado, hasta el punto que Hassan Soufan -el titular de Latakia- fue su adversario en el campo de batalla.
La delegación de personajes tiene un plazo máximo de 30 días para presentar los resultados de su indagatoria sobre los trágicos sucesos.
Conscientes de que se puede ver sobrepasado por los militantes más fundamentalistas que actúan en el territorio sirio, Sharaa ha multiplicado los mensajes de tono conciliatorio. El último desde una mezquita de Damasco, donde pidió "preservar la unidad nacional y la paz civil".
Es más, a su vez se supo que Sharaa había llegado a un acuerdo con los kurdosirios para "integrar todas las instituciones civiles y militares del noreste de Siria bajo la Administración del Estado sirio, incluidos los cruces fronterizos, los aeropuertos y los yacimientos de petróleo y gas".
En la primera entrevista que concede a un medio occidental tras la escalada de violencia, el jefe de Estado dijo que no aceptará "que se derrame sangre injustamente, ni que quede sin castigo ni rendición de cuentas, ni siquiera entre los más cercanos a nosotros".
En lo que constituye una inusual admisión de culpa, Sharaa reconoció que "muchos grupos" que no pertenecían a las fuerzas de seguridad de Damasco "entraron en la costa siria (las regiones donde vive la minoría alauí) y se produjeron muchas violaciones. Se convirtió en una oportunidad de venganza" tras años de agravios reprimidos, señaló.
Sharaa precisó que cerca de 200 miembros de los uniformados leales a su administración murieron en el asalto de las milicias afectas al antiguo régimen, aunque no se atrevió a evaluar el número de víctimas civiles.
ONG y expertos en Siria han denunciado la participación en los crímenes cometidos contra los civiles de facciones yihadistas ajenas a Hayat Tahrir al Sham (HTS), el movimiento que lidera Sharaa. Grupos como Ansar al Islam -una camarilla compuesta en su mayoría por kurdos iraquíes-, Fursan Muhammad -agrupación de origen turco- y otras milicias integradas por chechenos, uigures y ciudadanos de los países de Asia central. Este periodista pudo apreciar la presencia de al menos un miliciano africano en Banias. Los vídeos grabados por los mismos paramilitares permiten ver que incluso disponen de tanques.
Según relata el diario digital Modon, la actriz siria Noor Ali, un personaje muy conocido en el país árabe, declaró en las redes sociales que asistió al desarrollo de toda la escalada de violencia al encontrarse en la localidad de Jableh cuando esta zona sufrió el primer embate de los seguidores de Asad, que asesinaron a un gran número de miembros de las fuerzas oficialistas.
Después, añadió, la réplica de los uniformados de Damasco se mezcló con la acción de "militantes extraños, chechenos y takfiris, en referencia a los yihadistas más radicales", que asaltaron las viviendas de los civiles alauíes, asesinando a muchos de ellos antes de que los militares de la nueva administración pudieran retomar el control de la villa.
Ella misma fue objetivo de un pistolero que intentaba robarle el coche y fue protegida por los agentes de la policía leal a Sharaa.
El Gobierno de Damasco era consciente de la presencia de estas formaciones de ideario fundamentalista y de que no responden a sus órdenes, ya que en el pasado habían protagonizado varios sucesos de tono sectario.
El pasado 9 de enero, miles de alauíes se concentraron en el funeral de tres agricultores que fueron asesinados según ellos por combatientes foráneos en la región de Jableh, una cita a la que acudió el principal referente religioso de esa confesión en Siria, el jeque Shabaan Mansour, que ahora ha pasado a engrosar el listado de muertos abatidos en la última razzia.
Por otra parte, la crisis siria ha confirmado el giro político que está registrando Estados Unidos que, según Moscú, se ha coordinado con ese país -hasta ahora un enconado rival- para convocar una reunión urgente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.