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Donald Trump y los trogloditas, o el sexo de los ángeles

"Sólo hay dos géneros", proclamó; no se veía cosa igual desde el tirano Ahmadineyad: "En Irán no hay homosexuales"

Donald Trump, firmando órdenes legislativas compulsivamente.
Donald Trump, firmando órdenes legislativas compulsivamente.Afp
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Cuentan que Zeus y Hera se pusieron a discutir no del sexo de los ángeles sino de si de las artes amatorias disfrutan más los hombres o las mujeres. Y, como no se ponían de acuerdo, decidieron que les sacara de la duda Tiresias, no en calidad de prestigioso adivino, sino porque a fin de cuentas él había sido siete años varón y otros tantos hembra, así que le había dado tiempo de probar de todo. Algunos siglos después de aquello, en la Antigua Roma -esa civilización en la que nos dicen que piensan mucho hoy los hombres occidentales con nostalgia de una era de pura exaltación de la masculinidad más tóxica- llegó a la cima del poder Heliogábalo, tratado hoy en museos importantes del orbe como una mujer trans que reinó como emperador.

No es cuestión de seguir, que con dos ejemplos bastan para que le estalle la cabeza a Donald Trump y sus trogloditas -perdón, Loquillo-. Con la suficiencia propia de los más incapaces, declaró solemnemente que "sólo hay dos géneros: masculino y femenino". Alabado sea el Señor. No se veía cosa igual desde que el tirano Ahmadineyad -y como él tantos de su recua- soltó aquello de que "en Irán no hay homosexuales". Dan risa los malvados, aunque sus fechorías provoquen tanto sufrimiento.

Que con Trump se va a vivir una etapa oscura de preocupante retroceso en las políticas identitarias y en el reconocimiento de la pluralidad de una sociedad como la estadounidense, es cosa que ya sabíamos -con consecuencias que se harán sentir en otros países, en especial en dictaduras de África y Oriente Próximo que se verán reafirmadas en el espejo trumpiano-. Y no nos coge desprevenidos el afán del republicano por revertir los avances que en esta materia impulsó Biden -nefasto en tantas otras cosas, qué oportunidad pérdida-, empezando por esa orden ejecutiva para que el Departamento de Estado deje de expedir pasaportes con género X. Pero ni Trump ni Ahmadineyad ni ninguno de los locos que gobiernan el planeta pueden borrar el sol por el hecho de taparlo con el dedo como tontolabas. Y la diversidad sexual y de género, tan vieja como la misma humanidad, seguirá estando ahí como el dragón cuando despierten.

Que partidos que se dicen liberales, empezando aquí en España por el PP, no se desmarquen a voz en grito de liberticidas como Trump o Milei en sus ataques al derecho más primordial de toda persona, que es el de que cada cual pueda ser quien realmente es, lo dice todo de la época política tan mostrenca en la que nos encontramos.

Siempre existe la justicia poética, porque no otra cosa pudo ser la nominación de la española de Karla Sofía Gascón a los Oscar por su impresionante trabajo en Emilia Pérez -ni una felicitación en las redes de la Casa del Rey, no aprenden-. A Trump sólo cabe recomendarle que vea la próxima edición del Festival de Eurovisión, este año desde la neutralísima Suiza ya que el año pasado ganó su representante, un artista no binario. Porque, aunque el nuevo ocupante del Despacho Oval se tape los ojos para no ver, la diversidad existe, ha existido y existirá. "No juzguen, y no serán juzgados; no condenen, y no serán condenados; perdonen y serán perdonados". Ya lo dice la Biblia sobre la que algunos juran. En vano.