«Definitivamente, el narcotraficante de hachís en el sur de España ha dado el salto al tráfico de cocaína a gran escala». Y no sólo por el puerto de Algeciras (Cádiz), vía tradicional de entrada en Europa de la farlopa que viene de Sudamérica. Ahora son las organizaciones criminales que antaño introducían hachís en potentes lanchas por las costas andaluzas las que están metiendo, y cada vez con mayor frecuencia, ingentes cantidades de cocaína por playas y ríos del sur de la península mediante las citadas embarcaciones rápidas. En concreto, operan entre la frontera de Huelva con Portugal y el Estrecho de Gibraltar.
Es la conclusión a la que llegan varias fuentes policiales y judiciales con décadas de experiencia en la lucha contra el narco. «Ya no hay traficantes de hachís y traficantes de cocaína. Ahora esa distinción ya no existe», concluyen. «Son narcos y punto. Sólo huelen el dinero».
También lo confirman los propios mercaderes de la droga. «Ahora siempre hay alguien que quiere meter farla por aquí. Si no hay carga de hachís, a los cinco minutos tienes una carga de cocaína para que puedas seguir trabajando. Los colombianos saben que aquí se hacen las cosas bien y que los clanes tienen muy trabajado el terreno», explicaba un traficante en retirada hace unas semanas a un grupo de personas con las que estaba reunido en la mesa de un conocido restaurante de la provincia de Cádiz.
Y así lo demuestran las últimas aprehensiones de cocaína (a finales de 2024, la Guardia Civil encontró un alijo de 7.000 kilos de coca ocultos en dos contenedores soterrados en una finca de Coria del Río, una localidad sevillana ribereña del río Guadalquivir), así como las investigaciones judiciales de los últimos tres o cuatro años (en abril de 2024 se desarticuló una organización que operaba, precisamente, en la desembocadura del Guadalquivir; los investigadores policiales sostienen que los narcos perdieron un alijo de 6.000 kilos de coca en alta mar que iban a bordo de un submarino artesanal que se fue a pique antes de que se trasvasara la droga a las lanchas).
Esta última organización de narcos trabajaba en los pueblos límítrofes a la desembocadura del Guadalquivir (Sanlúcar de Barrameda, Lebrija, El Cuervo, Trebujena, municipios de las provincias de Sevilla y Cádiz). Ejemplifica con nitidez esa falta de distinción que existe ya entre narcos del hachís y de la cocaína.
Más allá de las seis toneladas de dama blanca que se piensa que acabaron en el fondo del mar, se le intervinieron, en distintas fases de la investigación, 5.850 kilos de chocolate y 637 kilos defarlopa de un envío de 1.200, que llegaron a principios de abril de 2024 a bordo de un buque lleno de vacas. Una lancha de esta organización se encargó de acercarla a una playa de Huelva.
el mayor alijo en narcolancha
A finales de 2024, la Guardia Civil informó de una notable operación contra el narco. Las fuerzas policiales decomisaron siete toneladas de cocaína que, según dijo este cuerpo policial a través de una nota remitida a los medios, se encontraban escondidas en Coria del Río.
En concreto, en una finca a las afueras de la localidad. Se trata de una zona donde viven varios narcos históricos. Alguno de ellos todavía tiene cuentas que saldar con la justicia. Los traficantes habían ideado un plan para ocultarla hasta darle salida: mantenerla bajo tierra, dentro de dos grandes contenedores de mercancías que se habían incrustado en un enorme socavón abierto con maquinaria pesada. Para acceder a la mercancía, sus propietarios sólo debían retirar una trampilla y descender hasta el habitáculo a través de unas escalerillas.
El operativo se realizó la madrugada del pasado 27 de diciembre, cuando los agentes detectaron dos embarcaciones que podrían ir cargadas navegando por el río. Fue entonces cuando se desplegó un dispositivo más amplio de vigilancia. Los agentes vieron cómo varias personas descargaban una gran cantidad de fardos y los trasladaban a una finca colindante.
Aquella guardería (en el argot del narco, almacén donde esconder la droga) estaba siendo vigilada por otras personas que portabas armas largas, como un AK-47. Dicha operación se bautizó como Mirón. Se detuvo a tres personas que ya han ingresado en prisión. Hasta la fecha, se trata del mayor cargamento de esta droga que haya sido introducido por el río Guadalquivir a través de narcolanchas. Para dimensionar bien este alijo se puede comparar con otro también reciente en el puerto de Algeciras, en octubre pasado.
Un contenedor ocultaba 13,5 toneladas de cocaína. Supone la incautación de mayor volumen en la historia de la lucha policial contra el tráfico de estupefacientes en España. Se trató de una operación de la Policía Nacional.
Pero este decomiso de 7.000 kilos de cocaína llegados en narcolanchas es el tercero que se realiza en los dos últimos años en Andalucía, y el cual confirma la tendencia en el negocio.
El verano de 2023, la Guardia Civil interceptaba una narcolancha en Barbate (Cádiz) con 22 fardos de cocaína. Ni uno era de hachís. Fueron alrededor de 770 kilos de esta droga. Los narcos, presumen los investigadores, pretendían introducir la carga por unos acantilados próximos a la localidad gaditana.
La cocaína que ahora llega al extremo suroeste de la península ibérica en narcolanchas pasa, en la mayoría de ocasiones, por países como Mauritania. Una vez allí, a través de sus costas, se trasvasa luego a veleros o pequeños barcos de pesca para cambiar de bandera y dificultar la labor policial de seguimiento. Después, son estas embarcaciones las que acercan la mercancía al continente europeo. En ese momento entran en juego las lanchas que antaño sólo metían hachís por las costas andaluzas. Se conoce como la ruta africana.
La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) alerta hace años de que el África occidental se ha convertido en la vía por la que entra la cuarta parte de toda la cocaína ingresada en Europa, alrededor de unas 50 toneladas al año, con un valor aproximado en el mercado de 2.000 millones de dólares.