MADRID
El cubil

Días de toros y fútbol: el derbi y el indio Pluma Roja

Simeone en la jornada de Liga del 1 de febrero
Simeone en la jornada de Liga del 1 de febreroEfe
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El derbi se nos ha montado encima de la feria de Valdemorillo, el Madrí-Atleti se solapa con la mixta de Diego Ventura, Sebastián Castella y José María Manzanares. Con todo el castigo a cuestas que supone el encontronazo futbolero de máxima rivalidad, los más certeros augures presagian una magnífica entrada, rozando el cartel de «no hay billetes» como ya apunta también el mano a mano del domingo entre Emilio de Justo y Juan Ortega. Estos éxitos taquilleros sirven de tapabocas para los quejumbrosos, entre los que suelo encontrarme por deformación profesional. Ese desgaste que siento en las figuras quizá sea mío también casi 30 años después de empezar a escribir de toros. No ha habido anuncio de feria en 2025 que no haya acompañado con un resoplido, un suspiro, un buff prolongado si además no asoma Morante de la Puebla en la cartelería. Dios es morantista y me perdona.

Seguramente, luego, el público me niegue la razón en la taquilla, y todo el leitmotiv de las empresas taurinas, máxime si cuentan con apoyo institucional, sea el reventón en los tendidos. Que es lo que insufla vida a este espectáculo y motivos a los políticos que apuestan por él como en el caso de Valdemorillo. Al ser de memoria frágil olvidamos pronto que hace relativamente poco -¿tres temporadas?- se colgó en la plaza de la Candelaria el primer sold out, que diría María Vallejo, de sus 20 años de historia. Un fiesta de los toros deficitaria no es sostenible ni defendible, en los tiempos que corren, para un Ayuntamiento que invierte en ella.

La cosa es que el sábado se disputa en el Bernabéu un partido de alta tensión, cuya victoria les supone a los atléticos algo así como ganar la Champions que nunca han ganado. El discurso cholista se hace muy cansino con el triunfo anual de quedar por detrás del primero. Veo venir a los colchoneros salivando en estos días previos con una inquina que asusta, si dieran miedo. Viven en el cabreo perpetuo contra el Real Madrid, su gasolina. Están como el indio Pluma Roja de la formidable serie American Primaveal, traducida en Netflix en un alarde de imaginación como Érase una vez el Oeste. El tipo, de la tribu de los shoshones -esto lo cogen las chirigotas de Cádiz y hacen virguerías-, se pasa la serie hiperventilando una mala leche muy canalla. No sé cómo acabará la historia, ni el derbi, pero presiento que ganan los blancos.

Y esto, futbolísticamente hablando, te confiere cierta tranquilidad para subir el domingo a Valdemorillo y que no te den la turra, el tabarrón, ese coñazo infinito de los malos ganadores.