MOMENTVS
Lo de Évole

María León lo suelta todo para "acabar con el miedo": "Que digan lo que quieran, que aquí estoy yo. Ahora sí, ahora estoy bien"

Esta vez no fue Jordi Évole el que eligió quién sería la última entrevistada de esta temporada de Lo de Évole. Esta vez fue María León la que decidió serlo. "Para quitarte los miedos tienes que cerrar este ciclo y tienes que contar tu verdad", le dijo una vidente. Y allá que fue

María León
María León, en Lo de Évole.ATRESMEDIA
Actualizado

María León sí cree en las energías, en las otras vidas, en las videntes, en las supersticiones, en el más allá. Por eso fue ella la que eligió el momento y el lugar para hablar y acabar con un silencio que ha mantenido durante demasiado tiempo. "Para quitarte los miedos tienes que cerrar este ciclo y tienes que contar tu verdad", fueron las palabras de la vidente con la que arrancó anoche el último capítulo de Lo de Évole esta temporada. María León quería cerrar el ciclo, quitarse los medios y contar su verdad. La entrevista a Jordi Évole era el lugar. Porque María León es "la reina de bastos", que es "fogosa", que es "la mujer que todas quieren ser". Palabra de bruja. La entrevista, por si acaso alguien no lo sabe, se realizó antes del juicio por agredir a una agente y antes de que fuera condenada.

Los ojos de María León siempre dan la sensación que están a punto de romperse en lágrimas, con Jordi Évole se rompieron. Lloraron al contar por primera vez lo que ocurrió aquella noche de 2022 tras salir de un rodaje, pero contado por María León, la cual nunca lo había contado en público, a excepción del día que declaró en el juicio. La entrevista de anoche se grabó antes de celebrarse y antes de la sentencia, por la que María León ha sido condenada a una multa de 5.700 euros por resistencia a la autoridad y dar un puñetazo a una agente. Nunca fue por la multa por lo que María León no quiso aceptar un acuerdo y acabar con todo esto. Ella quería mostrar "un poquito de resistencia, aunque sólo fuera una poquita".

Y es que para entender a María León hay que entender su historia desde el principio. Desde que era una niña de un año y se agarraba el pañal bailando cante hondo. Desde que su madre se hizo cargo de la venta de su padre cuando este cayó en una depresión. Desde que a los 17 años y tras dejarlo con su primer novio (empezó con él a los 13 años) su madre la manda a Madrid y empieza a estudiar interpretación. Porque lo que María León vivió y aprendió tanto de su padre como, especialmente, de su madre explican la respuesta de María León al final de la entrevista.

María León se crió en una venta sevillana situada en una carretera. Era de esas niñas que hacían los deberes entre chato de vino, carajillo y copa de cerveza. "Mi padre ha sido un hombre muy querido y al bar iba mucha gente de muchos tipos. Iban muchos flamencos, muchos artistas para hablar y ver a Antoñito, el de la primera (su padre)", relató María León. Era un lugar de fiesta, pero también un lugar de tristeza. Personas, flamencos, artistas que iban buscando momentos de intimidad: "Iban a confesarse con Antonio y terminaban confesándose con Carmina".

"Era un sitio", continuó la actriz sevillana, donde "la vía de escape era el alcohol", pues allí "iban a consolarse, a buscar compañía, a un sitio para ponerse anestesia". Un lugar en el que la generosidad de su padre y la bravura de Carmina combinaban a la perfección. Tan generoso era su padre que se arruinó por darlo todo. Tan brava era Carmina que cuando hubo que ponerse al frente de la venta sin tener ni puñetera idea de cómo había que llevar un bar, se pudo.

El me too de María León

"Carmina se puso a cargo de todo. Recuerdo la primera vez que fui con mi madre al bar sin saber mi madre ni lo que valía una cerveza. Mi madre me ha hecho entender muchas cosas de pequeña. En la venta teníamos al sheriff, que era un esquizofrénico que vivía en la calle y mi madre le arregló los papeles para que cobrase una pensión. Cada vez que cobraba se disfrazaba de policía. Mi madre le consiguió una paga, pero él no quería estar encerrado y mi madre lo entendía. Y mi madre le puso un 600 en la puerta del bar (y a llí dormía). Los domingo íbamos a lavarle". Y María León aprendió. Aprendió que Carmina estaba para poner un laxante a los amigos de su padre cuando se presentaban en casa para que no se presentaran más, y a la vez si te necesitaba para pagar una deuda, ella la pagaba.

Siempre quiso ser actriz, dedicarse a ser una artista. "Recuerdo de pequeña ponerme delante del espejo a moco tendido y disfrutar mirándome el moco. Mi madre pasaba y decía "esta niña está loca". Porque entre Carmina y su hija y entre María y su madre hay casi una adicción, un enganche que se rompió hace unos meses porque María León necesitaba cortar el cordón umbilical. "Le dije: "Mama hazte cargo de tu dolor porque si me hago cargo del tuyo no sobrevivo". Fue la primera vez que rompimos algo por sobrevivir. Ahora estamos recuperándolo". Antes hablaban siete veces al día ahora hablan tres.

Dice que no vive en una cima, que nunca se creyó eso de los premios, que sentía que estaba engañando por estar recibiendo premios por divertirse. Y por eso para ella los pies no pueden estar en un sitio fijo, ni siquiera en la tierra. "Los pies tienen que estar en movimiento. No quiero estar en la cima de nada. Quiero estar en el camino. Estar en un lugar sólo, no me parece nada interesante". Tal vez, sólo ha estado quieta o fija una vez cuando fue detenida. Nunca ha estado quieta ni tampoco callada, pero ha hablado cuando ella ha querido. Anoche decidió contar su verdad y también su pasado, su me too, la historia del director que intentó besarla tres veces y al que tres veces le hizo la cobra y como quiso enviar a su representante un mensaje contándole lo sucedido y se lo envió al director en cuestión. "No me pidió perdón. El no sentía que me había hecho algo nada malo a mí".

María León cierra la pesadilla

Y tras revelar que tuvo un novio muy pijo, ex de Ana Boyer, que la llevo al polo y que ella se sintió Julia Roberts en Pretty Woman, llegó el momento en cuestión. El momento de "cerrar el ciclo". Y ésta fue su historia.

"Tengo un recuerdo agridulce porque fue terrible", arrancó. "Yo venía de hacer un proyecto de los más importante de mi vida. Terminé a las siete de rodar y salimos a celebrarlo el equipo. Íbamos andando. Yo iba hablando con el director. El último era el cámara que iba en bici y que había salido con una copa en la mano. Aparece un coche de la Policía Local, le paran, lo vemos. Aparece otro coche. Seguimos esperando. Después, una lechera y ya nos acercamos. Había mucha violencia y mucha tensión y nos acercamos para preguntar qué estaba pasando y nos empezaron a empujar y a mí me tiraron al suelo. Al no entender por qué mi instinto me hizo coger el móvil y con mi nervio empecé a grabar. "¿Por qué nos estáis haciendo esto?", les pregunté. Me salió por peteneras, me salió el hombre con la cultura, diciendo "en la cultura no vamos a gastarnos el dinero"".

Acto seguido "me pide el DNI y le digo que no lo tengo. Me metieron en el coche. Yo tengo claustrofobia y al montarme sentí pánico y a gritos le digo a la chica que me estoy quedando sin aire. La chica me mira, se baja del coche y me deja sola. Yo empiezo a gritar. Y yo no dejaban de grabar. Se abre la puerta del coche, me bajo con angustia y en el vídeo se escucha "huye, huye". Yo no iba a huir si no he hecho nada. Y me voy andando hacia ellos buscando ayuda porque tenía un ataque de ansiedad. No se que vieron, pero se tiraron tres personas encima de mí y yo seguía garbando. "¿Por qué me estás haciendo esto?", les pregunté. "Porque sí", me contestaron. Y me metieron en el coche esposada y me llevaron a a una comisaría".

María León no recuerda cuánto tiempo estuvo allí, sólo que se agotó. En uno de esos momentos, "el hombre de la cultura entró y me dijo: "Esto se puede quedar en nada y te puedes ir a tu casa si borras los vídeos". Y no sé de dónde lo saqué, pero le dije que no. Se calló, no dijo nada más y se fue. Después apareció la chica con otros dos chicos, me leyeron los derechos y me dijeron que me acusaban de pegarle un puñetazo y una patada. Me cogen mis pertenencias y me llevan a un sitio donde me da un ataque, mi cuerpo desconecta y me caigo al suelo. Otro agente me llevó al hospital. Allí, fue él el que me dijo que tenía que volver: "Tienes que estar tranquila, no va a pasar nada, ahora vamos a volver y yo te voy a compañar". Me llevaron a una comisaría donde había una celda con rejas. Me quedé ahí sentada y me quedé dormida. Y una de las veces que me desperté, me había bajado la regla del sofocón. Avisé a una chica y no me dejaban asearme ni me dieron nada. Me llevaron un ojo de pez y allí un señor me dijo tú di que no vas a declarar en media hora estamos fuera. Era el abogado que había conseguido en dos horas mi hermano. Me dio unas gafas y no entendía por qué. Y era porque estaba toda la prensa fuera. Me fui a mi casa y me acosté Y ahí empezó la pesadilla".

A partir de ahí, María León se encerró, buscó un psicólogo y un psiquiatra y se fue a casa de Raúl Cimas. "Me hacía reír, me abrazaba, pintábamos piedras, andábamos por la sierra. Me decía "Mari, déjalo ya". Me protegí mucho en su casa". Su regreso a la vida pública fue a MasterChef. ¿Por qué? "Porque había que pagar la abogada". Así de claro, así de sincero.

La actriz denunció a los agentes por abuso policial, pero la juzgada ha sido ella. La ofrecieron un pacto. No lo quiso ni aun pidiéndoselo quien la quiere. "Me han ofrecido pagar un dinero y se acabó, pero no me he querido doblegar. Han intentado condenarme de otra manera y ha sido mucho más dolorosa. La gente que más me quiere me ha dicho que lo dejara. Yo sé que no voy a ganar, pero me siento en la obligación de estar ahí y sentir que me he colocado y me he puesto en frente".

Jordi Évole le preguntó entonces si estaba preparada. "Que digan lo que quiera, que aquí estoy yo. Yo estoy bien. Ahora sí". Y María León cerró el círculo.