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Entrevista
Veinte aniversario musical

Soraya, representante de Eurovisión 2009: "Hoy toda aquella humillación del 'poyeya' se podría denunciar por acoso y bullying"

La artista cumple 20 años en la música y lo celebra con una nueva versión de 'La noche es para mí'. Mantiene la misma ilusión y las mismas ganas de trabajar que cuando entró en la academia de OT.

Soraya, con su traje de Eurovisión en las manos.
Soraya, con su traje de Eurovisión en las manos.Antonio Heredia
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Casi siete millones de espectadores vieron en 2005 la final de la cuarta edición de Operación Triunfo en la que Soraya (Valencia de Alcántara, Cáceres, 1982) quedó segunda. Más de nueve millones y medio estuvieron pendientes de su actuación en Eurovisióncuatro años después. Cifras mareantes que son hitos en la trayectoria de esta artista que cumple 20 años en la música, y que los celebra con una nueva versión de La noche es para mí, la canción que defendió en el Festival de festivales como aperitivo de una gira con la que va a hacer disfrutar mucho al respetable.

Quién diría viéndote que han pasado 20 años, que bien merecen ser festejados.
Como antigua representante de Eurovisión y cumpliendo 20 años de carrera, creo que había que hacer algo especial. Así es que hemos sacado una nueva versión de La noche es para mí. Este año me he propuesto sorprender muchísimo a mi público, renovarme, refrescarme, darle una vuelta a temas tan míticos como éste que es uno de mis grandes éxitos, con una introducción nueva muy potente con violines, un breakdance y la grabación por primera vez en estudio del agudo final que hice aquella noche en Moscú.
No sé si estás de acuerdo, La noche es para mí es una de esas canciones no suficientemente valoradas en su día que con el tiempo se han convertido en indispensables en cualquier playlist eurofan.
R. Sí, hay un sentimiento emocional que está muy vinculado a la posición en la que quedamos después de hacernos tantas ilusiones [penúltima, en el puesto 23]. Al final te quedas con la sensación de si no podían haber sido las cosas de otra manera. Yo creo haber visto mi actuación final en Eurovisión como mucho cinco veces. No la he visto más por lo que siempre he comentado, a muchas cosas les hubiera dado una vuelta. Y ahora, de alguna manera, eso sí, respetando mucho la original, me he desquitado un poquito.
Las carambolas del destino. Presentas esta nueva versión justo cuando acabamos de elegir como representante eurovisiva de este año a la artista a la que te impusiste en la competición a través de la que se escogía abanderado en 2009, Melody.
Qué bien. Yo me he alegrado muchísimo. Estoy muy contenta de que nos represente porque, si bien valoramos mucho hoy en día las puestas en escena y las grandes voces, creo que también se deben premiar el esfuerzo y el trabajo. Y si alguien lleva trabajando desde pequeña es Melody. Es una gran artista, que tiene más tablas que nadie. Yo siento que se ha hecho justicia con ella. Estoy muy orgullosa.
Aquella noche del 2009 las dos estuvisteis en un hilo. Tenía que haber pasado como el otro día en los Goya con la doble ganadora a mejor película, había que haberos enviado a Moscú a las dos.
En vez de Melody y los Vivancos, Melody y yo [risas]. Ahí votó el público. Pero yo creo en el destino y sobre todo en el karma, y mira. Y fíjate que todos estos años muchos periodistas me preguntaban siempre que quién te gustaría ver en el festival. Y yo siempre decía Melody. Y lo digo con la mano en el corazón.
Su canción sí ha recibido muchas críticas. ¿Crees que le hace justicia a Melody?
Por supuesto. Es que esa canción está hecha para Melody. La tesitura es perfecta para ella, se la han hecho a medida. Y la actuación tiene un nivel vocal muy difícil. Donde ella ha arriesgado un poquito más ha sido en el baile, que se ha liado la manta a la cabeza. Y esa letra, la letra... Es que ella es una diva, sin duda. Va a callar muchas bocas.
En aquel momento se habló de una una enorme rivalidad entre las dos.
Para nada. Nos llevamos fenomenal. Es la tía más cachonda que te puedes imaginar. También me ha pasado que alguna vez se ha querido presentar una rivalidad por ejemplo con Chenoa, y es una de mis mejores amigas.
Echemos la vista atrás 20 años. ¿Cuál es tu primer pálpito cuando recuerdas a aquella azafata que entró en la academia de Operación Triunfo, sin ninguna experiencia como cantante?
Lo primero que me viene a la cabeza es el peor casting de mi vida. [Risas] Yo no sé a día de hoy todavía cómo me cogieron. Pero obviamente algo vieron en mí. Una corazonada me llevó a presentarme. Yo no estaba viviendo un buen momento con mi pareja de entonces y la música siempre había formado parte de mi vida, por mi padre, melómano hasta el punto más obsesivo. Y yo me he criado con el sonido de las agujas del vinilo. La música es como el aire que respiro. Pero yo al casting de OT fui como una inconsciente, un poco a vivir la aventura. En la gala 0 mi madre me dice que mis padres se dieron de la mano y que él le preguntó ¿pero esta niña sabe cantar?
Vaya sí sabía. Quedaste segunda y de la noche a la mañana te hiciste famosísima...
Me acuerdo que dentro de la Academia me echaban la bronca. Siempre me decían Soraya, cuando tú salgas de aquí ya no vas a volar más, porque yo siempre hablaba de mí como de azafata de vuelo. Pero es que, claro, yo no sabía qué estaba pasando fuera. Lo que sí tengo que decir en favor del programa es que nosotros teníamos psicólogos dentro, que nos preparaban tanto para lo bueno como para lo malo. Y yo salí de Operación Triunfo y, esto te lo juro por mi vida, no he parado desde entonces de trabajar. Al mes y medio o dos estaba ya en Miami grabando mi primer álbum. Y nada más volver a España me tuvieron que operar de las cuerdas vocales, que esa es otra, casi no entro a Operación Triunfo. Porque la primera prueba que te hacen es llevarte a un foniatra y ver la calidad de tus cuerdas vocales para ver si estás en plenas facultades de poder seguir durante el tiempo que estés. Tres meses. Yo estuve tres meses y medio e iba muy justa porque tenía un pólipo. Pero dentro todo eran cuidados. El problema fue después cuando me fui a Miami a grabar. Volví derrotada. Me operaron en Barcelona y estuve casi tres meses de baja. Y ya cuando me recuperé me metí en la gira, y no he vuelto a parar.
Soraya, en el jardín de su casa.
Soraya, en el jardín de su casa, donde recibe a LOC.Antonio Heredia

Y menudas giras hiciste en esos años. Luego llega el disco de las versiones ochenteras, que fue un bombazo.
Eso fue la leche. Y, fíjate, yo no quería. Menos mal que me convencieron Narcís Rebollo y Ricardo Campoy. En aquel momento mis compañeros y yo, los que salíamos de Operación Triunfo, éramos máquinas de hacer dinero y teníamos tantas ilusiones, tantas ganas de trabajar. Yo es que soy adicta a trabajar. Creo que hacer un buen trabajo implica dejarse la piel en lo que haces. Yo no considero las medias tintas. Mis padres, vengo de una familia humilde, me han enseñado que todo es a base de trabajar, trabajar y trabajar.
Da gusto oírte, porque muchos compañeros de ediciones de OT renegado de su paso por el concurso, se han sentido juquetes rotos...
Yo tuve mucha suerte con la discográfica que me eligió porque Vale Music no era una de las grandes. Ahí estábamos Bisbal, Rosa, estaban los éxitos del verano... Y se nos cuidaba mucho. Y creó que también contribuyó que, a pesar de ser una mujer con carácter y con las ideas claras, también soy flexible. Es decir, probablemente muchos de esos artistas que se han quedado en el camino no dieron pie a que su discográfica pudiera ofrecerles otras cosas que no fueran lo que ellos querían.
¿Cómo gestionaste el enorme interés mediático que despertabas en aquellos años?
Yo siempre me he sentido muy respetada. Y, además, sólo he me dedicado a trabajar. Tenía muy claro lo que quería: ser madre, formar una familia y compatibilizarlo con mi trabajo. El único momento amargo al principio de mi carrera fue aquello del 'poyeya' [campaña en el programa Aquí hay tomate a cuenta de la pronunciación de Soraya al interpretar Vivo por ella].
¿Sufriste con aquel episodio?
Al principio sí. Porque yo quería hacer un gran trabajo y no entendía tanta humillación por parte de ese programa hacia mí, que era una chica completamente nueva, tan joven, tan vulnerable. Hoy probablemente aquello se habría podido denunciar por acoso y por bullying y por muchas cosas.
Y cuatro años después de la salida de OT, fuiste elegida para Eurovisión, aunque creo que aquellos meses de duro trabajo te dejaron mal sabor de boca por muchas cosas que pasaron con tu candidatura.
A pesar de todo lo que me tocó vivir, de una coreógrafa que no me gustaba, etcétera, yo me crezco ante las cosas malas. Y cuando me subí esa noche al escenario de Moscú, yo no me subí con la rabia de lo que había vivido, con lo que me había tocado aceptar, de no haber podido meter mano en ese proyecto. Yo me subí como la profesional que soy de verdad. Sí, pasaron muchas cosas. Al firmar mi contrato eurovisivo, cedí todos mis derechos. Yo no era poseedora del control absolutamente de nada. Eso ha sido un poco la confusión de muchos artistas, que nos pensamos que una vez llegamos a Eurovisión el proyecto sigue siendo nuestro. Y no. Pero lo encaré, crecí sobre ello, hice mi trabajo y ya está. Y cuando volvimos a España, pues ahí quedó Eurovisión. Y hasta día de hoy. Aquello me hizo aprender una de las grandes lecciones de mi vida, que es a no delegar, a decir no y a leerme la letra pequeña de los contratos. Y aprendí muchas cosas. Y estoy agradecidísima porque tengo mucho trabajo. Y formo parte de la música de España y tengo la suerte de estar en los libros de historia como representante que fui. Lo hice con mucho orgullo, porque para mí era muy importante y a día de hoy yo sigo comparando el Festival de Eurovisión con las Olimpiadas de la música. Aún se me ponen los pelos de punta al recordar que representé a mi país. Me quedo con esa sensación de que me eligió mi público, independientemente de la posición final. Creyeron en mí, y todo lo que ha pasado después, polémicas incluidas, a día de hoy no me suma.
Por ponerle un punto de humor, has dicho alguna vez que fuiste al Festival con la peor coreografía de la historia y no sé si se te ha pasado ya el mareo...
[risas] Ya sí. Si es que son como 500 vueltas. No sé cómo me puede salir el grito final cuando estoy al final. Sigo pensándolo, no es una coreografía apropiada.
Después del festival te contrataron muchos oligarcas rusos...
Sí, para fiestas, hasta antes de la guerra. Yo tengo una agencia de representación en Moscú y todo viene por Eurovisión. Les impactó mi look, les gustó el tema, mi traje, todo. Y empezaron a contactar con nosotros desde Rusia. Yo he cantado en San Petersburgo, en Moscú. Llegan, me recogen con un helicóptero en el aeropuerto y me llevan a donde sea y canto. Y al día siguiente me trasladan de nuevo. Sí, he tenido mucho trabajo, incluso aquí en España. Siempre cuento que en una fiesta que hubo en Palma de Mallorca me pidieron que fuera con el traje de Eurovisión pero para cantar música de los 80. Es parte de la profesión. Hay mucha fiesta privada. Claro que yo no soy Beyoncé, yo no tengo un caché desorbitado, yo soy una artista normal y corriente.
Como eurofan, añoro mucho a Rusia en el Festival...
Era un país importante en el certamen, sí. Y me parece injusto que Rusia no participe y que sí lo haga Israel. Creo que hay que darle una vuelta a todo esto porque hay un sabor agrio dentro del Festival.
Tú, como tantos otros artistas, eres ejemplo de que hay vida después de Eurovisión.
Por supuesto, siempre la hay. Lo que pasa es que depende de cómo te vapuleen, depende de lo cansado que termines del certamen... Y hay gente que se ha querido tomar un tiempo después y luego, cuando han querido volver a la música, es difícil porque el ritmo del mercado, de la música, es muy trepidante.
Recientemente has sufrido un bache emocional muy duro.
Somos muchas mujeres, muchos padres, muchas familias, las que hemos perdido un bebé. Y yo soy una afortunada porque tengo dos hijas sanas, tengo un marido maravilloso, estoy sana, puedo si quiero volver a intentarlo... Pero aquello te tambalea los cimientos y dices qué pasa aquí. Fue una cuestión de estadística, básicamente. A partir de los 40 o con 30 y muchos, la probabilidad de que vaya todo bien en el embarazo, cae muchísimo. Y yo nunca pensé que me iba a tocar a mí, la verdad. Después de tener dos hijas con embarazos de poder trabajar hasta el último día. Me pasó un 3 de enero, que me operaron, porque yo no aborté. Yo estoy a favor del aborto, pero con cláusulas para que se me entienda. A mí no me importa que se sepa que yo estoy a favor de la vida. Y si yo hubiese sabido que mi bebé podía vivir, yo hubiera tirado palante. Pero en aquel momento a mí un profesional me dice 'es un embarazo inviable'. No pude hacer otra cosa más que lo que me dijeron los profesionales. Nosotros habíamos bloqueado todo lo que tuviera que ver con trabajo hasta mayo. Pero, tras la operación, casi lo primero que hice fue llamar a la oficina y a mi equipo y les dije 'volvemos ya'. Yo en aquel momento decidí no enfrentarme cara a cara al problema. No he ido a ningún psicólogo. Creí que podía solventarlo sola. Y creo que un año después no necesito un psicólogo, que no estoy en contra, todo lo contrario. Pero creo que he sabido sacarle la lección a aquello que me tocó vivir que es 'valora lo que tienes'. Ponte a trabajar, sigue con la música, quiere si cabe más a tus hijas, valora más a tu marido, valora la vida, valora todo lo que tienes. Una vez más, la música y el trabajar me han vuelto a salvar, han sido mi terapia. Pero es verdad que también te digo que a partir de ese momento yo soy otra persona. Me di cuenta de que anteponía muchas veces mi trabajo a mi familia y dije esto no puede pasar. Hice una canción que se llama Alas que no he cantado nunca en directo, pero voy a empezar a hacerlo este verano con motivo de la gira de 20 años de carrera. Es parte de la sanación. La música me ha curado mucho y nos cura a todos en general.